La teoría del salami o cuánto queda para que estalle la guerra entre China y EEUU

Hace unos días, el presidente de los Estados Unidos dijo lo siguiente:

“Este es el peor ataque al que nos hemos enfrentado nunca. Es peor que Pearl Harbor. Y que el World Trade Center. Nunca ha habido un ataque como este. Y no debería haber ocurrido nunca. Se podría haber frenado en su origen. Se podría haber frenado en China. Debería haberse hecho y no se hizo”.

A Trump le pareció oportuno comparar el coronavirus con el ataque aéreo que provocó la entrada de EEUU en II Guerra Mundial y con el atentado yihadista que abrió una década de intervenciones armadas americanas en el mundo musulmán.

Tres días antes, el estratega militar chino Qiao Liang dijo que no era el momento de “invadir Taiwán”. Por primera vez en su vida, este exgeneral de la fuerza aérea china sonaba como la voz sensata en medio del fervor patriótico en redes sociales y los comentarios de líderes militares que pedían aprovechar la oportunidad del coronavirus. En estos momentos, bramaban, EEUU no podía defender Taiwán, ya que sus cuatro portaaviones en el Indo-Pacífico habían sido golpeados por el covid.

Carlos Barragán

Las declaraciones de Qiao Liang son especialmente preocupantes. Por un lado, porque parten de que la idea de invadir Taiwán no suena descabellada para buena parte de la sociedad china. Por otro, porque Qiao es el coautor de ‘Unrestricted Warfare’ (1999), un libro en el que se especulaba sobre cómo China podría derrotar a EEUU (su edición de 2004 se titularía 'China’s master plan to destroy America’ —'El plan maestro chino para destruir EEUU'—). Aunque el libro estaba centrado en la guerra del Golfo de 1991, sirve paradójicamente como manual de instrucciones para descifrar la nueva guerra fría que se despliega 21 años después.

La tesis del libro era sencilla: la guerra nunca volvería a ser lo que era antes, la barrera entre soldados y civiles desaparecería y el número de nuevos campos de batalla sería “virtualmente infinito”. Como China no podría acabar por la fuerza con un rival tecnológicamente superior como EEUU, tendría que atacar con guerras comerciales, financieras, ambientales, culturales y legales. Y, por supuesto, tecnológicas. Steve Bannon, antiguo estratega de Trump, leyó el libro y lo vio claro: “China es el mayor riesgo existencial de la historia de Estados Unidos”.

Las declaraciones de Trump y Qiao Liang son parte del nuevo mosaico geopolítico que cobra terreno con la pandemia. Si las relaciones entre China y EEUU eran frágiles por la elección de Trump, el nacionalismo de Xi Jinping y la guerra comercial, el coronavirus ha hecho su trabajo: acelerar los cambios y romper cualquier ilusión de distensión.

Donald Trump y Xi Jinping. (Reuters)Donald Trump y Xi Jinping. (Reuters)Donald Trump y Xi Jinping. (Reuters)

La escalada sigue su curso: periodistas expulsados, telón de acero económico y ‘decoupling’, racismo rampante a los dos lados y teorías de la conspiración. Asegura Bill Bishop, quizás el autor de la 'newsletter' más influyente de China, que este es el momento más peligroso en las relaciones entre China y Estados Unidos “de los últimos 40 años”.

¿Adónde nos lleva esta resbaladiza pendiente? El Confidencial ha preguntado a una decena de analistas, políticos, diplomáticos, economistas, periodistas y empresarios de todo el mundo, gente que conoce muy bien cómo funcionan por dentro las dos grandes potencias del momento. Planteamos cuatro escenarios.

Abróchense los cinturones.

Escenario 1. ¿Guerra?

