Salvini no tiene quien le escriba... y agita el fantasma de Draghi para tumbar el Gobierno

“Creo poco en los sondeos, imaginen cuando la gente está encerrada en casa y le llaman a uno a casa por el teléfono y le preguntan qué piensa de la política y los partidos: ‘Adiós, gracias, prefiero esperar el dinero que el Gobierno me ha prometido’. No veo la hora de retornar a una normalidad y encontrar a los italianos en las calles, hospitales, escuelas… La política, el periodismo, por Zoom, Sky, teléfonos, no me gustan a mí y creo que no gustan a nadie”, respondía Matteo Salvini, el milanés líder de la Lega, en una reciente entrevista en el Canal 7 sobre su constante caída en las encuestas. Ante la respuesta del político italiano que más usa las redes sociales, la periodista le replica: “Cómo que no le gusta, si hemos aprendido a usar Facebook gracia a usted”. Y el político replica algo que parece ser su talón de Aquiles: “Echo de menos enormemente el contacto humano con las personas”.

Las encuestas en la Italia poscovid-19 han dado un giro inesperado al escenario electoral. No saquen en todo caso conclusiones férreas a futuro, pues si algo ha enseñado el virus es que el futuro puede convertirse en un eterno ayer y cualquier conclusión política en medio de la crisis será precipitada. Falta el juicio sobre la crisis económica y sobre la responsabilidad de las muertes, imposible hacerlo aún con miedo y llanto, para entender qué piensan los italianos de la gestión de su Gobierno.

A. Alamillos

En todo caso, los indicadores actuales afirman que la Lega de Salvini sigue perdiendo intención de voto tras dos meses y medio de pandemia. Del 34% que le daban los sondeos de mediados de febrero, se ha pasado a una media de entre el 26% y 27% actual. Sigue siendo el partido más votado, en todo caso, pero dentro de sus propias filas parece haber alguna divergencia sobre la gestión mediática que el propio Salvini ha hecho de la crisis.

El nombre del gobernador de la región del Véneto, Luca Zaia, el gran triunfador dentro de la Lega en la gestión de la pandemia frente al desastre de su colega Attilio Fontana, gobernador de Lombardía, suena como posible sustituto. Es pronto para creer en un cambio de liderazgo del hombre que hizo un milagro, convertir un partido independentista del norte en un partido votado masivamente en el sur, pero hace dos meses y medio físicos y tres decenios mentales, tiempo transcurrido desde que llegó el coronavirus, el líder supremo de la Lega no tenía rival. Hoy, hasta el 'Financial Times' ha publicado un artículo hablando de su sustitución por Zaia. Salvini se ha puesto nervioso y, mirando por la ventana, ha recordado que lo que le faltan son fotos entre una multitud. Esa fue su fórmula de éxito y eso es lo que falta.

Javier Brandoli. Roma

“Ha construido su fortuna en el contacto físico, uno a uno, en un baño de multitudes, en la inmersión salvadora de la gente, a la que se presenta como ‘uno de nosotros’. La orgía de selfis no era otra cosa. Los mítines de Salvini duraban 20 minutos, pero la sucesiva sesión de fotos duraba el doble. Giorgetti calculaba que por cada selfi había al menos 20 que lo compartían y así, en una sola plaza de su tumultuoso 'tour', Salvini llegaba a tocar a miles y miles de personas”, explica el analista político Antonio Polito en un artículo del 'Corriere della Sera' titulado: “Salvini y el coronavirus, plazas vacías y sin selfis: ¿y si la bajada de la Lega es por el cierre?”.

¿Candidato más currante y elegido más vago?

Salvini es un ejemplo de trabajo y esfuerzo como candidato. Nadie en Italia se trabajaba las calles más que él. Hasta que le han obligado a permanecer en casa, el exministro del Interior iba cada día a una localidad o empresa de cualquier esquina del país y se hacía fotos con un grupo de trabajadores, promocionaba productos italianos y acababa en una plaza abrazando a votantes.

