La empresa holandesa que ha colado test 'made in China' a España... y a Roberto Carlos

La voz de la grabación al otro lado de la línea suena ajena a todo escándalo: “Debido a la gran demanda de los test para detectar el covid-19, estamos centrados en entregar los pedidos. Envíe un correo con su pregunta y trataremos de contestarle en las próximas 48 horas”.

El mensaje suena, una y otra vez, en el contestador telefónico de la empresa holandesa de biotecnología Inzek. Pero nadie responde. La compañía ha vendido más de 1,6 millones de kits de la marca Biozek Medical durante esta pandemia —"mucha precisión" en solo "10 minutos" y con calidad "holandesa"—. Pero todo era mentira: están hechos en China y tienen la fiabilidad de una "apuesta aleatoria".

El gerente de control de calidad de los test de Biozek, Mustafa Hamid, los promocionaba como un producto "muy fiable y seguro". "Han sido desarrollados bajo las regulaciones de la UE" y, por tanto, "no dejan lugar a errores". Pero nadie en Países Bajos se había encargado de someter a estos test a procedimientos rigurosos de comprobación y, mientras no se vendan a particulares, pueden ingresar libremente en el mercado único sin ningún control. A esa norma comunitaria, que cambiará en 2022, se aferró Inzek para hacer caja con la pandemia.

Carlos Barragán

Dos investigaciones independientes en Holanda han rastreado ventas a España, Serbia, Rusia, Benín… hasta una veintena de gobiernos se han hecho con estos kits defectuosos desde mediados de marzo para que sus hospitales puedan detectar el nuevo coronavirus. La empresa Inzek se encuentra registrada en la ciudad holandesa de Apeldoorn, y, según la Cámara de Comercio de Países Bajos, solo tiene registrado oficialmente un empleado y define su negocio como "el comercio mayorista e internacional de productos médicos y de laboratorio".

Uno de sus últimos clientes ha sido la Comunidad de Madrid. La Consejería de Sanidad ha cifrado este miércoles en cerca del 80% la fiabilidad de los 50.000 test rápidos adquiridos a la empresa Biozek Medical para la detección del coronavirus en los profesionales que trabajan en los hospitales y centros sanitarios de la región. El propio dueño de Inzek, Zeki Hamid, también asegura que su “producto tiene más del 92,9% de fiabilidad”. Pero los investigadores advierten de que estas pruebas son “engañosas” y el hecho de que sean defectuosos, o poco fiables, hace que sean “un gran peligro para la salud pública”, advirtió Marien de Jonge, investigador del centro médico de la universidad holandesa de Radboud.

Antonio Villarreal

La empresa anunciaba en su página web este producto como fabricado en Holanda y con el marcado “CE”, que indica que se elabora con los estándares legales europeos. Sin embargo, preguntado por esta irregularidad, su director defendió en un principio la calidad de los test y después eliminó de su web el detalle de 'made in Holland'. La realidad es que estas pruebas son fabricadas en China. Un fabricante asiático con sede en Hangzhou distribuye y produce una prueba idéntica bajo su propia marca, Alltest. Los investigadores detectaron que reconocía el virus en menos de la mitad de los pacientes del covid-19. “Esto tiene la misma fiabilidad que hacer una apuesta aleatoria”, lamentan los científicos.

Del Vaticano a Roberto Carlos

Unos 700 ejemplares de estas pruebas chinas han llegado incluso hasta a la Santa Sede. Según el periódico italiano 'La Stampa', el Vaticano compró los test a Inzek a través de Paolo Zampolli, un empresario italiano con sede en Nueva York famoso por haber organizado una fiesta memorable en el Club Kit Kat 1998 —la misma donde el hoy presidente de Estados Unidos, Donald Trump, conoció a su actual esposa Melania Knauss—. El diplomático capturó el momento de la compra de los Biozek en una fotografía que ha compartido en su cuenta de Instagram.

Antonio Villarreal

Según las dos investigaciones hechas por la plataforma contra el crimen organizado y la corrupción OCCRP y el colectivo de periodistas holandeses Investico, estas pruebas se han vendido a particulares sin ningún control. “Esta mañana he donado unos test rápidos a la Policía Local de Alcobendas, que están haciendo un gran trabajo. Compré para hacérselos a mi familia, cualquier cosa para comprar os dejo el contacto de mi amigo Javi 666532…”, escribió el exfutbolista Roberto Carlos en su Twitter, compartiendo una fotografía en la que aparecía entregando una caja de test Biozek a la policía española. La propia Biozek Medical compartió la imagen en su Facebook.

Los autores de la investigación encontraron pruebas de ventas a distribuidores en India, Chile, Brasil, España, Italia, Bélgica y Finlandia. Un cargamento de kits Biozek Medical ha entrado a Ucrania por contrabando oculto en un envío de ropa. Un donante holandés entregó cientos de kits a Indonesia, que luego se distribuyeron en 14 provincias del país para controlar los contagios entre sus ciudadanos. Otros paquetes llegaron en avión a Benín, en África occidental. Y varios minoristas online se los han estado vendiendo directamente a profesionales no sanitarios, lo que es ilegal, con base en las pautas de uso seguro.

¿Qué daño hacen estos test rápidos?

Estas pruebas rápidas, que no son de laboratorio, buscan anticuerpos producidos por el sistema inmune mientras combate el virus. Utilizando una pequeña muestra de sangre, tardan minutos en dar un resultado, que tiene bastantes posibilidades de ser erróneo. Alltest asegura que sus pruebas tienen una fiabilidad de más de 90%, pero los ensayos independientes que se han hecho en diferentes países muestran que son especialmente poco efectivas en los pacientes que se encuentran en el primer mes de contagio.

Se ha demostrado que, quizás, tengan más precisión cuatro semanas después del inicio de los síntomas del covid-19, bastante tarde para evitar el daño. Si un paciente se somete a una prueba rápida, acabará saliendo a la calle creyéndose el resultado y con un sentimiento de seguridad erróneo, advierten los científicos. Podrá tomar decisiones peligrosas, entrando en contacto con su familia, o con grupos de riesgo, pensando que no está contagiado con el nuevo coronavirus y que no supone un peligro público, cuando en realidad sí lo es. Esto hará que propague el virus sin control alguno.

José Pichel

Uno de los ejemplos que recoge OCCRP es el caso de un ciudadano de Macedonia del Norte. Rodzer Z tuvo todos los síntomas del covid-19: fiebre alta, dolor muscular y tos seca, pero no pude hacerse la prueba de laboratorio en un hospital público. Optó por lo que parecía una buena alternativa, el test rápido “de calidad holandesa”, anunciado por una clínica privada (que lo había adquirido de un intermediario suizo). Respiró aliviado y se marchó a su casa tras obtener un negativo en el test. Tres días después, Rodzer ha muerto y las pruebas oficiales posteriores confirmaron que estaba contagiado con el SARS-CoV-2. Antes de eso, había propagado el virus a toda su familia y sus conocidos.

“Esta prueba es menos precisa de lo que se afirma”, dicen los científicos. El Gobierno británico canceló un pedido multimillonario de estos test que había comprado directamente a Alltest, después de que un estudio llevado a cabo por la Universidad de Oxford descubriera que no cumplían los estándares básicos de precisión. Las propias autoridades sanitarias holandesas se niegan a autorizar a sus hospitales el uso de estas pruebas rápidas precisamente por su falta de precisión. Pero los kits de Inzek también circulan libremente por los Países Bajos con calidad holandesa 'made in China'.

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