Cuando la política pone en riesgo el rebrote: Europa del Este tantea los límites de la curva

El lunes 6 de mayo, el ministro de Sanidad polaco, Lukasz Szumowski, advirtió a sus compatriotas de que no debían “hacer planes concretos para las vacaciones de verano”. Poco antes, la ministra de Desarrollo había anunciado que el Gobierno iba a entregar 'cheques vacaciones' de unos 235 euros a cada familia para que los gastasen en turismo doméstico. Esta diferencia entre una opinión científica y un anuncio populista resume la reacción del Gobierno ultra polaco frente al coronavirus.

Szumowski, un cirujano de profesión que durante las últimas semanas se ha convertido en el político mejor valorado del país, desaconsejó repetidamente llevar a cabo las elecciones presidenciales, programadas para el primer fin de semana de mayo, en medio de la pandemia. A pesar de ello, el Gobierno se obcecó en llevar adelante la organización de los comicios, imprimió las papeletas sin seguir los trámites legales e intentó tranquilizar a la población diciendo que se iba a votar por correo y sin riesgo alguno. Que cientos de miles de polacos viviendo confinados en el extranjero no pudieran votar, que hubiese que remitir el voto junto a una copia del DNI o que hubiese casos de coronavirus en el personal de Correos no cambió nada.

Nacho Alarcón. Bruselas

Andrzej Duda, el candidato apoyado por el Gobierno, hizo campaña en solitario por todo el país —los otros candidatos renunciaron a ello— y finalmente se aprobó la ley de voto postal 'in extremis'. Al final, 72 horas antes de los comicios, Kaczynski y Gowin, principales líderes de la coalición ultraconservadora que gobierna Polonia, anunciaban que el Tribunal Supremo iba a invalidar los resultados de las elecciones, aunque se iban a 'celebrar' pero nadie iba a votar.

El juego de la democracia polaca

Que dos personas sin cargo en el Ejecutivo anunciasen tal cosa, adelantando la decisión de un tribunal y dejando en ridículo a su propio candidato, que en esos momentos estaba en un debate televisivo en directo, fue una muestra más de cómo entiende la democracia el Gobierno populista polaco: un juego en el que ellos ponen y cambian las reglas a su antojo y que siempre deben ganar. La crisis del coronavirus es solo una variable más a tener en cuenta y, como cualquier otra amenaza, se puede convertir en una ventaja si se arriesga de manera oportunista.

Polonia, al igual que otros países del Centro y Este de Europa, fue uno de los primeros países en cerrar sus fronteras internacionales cuando el covid-19 extendió la alarma por Occidente. Esa decisión, junto a las restricciones de movimiento que se implementaron, ha hecho que actualmente los países al este de Berlín se encuentren en mejor posición que el resto de Europa. Sin embargo, mientras que España, Francia o Italia empiezan a relajar sus medidas, desde el 18 de mayo la vida prácticamente volvió a la normalidad en Polonia: bares, restaurantes, campos de deporte, peluquerías y muchos otros negocios han vuelto a abrir con algunas limitaciones, uniéndose así a hoteles y otros establecimientos, abiertos desde hace semanas.

Antonio Martínez. Berlín

En las calles, la mitad de la población no lleva mascarilla (se permite usar un pañuelo o bufanda) o se tapa solamente la boca, los empleados de los supermercados no llevan guantes, parques y galerías comerciales están abiertos al público y, a pesar de que sigue vigente la exigencia de mantener una distancia prudencial en la calle, prácticamente nadie la respeta.

“Los números son relativamente bajos, pero todos sabemos que un virus crece de manera exponencial, y Polonia, junto a Bulgaria, Rumanía y Suecia, está en el grupo de países europeos donde la pandemia aún no ha alcanzado la famosa curva plana”, afirma Szymon Kierski, un médico jubilado, a El Confidencial. “Existe el sentimiento generalizado de que aquí no va a llegar la tragedia, que en realidad todo ha pasado y que lo hemos hecho muy bien”.

Miguel Á. Gayo Macías. Cracovia

Las imágenes de Kaczynski, jefe del partido del Gobierno, visitando la tumba de su madre en el cementerio abierto exclusivamente para él, acompañado de una numerosa comitiva, todos ellos sin mascarilla y sin guardar las distancias en los días en que se pedía a los ciudadanos que no salieran de casa, tampoco ayudó mucho a dar ejemplo de disciplina y responsabilidad. Durante esos días, muchos polacos no pudieron asistir al funeral de sus seres queridos por acatar unas reglas que parecían no aplicarse a quienes las dictaban.

Hace solo un mes, la prensa europea estaba llena de titulares que alababan la rápida y contundente respuesta al coronavirus de países como Polonia. Pero a medida que pasan los días y la mayoría de los gobiernos han reaccionado para controlar los daños, se comprueba, por ejemplo, que el número de test realizados en Polonia sigue siendo incomparablemente bajo. En España, se han hecho unas 55.000 pruebas por millón de habitantes, mientras que en Polonia apenas llegan a 15.000.