Jorge Guajardo, director de McLarty Associates en Washington y exembajador de México en China de 2007-2013. A mí me preocupa que el deterioro entre las relaciones de Estados Unidos con China pueda llevarlos a un conflicto armado por error o conveniencia. Por error, porque han aumentado la desconfianza y la comunicación entre ambos países, en un momento en que China hace desplantes de prepotencia en el Mar del Sur de China y Estados Unidos busca provocar con el tema de Taiwán. No es descabellado pensar que fragatas de ambos países se topen y, al no querer ceder, desencadenen una serie de actos que hagan que la situación escale en conflicto armado. Por conveniencia, además, porque tanto Xi Jinping como Donald Trump han visto su popularidad mermada por la manera en que atendieron la amenaza del coronavirus.

Ambos buscan esconder sus fallos detrás de las faldas del enemigo y escalan la retórica. Dos terceras partes de los estadounidenses encuestados por Pew Research tienen una imagen negativa de China. Conforme Trump llega a su reelección con números poco favorecedores, se puede ver tentado a lanzar ataques contra China, en momentos en que Xi Jinping no tiene el margen político para ignorarlos, y esto los puede llevar a escalar hasta un conflicto armado.

Fareed Zakaria. Nueva York

Norbert Röttgen, uno de los tres candidatos conservadores alemanes a suceder a Angela Merkel y presidente de la Comisión de Exteriores del Bundestag. Tanto Estados Unidos como China han entrado en un juego de culpas muy peligroso y en un periodo de confrontación que podría escalar muy rápido fácilmente, no solo en una guerra fría, sino en el peor escenario: en una verdadera guerra (guerra caliente). Es esencial para ambos que rebajen verbalmente la escalada y traten de cooperar para controlar esta pandemia.

Para Europa, la actual situación significa que tenemos que empezar a actuar respecto a China en base a una estrategia conjunta entre la UE y China. Esta estrategia debería reflejar que China es un socio de la UE, pero también es un competidor y un rival sistémico. No queremos un conflicto con China, pero tenemos que desarrollar un cierto espíritu para defender nuestros propios intereses y valores. Esto es absolutamente posible, tan solo tenemos que empezar a hacerlo.

Bill Bishop, sinólogo estadounidense y autor de 'Sinocism'. El Partido Comunista está avivando la ira contra Estados Unidos dentro de China mientras se embarca en una campaña mundial para sembrar la desinformación sobre el origen del virus y el mal manejo inicial del brote del PCCh como parte de "hicimos todo lo que pudimos, intentamos salvar el mundo, os compramos tiempo", mientras también ofrece ayuda para combatir las epidemias en otros países. Las cosas van a empeorar y tengo miedo de que esta rabia hacia China y hacia chino-descendientes aumente. El Partido Comunista chino lo puede ver cínicamente como un beneficio si obliga a gran parte de su diáspora a volver a la madre patria.

Argemino Barro. Nueva York

¿A cuántos desastres durante la historia han llevado las recesiones económicas repentinas, las enfermedades y muertes masivas, un nacionalismo rampante entre sus ciudadanos y líderes políticos bajo tremenda presión que encuentran beneficio político en desviar la culpa a un enemigo externo? ¿Cómo podemos detener esto de manera realista? No quiero ser alarmista, pero si algo nos han enseñado las últimas semanas, es que todo puede cambiar muy rápido.

Escenario 2. El salami va en aumento

June Teufel Dreyer, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Miami. EEUU y China ya están en una guerra fría desde hace unos años. Tan solo se ha exacerbado por el secretismo del partido/Gobierno chino sobre el brote del coronavirus y su negativa a permitir una investigación independiente de sus causas. Y eso se ha sumado a una larga lista de motivos que incluyen déficits comerciales, el robo de tecnología, presupuestos militares cada vez más grandes, consideraciones de derechos humanos y la táctica salami, la expansión en áreas disputadas como los mares del sur y del este de China.

