¿Y si llega la vacuna pero no se la ponen? Los conspiranoicos amenazan la inmunidad

La Casa Blanca se ha embarcado en la búsqueda del Santo Grial: la vacuna del coronavirus. La llamada “Operación Velocidad de la Luz”, anunciada el pasado viernes, ha identificado 14 iniciativas a las que dedicar recursos públicos. De las 100 empresas que desarrollan la vacuna en todo el mundo, ocho ya han comenzado a probarlas en seres humanos, incluidas varias compañías estadounidenses.

Una de las más adelantadas es Moderna, que ya ha completado la fase 1 del ensayo clínico en 45 voluntarios y se dispone a probar la fase 2 en 600. La compañía ha recibido una subvención pública de 483 millones de dólares. Se trata de un proceso con muchas partes. Mientras Pfizer o Moderna se centran en desarrollar la vacuna, otras gigantes, como Johnson & Johnson o AstraZeneca, preparan sus laboratorios para producir millones de dosis de vacunas suyas o de otras empresas.

José Pichel

La carrera científica se da en una situación de emergencia. En lugar de buscar la vacuna de forma tradicional, lo cual podría llevar años, Moderna ha optado por crear una vacuna mARN: una transferencia de las instrucciones contenidas en el ADN para que las células creen las proteínas necesarias. Un curso de acción más rápido pero también más nuevo y menos testado, lo cual empaña sus probabilidades de éxito.

Vacuna y elecciones, ¿mala combinación?

“Las posibilidades de que cada programa funcione son muy bajas, obviamente, pero realmente espero que tengamos tres, cuatro, cinco vacunas, porque ningún fabricante puede hacer dosis suficientes para el planeta”, declaró Stephane Bancel, CEO de Moderna, al canal CNBC. Moderna espera sacar su vacuna al mercado a principios de 2021, igual que Johnson & Johnson. Unas expectativas algo más moderadas que las del Gobierno. El presidente Donald Trump confía en que haya 100 millones de dosis listas en noviembre. El mes de las elecciones presidenciales.

A cambio de las subvenciones, el Gobierno exigirá que se reserven dosis, en un número aún por determinar, para los ciudadanos americanos. Es posible que los primeros en ser vacunados sean los trabajadores esenciales, empezando por los sanitarios. Lo decidirá el Centro de Control y Prevención de Enfermedades.

Si los protagonistas de esta historia son el Gobierno, la ciencia y las farmacéuticas, también hay antagonistas. En el campo de batalla de las redes sociales y en los recovecos de los medios de comunicación se propagan teorías conspirativas sobre el covid-19. Afirmaciones varias veces desmontadas que, sin embargo, no se van: siguen ahí, multiplicándose en vídeos y libros espúreos, maleando la opinión pública.

Un vídeo titulado “Plandemic” asegura que la futura vacuna del coronavirus matará a “millones de personas”. Aunque el vídeo ha sido borrado de Youtube y de las principales redes sociales, ya lo han visto, por lo menos, ocho millones de personas.

Europa Press

Sus autores son una médico desacreditada y procesada judicialmente en su día, Judy Mikovits, y el militante antivacunas Kent Heckenlively. El vídeo, de 26 minutos, asegura que el coronavirus es un plan de las grandes farmacéuticas para ganar dinero con la vacuna, que las políticas de confinamiento dañan el sistema inmunitario y que las mascarillas aceleran las infecciones.

El éxito de las conspiraciones

El último libro de Mikovits, 'Plague of corruption: Restoring Faith in the Promise of Science', igualmente lleno de ideas rocambolescas y varias veces desmentidas, salió en abril y sigue estando entre los diez más vendidos de Amazon. La antigua médico ha criticado repetidas veces al Dr. Anthony Fauci, la cara científica del Gobierno, al que acusa de favorecer el contagio con sus recomendaciones.

La popularidad de Mikovits y otras voces conspirativas no es nueva ni se da en el vacío. La desconfianza hacia las vacunas ha ganado fuerza en la última década. El año pasado hubo más de 1.200 casos de sarampión en Estados Unidos, el mayor número desde 1992. Un brote ligado al rechazo, por parte de miles de americanos, a las vacunas: sobre todo en los barrios judíos ultraortodoxos de Nueva York.

La resistencia a las vacunas se da también en las altas instancias del Partido Republicano. En 2019, el entonces gobernador de Kentucky, Matt Bevin, reconoció que había llevado a sus nueve hijos a una “fiesta de la varicela”: una manera de exponerlos a la enfermedad para evitar tener que vacunarlos. Se infectaron los nueve. “Estuvieron abatidos unos días, pero luego se pusieron bien”, dijo Bevin.

Si bien la mayoría de los estadounidenses, un 84%, sigue considerando importante vacunar a los niños, su proporción no deja de bajar desde hace veinte años, según Gallup. En el caso del covid-19, los escépticos ya aparecen en las manifestaciones anti-confinamiento, asegurando en sus carteles que “las vacunas pueden causar daños y muerte”, o culpando a Bill Gates, el villano oficial del movimiento, de liderar una supuesta conspiración global para llenarse los bolsillos con la vacuna.

Los antivacunas son pocos, pero fuertes y persuasivos. Según la revista Nature, hay más páginas de Facebook argumentando contra las vacunas que páginas a favor. Las páginas antivacunas suman más visitas y tienen 85 millones de seguidores. “Los antivacunas han estado practicando”, escribió en 'The New York Times' Kevin Roose. “Son manipuladores mediáticos expertos, comunicadores efectivos y experimentados a la hora de explotar las debilidades de las redes sociales”.

Carlos Barragán

El movimiento antivacunas ha ganado presencia, por ejemplo, en Oklahoma: uno de los 15 estados que permiten a los padres alegar razones personales para negar la vacunación de sus hijos. Cuando el Gobierno de Oklahoma ha intentado reforzar las campañas de vacunación, los grupos antivacunas se han movilizado para evitarlo.

El problema de la inmunidad de rebaño

Si las teorías conspirativas contra la vacuna siguen arraigándose, como alertan varios científicos a Nature, pueden acabar complicando la superación de la pandemia y evitar que se logre la “inmunidad de grupo”. Un estudio preliminar de la Universidad de Minesota estima que, para lograr la inmunidad de la población, al menos el 60 o el 70% de los habitantes tendrán que estar inmunizados. Lo cual podría suceder, como también indica otro estudio de la Universidad de Harvard, en 2022.

La vacuna sería la culminación de una especie de vuelta a la normalidad, al menos en el plano sanitario. Pero antes, según la Casa Blanca, hay muchos otros pasos que dar. “No todo depende de la vacuna”, dijo Alex Azar, secretario de Salud de EEUU, a la CNN. “Primero están las pruebas (...), los tests a las personas con síntomas, la vigilancia para localizar más casos y aumentos, y para contener. También la terapia”.

Estados Unidos necesita triplicar el número de pruebas diarias, según un estudio de Harvard. De momento, solo el 3% de la población ha sido testada. Aún así, sea cual sea el resultado y el calendario de la vacuna, casi todos los estados del país han iniciado la reapertura económica. “Solo quiero dejar algo claro: es muy importante”, dijo el presidente Donald Trump. “Con o sin vacuna, hemos vuelto”.

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