La batalla por la Casa Blanca pasa por Pekín: Trump y Biden sacan músculo contra China

"No actuaron a tiempo, así que ahora Trump y sus aliados están lanzando ataques negativos contra Joe Biden para ocultar la verdad", dice una voz susurrante, como si comunicase una exclusiva en la penumbra de un garaje. "Aquí están los hechos: Joe Biden advirtió a la nación en enero de que Trump nos había dejado sin preparación para una pandemia (...) Pero Trump se sometió a los chinos...".

Las campañas políticas en Estados Unidos, encarnadas en los anuncios más vistosos y agresivos del mundo democrático, han encontrado un poderoso punto de apoyo: China. La mano dura con Pekín ha sido una de las grandes bazas electorales de Donald Trump y lo es ahora también de su rival, Joe Biden. Un caballo de batalla que, a la luz de la pandemia, originada en el gigante asiático, ninguno quiere desperdiciar.

Enrique Andrés Pretel

Sus estrategias obedecen al sentimiento de la calle. Según una encuesta de Pew Research Center, dos de cada tres estadounidenses tienen una visión desfavorable de China: un aumento sustancial desde el 47% de hace dos años. La desconfianza, además, se da en todo el electorado: a derecha e izquierda, con un número ligeramente mayor entre los republicanos y entre las personas de más edad.

Del lado republicano, Donald Trump mantiene el mensaje que enarboló en 2016 y que materializó como presidente en la guerra comercial: una escalada arancelaria que llegó a alcanzar un temporal “acuerdo de fase uno”. Su promesa de “volverse duro con China” ha consistido en presionarla para que esta dejase de aplicar ciertas políticas: según EEUU, el robo de propiedad intelectual a empresas estadounidenses, la devaluación de su divisa o los fuertes subsidios a compañías estatales.

Una estrategia que, si bien se ha promocionado como una manera de pararle los pies a China, ha ido acompañada de otros movimientos que pueden haber beneficiado al país asiático. “En general, el presidente Trump ha continuado enviando señales mixtas acerca de China”, explica Thomas Narins, profesor de la Universidad de Albany especializado en las relaciones económicas con China, por correo electrónico. “Trump ha hablado usando sus instintos para transmitir lo que él cree que le puede cdar onstruir credibilidad política cuando llegue la ocasión. Diría, sin embargo, que China ha ganado terreno a Estados Unidos en términos geopolíticos durante el mandato de Trump, dada la creciente credibilidad de China en el tablero mundial”.

Trump ha continuado enviando señales mixtas acerca de China, que le ha ganado terreno en el tablero geopolítico

A medida que Estados Unidos, bajo la administración Trump, ha ido recortando sus contribuciones a organismos internacionales como las Naciones Unidas y entablando disputas comerciales con sus aliados, China ha ido llenando ese espacio. Pekín ha colocado a sus funcionarios al frente de organismos de la ONU y ha aprovechado el envío de materiales médicos a otros países como un recurso propagandístico.

La pandemia de coronavirus ha abierto un nuevo frente en su relación con China. Cuando el virus estaba confinado a las fronteras asiáticas, Trump elogió la labor del presidente Xi Jinping. Ahora que el coronavirus ha dejado más de 70.000 muertos en EEUU, su actitud hacia China se ha vuelto agresiva, e incluso ha sugerido que el virus se creó en un laboratorio chino: una acusación desmentida por su propio Gobierno.

Carlos Barragán

Del lado demócrata, Joe Biden acusa al presidente de haber mermado las capacidades científicas de Estados Unidos al haber despedido a los responsables del equipo de prevención de pandemias y diezmado su presupuesto. Cuando el virus se propagaba por China, Biden abogó por el envío inmediato de observadores. El demócrata, además, reivindica su experiencia china como garantía de las políticas que desempeñaría si llega a presidente.