Javier Brandoli. Roma

Tocaba, abrazaba y escuchaba; no es poco en estos tiempos en que los ciudadanos perciben a sus políticos como personajes oscuros alejados de la realidad. Todo, por supuesto, aderezado con sus inagotables intervenciones en redes sociales, que es lo único que mantiene hoy de su fórmula de éxito. La falta de notoriedad tras su fallida maniobra de hacer caer el Gobierno el verano pasado, ante la inesperada coalición de los archienemigos de los 5 Estrellas y el Partido Democrático, dejó a Salvini sin toda la repercusión mediática y social que tenía dentro de un Gobierno donde tenía una minoría de representantes y una abrumadora mayoría de titulares. Ese recorte de notoriedad fue capaz de sustituirlo con una frenética actividad pública en plazas y calles hasta que el covid ha metido a todos en casa. Salvini, 'libre', es el perfecto candidato.

El problema es que luego, cuando el milanés ya es elegido y tiene un cargo, parece que trabaja menos que el resto. La presencia de Salvini en las votaciones del Parlamento en sus tiempos de ministro del Interior, según un profundo análisis realizado por Openpolis.it, fue de un 1,7%, la más baja tras el senador vitalicio y expresidente de la República Giorgio Napolitano, que no acudió nunca a la Cámara a votar. Él justificó sus votos telemáticos por razones de trabajo, pero varios artículos muestran diversos casos en que el ministro estaba practicando su eterno papel de candidato. La media de asistencia del resto de senadores a las votaciones fue en ese periodo del 85,1%.

A. Alamillos

El periódico 'La Reppublica', por entonces, señalaba que en los cuatro primeros meses de 2019 solo estuvo 17 días enteros en su despacho del ministerio y 97 ausente. En esas 97 jornadas, acudió a 211 eventos electorales o encuentros no institucionales. No mejoró tampoco su presencia como ministro en los Consejos de la UE con sus colegas europeos del ramo. De los ocho encuentros que hubo, el italiano acudió solo a dos.

Su aura de ausente en las instituciones europeas no es algo nuevo. El milanés, que nunca ha tenido ningún trabajo fuera de la política, fue señalado siempre por sus novillos en la larga carrera como europarlamentario entre el 20 de julio de 2004 y el 7 de noviembre de 2006 y luego desde el 14 de julio de 2009 al 22 de marzo de 2018. “Salvini ha participado en el 18% de las labores de la Comisión sobre comercio internacional de la que forma parte”, explicaba en 2016 el secretario general del sindicato FIM, Marco Bentivogli, tras ganarle una demanda que el líder de la Lega le había puesto por difamación. “Los datos de asistencia en Europa son públicos. Salvini es un ejemplo de populismo irresponsable. Cualquier trabajador que no va a su puesto de trabajo es despedido, pero él cree que las leyes se proponen, contrastan y aprueban estando día y noche en la televisión”, explicó Bentivogli.

Javier Brandoli. Roma

Él, sin embargo, se defendió en numerosas ocasiones de esa cruz que le persigue de absentista, y el 11 de diciembre de 2014 decía: “¿Salvini ausente en Europa? ¡Basta! Los datos oficiales dicen que he estado en el 68% de las votaciones y estoy entre los 100 parlamentarios con más intervenciones”.

Hoy, en todo caso, su absentismo de candidato es obligatorio, no voluntario, y ante la delicada situación que pasa, se ha sacado un as de la manga llamado Mario Draghi.

Draghi y los dos enemigos íntimos

La política es capaz de hacer extraños aliados. En Italia, esa máxima es costumbre. El Gobierno del M5S y el Partido Democrático, enemigos íntimos hasta que no tuvieron más remedio que unirse para evitar que Salvini ocupara el poder en unas hipotéticas elecciones, ha dado paso ahora a una alianza aún más insospechada: la del propio Salvini con su archienemigo, el ex primer ministro Matteo Renzi.