Xi Jinping tiene problemas internos muy serios que solucionar. Hay un gran resentimiento por haber eliminado los límites de su mandato presidencial y por llamarse a sí mismo el 'líder de todo'. El crecimiento económico ya estaba cayendo incluso antes de la guerra comercial, imagínate después de la pandemia. Los funcionarios del partido, preocupados por el paro juvenil, saben que el grupo de estudiantes más grande de la historia se graduará pronto de la universidad. Los nuevos graduados van a tener difícil encontrar trabajo. Y, quizá, surjan manifestaciones.

No creo que Xi quiera provocar una guerra, aunque él ha estado particularmente activo en dos cosas. La primera, consolidar el control de China estableciendo nuevos distritos administrativos en la zonas conflictivas. La segunda, tomando medidas drásticas contra Hong Kong, arrestando a los activistas prodemocracia y amenazando con tomar medidas severas si hay manifestaciones. Así que espero que continúen las tácticas salami. Ningún país quiere la guerra, ya que estarán muy ocupados tratando de reparar sus dañadas economías por la pandemia.

Xi Jinping, vestido de militar. (EFE)Xi Jinping, vestido de militar. (EFE)Xi Jinping, vestido de militar. (EFE)

Shi Yinhong, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Renmin y asesor del Consejo de Estado chino. Las relaciones de China con Estados Unidos nunca han estado peor desde que el presidente Nixon visitara Pekín en 1972. Y probablemente estarán peor en el futuro próximo. El último mes es un momento clave en la escalada entre ambos rivales. El 27 de abril, Trump dijo que había “muchas formas de que [China] rindiera cuentas”. La crítica en casa por su mala gestión de la epidemia y la posibilidad de que pierda ante Joe Biden hacen que Trump tenga muchas presiones políticas para convertir China en un chivo expiatorio por el llamado “encubrimiento”, “desinformación” y el “origen del patógeno”.

El desacoplamiento selectivo emergió de forma drástica al inicio de la guerra comercial entre China y EEUU en julio de 2018. Ahora se ha acelerado aún más por el fuerte impacto de la pandemia. Además, Trump y esos superhalcones se han empezado a esforzar para que empresas estadounidenses o cadenas globales de valor salgan de China. En otras palabras, está empezando a expandirse mucho más rápido y siendo mucho menos selectivo. Y China, teniendo cada vez más confianza de sí misma, dependiendo de un Estado centralizado y teniendo delante un Estados Unidos confuso por la poca efectividad de su democracia liberal (liderados por un presidente que no cree en ella), irá más lejos hacia un futuro negro.

Argemino Barro. Nueva York

Por lo tanto, las relaciones China-EEUU, caracterizadas por una rivalidad y confrontración en frentes estratégicos, comerciales y político-ideológicos, así como por el futuro desacoplamiento, están entrando en una nueva era, con distintas versiones de guerra fría (incluyendo la 'detente' o distensión) de diferente intensidad a lo largo de las próximas etapas. Excepto por unos pocos 'socios leales' en cada lado, el resto de los países del mundo estarán presionados en cierto grado para simpatizar con EEUU o China, tanto por sus propios intereses nacionales como por los esfuerzos deliberados de las dos grandes potencias.

Al mismo tiempo, esos países tratarán de mantener cierta neutralidad e independencia, recayendo en Washington en algunos campos y haciéndolo en Pekín en otros según la diferenciación de cada país. La economía política global y el 'mundo mental' se dividirán en dos campamentos muy apretados, y una enorme 'zona intermedia' dinámica, que incluye dentro de ella algunas grandes potencias menos pesadas, independientes y 'estratégicas' para presionar a EEUU o China.

