El truco de magia de los Republicanos para ganar las elecciones en Estados Unidos

En medio del tumulto del coronavirus, las elecciones presidenciales de Estados Unidos acechan. Las especulaciones vuelan sobre cómo esta crisis podría afectar la suerte de Joe Biden y de Donald Trump en noviembre. Pero lo más importante no está recibiendo suficiente atención: los peligros del coronavirus que amenazan los mecanismos de las elecciones presidenciales, incluso su legitimidad.

Los problemas de celebrar unas elecciones durante una pandemia son, hasta cierto punto, de salud pública. Los funcionarios que organizan las elecciones necesitan asegurarse de que estas elecciones no facilitan la expansión del virus, que los votantes y los trabajadores se sienten seguros en los colegios electorales y que se dan métodos fiables para el voto telemático. Estos son temas complicados, pero se pueden solucionar. Corea del Sur ha demostrado que la tecnología existe, usando el voto telemático y procedimientos de distanciamiento social en los colegios electorales para celebrar unas elecciones libres y justas incluso en medio de estas condiciones.

Argemino Barro. Nueva York

Los problemas más complicados de solucionar son políticos. En Estados Unidos, el Partido Republicano es un partido que gobierna de forma minoritaria y que cree que solo puede ganar si reduce la participación entre posibles votantes demócratas. El Partido Demócrata está de acuerdo y por eso quiere promover el voto tanto como sea posible. Para los Republicanos, esto podría implicar usar el poder coercitivo del estado. En resumen, dentro de poco podría ser el momento de dejar de preocuparse por la deriva antidemocrática en Hungría y Polonia y centrarse en la de la democracia líder en el mundo.

Una elección tribal

Es divertido creer que los votantes están valorando cómo Trump está gestionando el virus. Pero no lo están haciendo. Después de un breve repunte, su valoración permanece esencialmente la misma, anclada en el 40 y algo. Al igual que con otros tantos temas en los últimos años, los votantes ven la crisis del coronavirus con unas gafas ideológicas y, pase lo que pase, usan la crisis para reforzar sus propias convicciones.

Las elecciones de 2020 se han convertido en tribales. Todos votan según su partido, con muy pocos votantes cambiando de lado. La gran mayoría de los votantes (por lo menos el 94%) ya han decidido a qué partido van a votar. En ese sentido, la tasa de participación cambia mucho más que la elección del voto y podría afectar a los votantes indecisos. Si la participación en 2016 en Michigan, Wisconsin y Pennsilvania hubiera alcanzado los niveles de 2008, Hillary Clinton habría ganado fácilmente las elecciones. Desde entonces, el efecto Trump ha dado un chute de energía a los votantes de ambos lados. Sorprendentemente, en las elecciones para el Congreso en 2018, la participación subió del 36 al 50% en comparación con las anteriores ‘Midterms’.

Fareed Zakaria. Nueva York

Si exageramos un poco, ya sabemos cómo va a votar todo el mundo en Estados Unidos. Lo que no sabemos es cuánta gente votará y si a esos votantes se les permitirá votar. No importa mucho quién tiene el mejor plan para hacer testeos masivos o quién es el más duro con China. Lo que importa es quién es el mejor a la hora de generar entusiasmo entre sus propios votantes (o destruir el de sus oponentes), movilizar a su base y esforzarse para asegurar de que los suyos puedan votar. Y quizá los de sus rivales no.

El dilema republicano

La naturaleza tribal del voto presenta un problema para el Partido Republicano, sobre todo porque hay menos votantes republicanos que demócratas. Los Republicanos han perdido el voto popular en seis de las últimas siete elecciones presidenciales. Controlan el Senado pese a haber conseguido 25 millones de votos menos que sus rivales demócratas en las últimas tres elecciones (un ciclo electoral completo para el Senado). A pesar de su estatus minoritario, han mantenido la mayoría en la Corte Suprema casi 50 años. Los Republicanos ya son un partido minoritario gobernante y se mantienen en el poder gracias al voto electoral y al Senado, que da más importancia al voto rural.

Mientras tanto, la demografía cambia, especialmente entre las poblaciones no-blancas que tienden a votar demócrata, y hace más difícil todavía este truco. Cada cuatro años el porcentaje de población no-blanca sube un 2%. En un ambiente de voto tribal y de regla minoritaria y el cambio demográfico luchando contra ellas, los Republicanos creen que tienen pocas opciones para usar sus ventajas institucionales para alterar quién vota. Todos estos problemas preceden al coronavirus y han provocado infinidad de esfuerzos ingeniosos por ambos partidos.

Teresa Coratella. Roma

Sobre todo, ha generado una lucha nacional en los juzgados por ver cómo de fácil debe ser votar. Los Republicanos afirman que hay una epidemia en el fraude de voto y han buscado formas para aumentar los estándares del registro del voto, el voto telemático y la identificación del votante ante la urna. Los Demócratas aseguran que no existe ningún problema de fraude del voto y que esos esfuerzos representan un intento de evitar a potenciales votantes demócratas, especialmente minorías que tienden a tener una menor participación y más dificultades y obstáculos para votar. Ambos partidos se han visto involucrados supuestamente en varias jugadas sucias para confundir a los votantes contrarios y desanimar la participación en Estados clave.

El coronavirus, pese a sus enormes efectos, no cambiará drásticamente la dinámica de la política tribal existente. Los Demócratas ven en el coronavirus una oportunidad para expandir los métodos de voto a distancia -por correo o por internet- que podría acabar aumentando la participación. Los Republicanos tratarán de frenar esos esfuerzos y usarán las restricciones generadas por el virus para dificultar ir a las urnas. El último lío de las primarias de Wisconsin da una idea de hasta dónde podría llegar esta pelea.

Nadie sabe qué significa esto para noviembre porque no tenemos ni idea de en qué estado de salud pública nos encontraremos en seis meses. Pase lo que pase, los aspectos más peligrosos de estas manipulaciones electorales, como siempre, vendrán del partido al frente del gobierno. Más allá de las travesuras tanto en campaña como en los juzgados que han hecho ambos partidos, los Republicanos pueden aprovechar el enorme poder ejecutivo que tienen. Trump ha allanado el terreno acusando frecuentemente a los demócratas de tratar de robar las elecciones.

Joe Biden. (Reuters)Joe Biden. (Reuters)Joe Biden. (Reuters)

Si la economía estadounidense se sume en una profunda recesión y las posibilidades de reelección de Trump se reducen, tal y como apuntan los analistas, Los Republicanos tratarán de usar a las autoridades de salud pública para avivar el miedo a los votantes, establecer nuevos estándares de protección en los colegios electorales o cerrar los colegios para ralentizar el voto, al mismo tiempo que se rechazan otras formas alternativas de voto. En nombre de problemas de salud o de seguridad, podrían usar sus poderes de emergencia para situar más policía o incluso a la Guardia Nacional en los colegios. La sola presencia de estas fuerzas podría tener efectos en el voto de las minorías.

Desde la perspectiva republicana, sería antipatriótico no usar todos los medios a su disposición para evitar que el Partido Demócrata y su creciente base de minorías llegara al poder. Desafortunadamente, tal y como hemos visto en Europa central, el sentimiento de que una falta de procedimiento democrático es necesario para salvar la república es, precisamente, tal y cómo acaba muriendo el liberalismo.

*Análisis publicado en el European Council on Foreign Relations por Jeremy Shapiro y titulado 'The corona election: How Trump might use the pandemic to win'.

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