Javier Brandoli. Roma

Ambos, que ven en las encuestas poscovid-19 que sus figuras se apagan y emerge con fuerza la del actual primer ministro, Giuseppe Conte, titubean ante la opción de hacer caer el Gobierno para montar un Ejecutivo de unidad nacional llevado por un tecnócrata de prestigio como el expresidente del Banco Central Europeo (BCE) Mario Draghi.

Salvini es el que más ha alentado esta idea estos últimos días y Renzi se ha dejado querer. “Gracias, Draghi, nos sirve su ayuda” o “tiene el físico para aguantar la pelea con Merkel y Macron”, son frases recientes del 'leghista'. El ex primer ministro Renzi, por su parte, tiene una papeleta complicada: ostenta en su mano, con los senadores que se fueron con él tras dejar el PD y formar su propio partido el 18 de septiembre pasado, Italia Viva, la posibilidad de derrumbar el proyecto que él mismo impulsó y en el que cuenta con dos ministerios (Agricultura e Igualdad y Familia).

Javier Brandoli. Roma

Ese fue su último acto en el PD, alentar la unión imposible con el M5S y evitar así a Salvini, para luego marcharse y meses después poder acabar votando la defunción del Ejecutivo que él generó contra viento y marea y del que forma parte. Con sus senadores y el bloque de derecha votando a favor de Draghi, el Gobierno de Conte podría perecer. “No estoy suplicando por la opción Draghi. No lo hago candidato a nada, pero digo que él ha sido el guardián de las reglas europeas y en el momento justo nos indica el camino justo diciendo qué necesitamos en una economía de guerra”, ha dicho Renzi para apostar por el sí y el no a Draghi a la vez. La imagen del exmandatario se despeña también ante todo el tipo de requiebros que está dando para hacerse un hueco en la foto.

¿De dónde sale Draghi? Desde un punto de vista político, es una perfecta opción para eliminar con la eximente de causa de necesidad a un creciente Conte cuya popularidad está reanimando también el moribundo proyecto de los M5S. Desde el práctico, esta es una vieja aspiración italiana que se ha repetido en dos ocasiones en los últimos años y que siempre tiene un camino parecido: llega una crisis, se nombra a un tecnócrata que toma decisiones impopulares para salir de la crisis y, una vez que se reduce la alarma, el tecnócrata desaparece por falta de apoyo popular.

Historia (fallida) de los tecnócratas

Lamberto Dini fue un ejemplo, tras la caída de Berlusconi en 1995, y Mario Monti fue otro más reciente. Tras caer también Berlusconi, Monti fue nombrado primer ministro italiano el 16 de noviembre de 2011 y ocupó el cargo hasta el 28 de abril de 2013. En plena crisis económica, con el fantasma de un rescate de la UE sobre la economía italiana, el entonces presidente, Giorgio Napolitano, encomendó a este economista la formación de un Gobierno que pusiera orden en las enloquecidas cuentas patrias.

Mario Monti. (Reuters)Mario Monti. (Reuters)Mario Monti. (Reuters)

Tras un año y medio en el que se tomaron numerosas medidas de control de gasto, en un país donde el abultado gasto público es una lacra que dura décadas pero que ningún político se atreve a recortar para evitar el castigo de votos, su Gobierno cayó y el tecnócrata se presentó a las siguientes elecciones con la lista Monti por Italia. El economista —que según muchos evitó la bancarrota del país— sacó en los comicios el 8,3% de los votos. Unos meses después, él mismo dimitía como presidente del partido ante el fracaso en las urnas.

Draghi no se ha pronunciado. Su opción de tomar el poder es ahora remota, necesita conjugar muchos factores y no parece que fuera bien aceptada por la población en plena crisis. Otra cosa sería en los meses venideros, especialmente si se mantienen las constantes pugnas entre los socios actuales de Gobierno del M5S y el PD. El resto es fácil, nada une más que un enemigo común. Y el enemigo común de Salvini y Renzi es hoy Giuseppe Conte.

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