Escenario 3. Es muy grave, pero no muy serio

Kishore Mahbubani, autor del reciente libro ‘Has China won? The Chinese Challenge to American Primacy’ y socio del Instituto de investigación de Asia de la Universidad Nacional de Singapur. La paradoja de la relación entre Estados Unidos y China es que es un enfrentamiento geopolítico inevitable y evitable al mismo tiempo. Cuando la potencia geopolítica reinante confronta al número dos, un enfrentamiento entre ambos es inevitable. Y la inevitabilidad de esta competencia se acentúa aún más por las diferencias en sus ideologías políticas: EEUU es democrático y China es comunista. Además, el auge de una potencia no occidental después de dos siglos de dominación global por Occidente provoca una desconfianza considerable dentro del principal cuerpo político occidental. Esta desconfianza tiene una larga historia y se manifiesta más prominentemente como un miedo inconsciente y muy arraigado en un 'peligro amarillo' que arrasa con la civilización occidental.

Sin embargo, un enfrentamiento entre ambas potencias es evitable. EEUU y China comparten intereses comunes y no contradictorios. Como una superpotencia emergente en infraestructuras, China podría invertir para aliviar el déficit en infraestructuras de EEUU. Otra no-contradicción incluye la lucha común contra el cambio climático, el calentamiento global y otros problemas globales de la humanidad. Además, hay una no-contradicción adicional en las ideologías de ambos países. China está mucho menos interesada en difundir el comunismo más allá de sus fronteras que en el resurgir de su propia civilización. Si China y EEUU se centran en mejorar el bienestar de sus pueblos, el enfrentamiento geopolítico podrá ser encauzado y rebajado.

Donald Trump. (Reuters)Donald Trump. (Reuters)Donald Trump. (Reuters)

Francesco Sisci, sinólogo italiano e investigador sénior en la China's People's University. Estamos asistiendo a una deriva muy peligrosa, pero todavía hay cierto margen para recuperar la confianza. El problema es que resulta necesaria una mediación y los organismos internacionales pensados al final de la Segunda Guerra Mundial han fracasado y tienen menos peso que nunca. Nos arriesgamos a dejarnos arrastrar a una guerra fría sin cámaras de compensación.

En la primera Guerra Fría, la ONU y otras organizaciones jugaron un rol fundamental para evitar males mayores. Hoy, no hay nada parecido. En la práctica, quizá solo el Vaticano pueda asumir este trabajo. La Santa Sede, sin embargo, está asombrada de verse catapultada a esta posición. De todos modos, es imposible imaginar cómo va a evolucionar esta situación. Dentro de dos años, podríamos estar en una situación de mucha más tensión o en medio de una verdadera guerra fría. También hay margen y fantasía para pensar en escenarios mucho más optimistas.

Escenario 4. Todo propaganda, circulen

Alejandro Molins, experto en comercio internacional y gran pionero español en el mercado chino. Estados Unidos y China se vienen bien el uno al otro en el plano propagandístico. A China le viene bien señalar a EEUU y a EEUU le viene bien echar la culpa a China. Ambos gobiernos son conscientes de ello, no se lo pueden tomar demasiado en serio. Pero a corto y medio plazo, es inviable que haya consecuencias dramáticas, porque a pesar de la corriente de renacionalización que estamos viendo, sigue habiendo una dependencia estratégica muy fuerte entre ambos países. ¿Habrá reajustes? Seguro. Pero el crecimiento del PIB mundial es totalmente dependiente de Asia. La recuperación de China, de hecho, es uno de los motores fundamentales. Si entre el 40 y el 60% del crecimiento mundial depende de Asia, no hay recuperación global sin China.

Europa Press

Ana Fuentes, periodista y excorresponsal en Pekín. Desde que Trump llegó a la Casa Blanca, se ha hablado muchas veces de una nueva guerra fría entre Washington y Pekín. Es una de las clásicas analogías desenfocadas, como cuando se habla de 'Chindia' para comparar China e India. Lo que está claro es que la confrontación es mucho más fuerte entre Donald Trump y Xi Jinping que la que hubo, por ejemplo, entre Barack Obama y Hu Jintao. Trump es imprevisible, rompe constantemente las formas. El ‘China bashing’ (meterse con China) es parte de su gasolina electoral, y más ahora que la economía real está muy tocada por la crisis del coronavirus.

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