Europa Central, un baño de realidad en la lucha por la disciplina en la desescalada

“Volveré a la universidad, calculo, que en una semana, aunque aún no están confirmadas fechas. Sabemos que acabaremos el semestre”. Habla Eliska, estudiante checa de la Universidad de Praga, institución que antes del coronavirus solo había cerrado sus puertas una vez: durante la ocupación nazi. Ella pasó el confinamiento en una localidad cercana a la capital con su familia y regresó la semana pasada tras el levantamiento parcial de las medidas más estrictas del Gobierno de República Checa. “Creo que hemos sido bastante disciplinados, aunque estos días el ambiente se ha relajado”.

En la vecina Eslovaquia, que empezó la desescalada entre el 22 y 23 de abril, la sensación de disciplina es similar, aunque siempre hay excepciones. La cuenta de Instagram 'zomriofficial' –en eslovaco ‘Morir oficial’– compartía hace poco la foto de una mujer tomando el sol en bikini entre dos tumbas en el Cementerio Ondrejsky, en Bratislava. En concreto junto a la lápida del presidente Michal Kovac, el primer Jefe de Estado del país tras su separación de Chequia en 1993.

José A. Cano. Bratislava

Técnicamente la “veraneante” no hacía nada ilegal, pero los comentarios de indignación que generó la instantánea no eran precisamente elegantes. El parque vecino a Ondrejsky permaneció cerrado hasta el comienzo de la desescalada, pero el cementerio se podía visitar, así que convirtió en zona no oficial de paseo y asueto. Algo que la protagonista anónima de la foto estiró hasta el límite.

Europa Central está saliendo del confinamiento antes que las naciones del Mediterráneo a pesar de que entró en él más tarde y con medidas más leves. España, Italia o Francia miran de reojo cómo evoluciona la desescalada en estos países, cuya aplicación también se ha supeditado a que las cifras de muertes y contagios se mantengan a raya. Austria fue el primer país en abrir de nuevo sus calles y sus vecinos de la antigua Checoslovaquia o Hungría la están siguiendo.

Pueblo obediente

“En general la gente respeta mucho las medidas que se han tomado desde el principio. Diría que somos un pueblo bastante obediente y miedoso, no sé si tiene que ver con cómo lo hemos pasado en otras épocas. Hemos obedecido incluso lo recomendado y no solo lo obligatorio”. Eva, periodista eslovaca antigua vecina de Madrid que se expresa en perfecto español, vivió un caso parecido al de Eliska en Praga pero aplicado a Bratislava. Decidió pasar parte del confinamiento con su familia en Trnava, a 50 kilómetros de la capital, teletrabajando. “Ahora sí que se ha relajado todo y veo gente que ya no lleva mascarilla, ni respeta la distancia de uno o dos metros”.

En Chequia y Eslovaquia desde que comenzó el confinamiento, el pasado 16 de marzo, se podía salir a hacer deporte o pasear con menores. Por otro lado, en ambos países, así como en sus vecinos de Polonia o Hungría, la mascarilla era obligatoria desde el primer día para cualquier actividad y se impusieron toques de queda con fuertes multas.

Miguel Á. Gayo Macías. Cracovia

En el caso de Eslovaquia la movilidad dentro del país solo estuvo restringida durante la Semana Santa para evitar que muchos residentes en las ciudades grandes se fuesen a sus pueblos de origen a celebrar la cena o el domingo de Pascua con la familia, como es tradicional. Y el aislamiento más extremo, no exento de polémica y denunciado por Amnistía Internacional, fue el de varios asentamientos gitanos en el este del país, levantado esta misma semana y con el primer ministro Matovic llamando “héroes” a sus vecinos. El Gobierno eslovaco incluso estudia permitir que algunas tiendas abran antes de lo previsto si las cifras de contagio se mantienen en números bajos.

En la vecina Hungría el confinamiento se levanta a partir del próximo lunes 4 en todo el país excepto en la capital, Budapest, que acumula la mitad de los casos detectados. En la capital húngara, al contrario que en el resto del país, los vecinos continuarán sin poder salir de casa más que para compras esenciales, trabajar o razones médicas.

Baño de realidad

Pero la desescalada también deja algunos 'baños de realidad'. En la ciudad de Bratislava, dos medidas tomadas por el gobierno municipal chocan con la vuelta a la normalidad. Primero, la dificultad de ocupar solo la mitad de los asientos en el transporte público, algo que se veía factible mientras gran parte de la población permanecía en casa, pero que cada día se va viendo más complicado. El otro son los puntos de limpieza distribuidos por el centro para poder lavarse las manos –y pensados especialmente para las personas sin hogar–. Pero rápidamente ha desaparecido el jabón de los puestos y, a efectos prácticos, se han convertido en fuentes.

En el momento del cierre de esta información República Checa contaba 7.689 contagiados y 237 fallecidos, Eslovaquia 1.403 y 23 muertos –durante semanas solo contabilizó 2– y Hungría 2.863 y 323 decesos. Los dos últimos se mantienen en menos de 300 casos por millón de habitantes, mientras que Chequia roza los 800 -aunque todos estos datos dependen de la realización y actualización de los test-. Como en muchas otras zonas del planeta, los tres países han vivido “picos” de muertes confirmadas tras chequear casos en residencias de ancianos.

Siempre hay irresponsables, pero creo que la gente en general ha cumplido con las normas

Tomás, español empleado de una multinacional en Praga, no se atreve con vaticinios de si habrá pasos atrás pero si advierte: “no veo una diferencia muy grande entre la actitud de la gente a partir del inicio de la reapertura. Incluso antes era común ver a la gente sin mascarilla y en grupos de más de dos personas en parques, pero dentro de unos límites la policía tampoco decía nada. Siempre hay irresponsables, pero creo que la gente en general ha cumplido con las normas y cuando no ha actuado con sentido común”.

Golpe económico

Con la previsión que si se atreve, como casi todo el mundo, es con la económica: “en Praga el turismo juega un papel fundamental y esta situación ha sido un duro golpe. Gran parte de los puestos de trabajo asociados a ella se perderán y la reapertura será lenta.”. Por el otro lado “la burbuja inmobiliaria a causa de los pisos turísticos se ha relajado. Alquilar y comprar es más asequible”.

Isaac Risco. Berlín

Eliska, también desde Praga, lamenta que “muchas tiendas no sobrevivirán, las ayudas del Gobierno no me parecen suficientes”. Como estudiante “creo que volveremos a un salario más bajo, me puedo imaginar algo alrededor de 80 coronas (3,1 €) la hora trabajando en un café, como antes... antes de la crisis ya era de 100-120 coronas (4,6 €) la hora”.

Al otro lado de la frontera, en cuanto a si el respeto de los eslovacos se mantendrá para prevenir nuevos picos, Eva nos comenta que “debajo de casa de mi familia, en Trnava, hay un bar que sirve cerveza de barril para llevar, algo que ha estado permitido todo el confinamiento. Estos días la gente se queda en la plaza bebiendo, sentándose en la calle, sin usar mascarilla ni respetar la distancia social, porque el recinto del bar y la terraza siguen cerrados. Por lo visto ya los han multado alguna vez, pero por beber alcohol en la vía pública, que está prohibido siempre”.

No hay comentarios

Publicar un comentario

Página principal