Jonathan Hackenbroich*. Berlín

Aun así, cada día se diagnostican unos 400 casos nuevos y el número de muertes se aproxima a 1.000. La promesa de llevar a cabo 20.000 pruebas diarias, hecha al comienzo de la pandemia, solo se ha llegado a cumplir desde hace un par de días, y al igual que les ha ocurrido a países de todo el mundo, a los polacos les han vendido equipos defectuosos e incluso se está investigando la adquisición de cinco millones de mascarillas casi inservibles y con sobreprecio por parte del ministro de Sanidad a un amigo personal. Poco a poco, se está pasando de la confianza a una peligrosa complacencia.

Dios, coronavirus y propaganda

Por otro lado, la expansión del coronavirus presenta en Polonia algunas particularidades. Uno de los principales focos de la enfermedad está en las minas de carbón de Silesia, donde se ha producido un tercio de los casos. El Gobierno no quiere ni oír hablar de aislar la región, según algunos analistas, para no resucitar las exigencias de autonomía en esta parte del país, la única que en el pasado gozó de algo parecido a un autogobierno. Otra anomalía es la alta proporción de jóvenes (20 a 29 años) que están afectados por el virus. Este dato se achaca a que podría tratarse de aquellos que estaban de vacaciones en los Alpes cuando el coronavirus estalló allí con gran virulencia, pero es solo una hipótesis.

Por su parte, la televisión pública, que renunció hace tiempo a ejercer cualquier función informativa, presenta a diario titulares puramente propagandísticos. Hace poco, afirmaba que la prensa británica alababa la gestión del Gobierno polaco de la pandemia, pero citaba como fuente el servicio en inglés de la propia Agencia estatal de Prensa. En medio de la cohorte de conspiracionistas que culpan a Merkel o a oscuros poderes en la sombra de difundir el covid-19, varios representantes de la Iglesia han desfilado por los estudios de la TVP pidiendo que los fieles llenen los templos sin miedo “porque Dios les protege y nada malo le puede pasar a quien tiene fe”.

Łukasz Szumowski, ministro de Salud polaco. (Reuters)Łukasz Szumowski, ministro de Salud polaco. (Reuters)Łukasz Szumowski, ministro de Salud polaco. (Reuters)

El levantamiento de restricciones al aforo en servicios religiosos, ahora de una persona por cada 10 metros cuadrados, se ha permitido antes que para ningún comercio, negocio o servicio. Las quejas por la falta de solidaridad europea para enfrentarse a la crisis han sido otro de los temas recurrentes en la TVP. Sin embargo, los cuatro países del Grupo Visegrado, Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia, con 63 millones de habitantes en total, han ofrecido en conjunto tres millones de euros para la investigación internacional de la vacuna contra el covid-19. Francia e Italia han ofrecido 500 millones cada uno y España, 30.

Al igual que el resto de los datos oficiales, los números del impacto en la economía de los polacos están mostrando la nueva realidad con más retraso que en otros países. El Gobierno, que hace bandera de defender a la clase trabajadora y a la familia, y que ha regado con subvenciones indiscriminadas a granjeros e instituciones afines (500 millones de euros a la televisión estatal hace un mes), se ha revelado como un gigante con pies de barro en esta crisis. Los cientos de miles de polacos que hayan perdido o vayan a perder su trabajo obtendrán un paro que como máximo llegará a los 190 euros mensuales durante los tres primeros meses, y pasarán a ser 150 después. Para quienes han cotizado pocos años, el subsidio es de solo 85 euros al mes, y los autónomos que se queden sin trabajo percibirán un único pago de 475 euros.

Javier Brandoli. Roma

La iniciativa de un grupo de raperos polacos, animando a personajes públicos y famosos a escribir y recitar 16 versos para destinar los beneficios a la lucha contra la pandemia, ha tenido un participante de excepción: el presidente, Andrzej Duda. Junto a su residencia oficial, con la camisa arremangada, sosteniendo una tableta y con muy poco 'flow', Duda intenta trasladar a los trabajadores sanitarios (“Nosotros somos ellos, ellos son nosotros”) su agradecimiento.

Unos días más tarde, una de las principales emisoras de radio prohibía la canción 'Tu dolor es mejor que el mío', escrita e interpretada por el histórico rockero Kazik, cuya letra critica los privilegios de Kaczynski y que se le permitiese romper las obligaciones que afectan a todos los polacos (“una, dos limusinas, el cementerio entero es tuyo”). El presentador del programa musical, donde los oyentes votan a la mejor canción y en esta ocasión eligieron la de Kazik, ha dimitido tras 35 años en la emisora y otros periodistas se han unido a su protesta, así como muchos de los principales músicos de Polonia.

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