Xi Jinping y Biden, a solas

El historial de Biden con el gigante asiático se remonta a 1979, cuando, siendo senador, acudió por primera vez en viaje oficial. Treinta años más tarde, como número dos de Barack Obama en la Casa Blanca, Joe Biden asumió la tarea de empezar a cultivar una relación con el entonces vicepresidente de China, Xi Jinping. Según el propio Biden, en 2011 y 2012 pasó 25 horas prácticamente a solas con Xi, comiendo los dos con sus respectivos intérpretes. “He pasado más tiempo en reuniones privadas con Xi Jinping que cualquier líder mundial”, dijo Biden.

Las imágenes de aquellos días, con Joe Biden riéndole las bromas al que ya se consideraba el futuro líder de China, los dos reunidos en actos oficiales y brindando con champán, han dado munición a Donald Trump. La campaña republicana describe a Biden como un apaciguador, un político blando que solo ha tenido buenas palabras para un país cuyo primer objetivo es sustituir a EEUU en el podio mundial. Los republicanos lo han apodado 'Beijing Biden'; su hijo menor, Hunter Biden, ha sido además acusado de beneficiarse de su pedigrí familiar para hacer negocios en China.

El presidente chino, Xi Jinping, brinda con el entonces vicepresidente, Joe Biden. (Reuters)El presidente chino, Xi Jinping, brinda con el entonces vicepresidente, Joe Biden. (Reuters)El presidente chino, Xi Jinping, brinda con el entonces vicepresidente, Joe Biden. (Reuters)

Durante el mandato de Obama-Biden, China era considerada oficialmente un “socio estratégico”: una potencia a la que había que integrar en un orden mundial liderado y reglamentado por Estados Unidos. Una perspectiva que muchos conservadores calificaron de blanda y acomodaticia. La actitud china, además, se ha vuelto más ambiciosa en los últimos años, bajo el mandato de Xi Jinping.

“No creo que la administración Obama malentendiera las ambiciones de China”, explica el profesor Narins. “Creo que la creciente asertividad de China a día de hoy es el resultado de que Xi Jinping esté aprovechando la decisión de Trump de retirarse de tratados, acuerdos y responsabilidades internacionales”.

La campaña republicana describe a Biden como un apaciguador, un político blando que solo ha tenido buenas palabras para China

El candidato Biden ha declarado su intención de contener a China apoyándose en el multilateralismo. Una de las primeras acciones de la administración Trump fue salirse del Tratado Comercial del Pacífico, que el anterior presidente había diseñado como un espacio económico en el vecindario de China pero sin China. Un proyecto al que Biden, si gana las elecciones, le gustaría volver a sumar Estados Unidos.

Escalada retórica

La escalada retórica de republicanos y demócratas contra China, en el marco de la pandemia, ha podido contribuir al aumento de las agresiones racistas contra ciudadanos estadounidenses de origen asiático. Desde finales de marzo se han documentado más de 1.100 ataques físicos y verbales contra asiático-americanos en Estados Unidos. Las agresiones se han dado sobre todo en estados confinados.

“Creo que el reciente aumento (de las agresiones) se debe a la retórica que los líderes políticos han estado utilizando”, declaró a Vox.com Janelle Wong, profesora de estudios asiático-americanos de la Universidad de Maryland. “Pero no creo que hubiéramos visto este aumento de sesgo anti-asiático sin haber tenido un fuerte fundamento enraizado en el estereotipo de ‘eterno extranjero”: la idea de que, algunas minorías, aunque hayan nacido en EEUU, se perciban como inmigrantes.

Mientras tanto, al otro lado del Pacífico, los chinos observan las tensiones políticas en Estados Unidos, trasladan allí su propaganda, e incluso ponen nota a los gobernadores de los diferentes estados en función de su actitud hacia China. Los gobernadores de Nueva York y Florida, por ejemplo, serían de la “línea dura” anti-China. Otros, como los de Indiana o Maine, “amigables”, y muchos estarían, de momento, en territorio neutral. Y es que, lo que suceda en Estados Unidos en los próximos meses, va a tener un impacto directo en la proyección mundial de China.

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