Un mundo musulmán sin oración del viernes en las mezquitas por el coronavirus

El viernes 20 de marzo fue probablemente el primero en la historia del islam en el que en la mayoría de las mezquitas del mundo no se rezó la Yumu'ah, la oración que los musulmanes entonan en su día sagrado.

De Malasia a Marruecos pasando por los países del Golfo los templos están casi todos cerrados para evitar la propagación del coronavirus. El almuédano ya no hace llamamientos a los fieles para que acudan a rezar en la mezquita sino que, por primera vez, les invita a hacerlo en casa.

La Comisión Islámica de España, la principal institución de representación de los musulmanes, hizo también un llamamiento a los imanes, el 13 de marzo, instándoles a echar el cerrojo. Desde la célebre gran mezquita de la M-30 en Madrid hasta el más pequeño oratorio de Ceuta, todas cerraron sus puertas días antes del viernes.

Javier Brandoli. Roma

Hasta aquellos que se consideran 'yihadistas' parecen haber comprendido la peligrosidad de la Covid-19. "Las personas que gozan de buena salud no deben entrar en los países afectados por la epidemia y las que están contaminadas no deben salir de ellos", reza una fatua publicada por el boletín 'Al-Naba' considerado afín al Estado islámico. En resumen, los aspirantes a terroristas no deben viajar a Europa. El "califato" que fundó Abubakr Al Baghdadi está hoy en día muy mermado y apenas controla pequeñas porciones de territorio en Siria e Irak.

Los islamistas radicales, contra el cierre

La clausura de los templos en el mundo musulmán ha coincidido en el tiempo con la suspensión de vuelos, los cierres de fronteras y la puesta en práctica de medidas de confinamiento algo más estrictas que las vigentes en España porque para acudir el trabajo los empleados han de poseer un formulario sellado por la empresa.

Pese a no tener ni siquiera un centenar de casos confirmados de infectados por coronavirus (73, el viernes), Marruecos las puso en vigor el viernes por la tarde. Jordania hará otro tanto el sábado (69 casos). Para garantizar la eficacia de la reclusión colectiva, Rabat recurrió al Ejército que respaldará con su actuación a las fuerzas de seguridad. Patrullas mixtas de las Fuerzas Auxiliares, un cuerpo parapolicial y de soldados recorrieron a pie humildes barriadas ordenando a sus vecinos que se quedaran en casa.

Aunque ha sido ampliamente aplicado, el cierre de las mezquitas, acordado en general entre autoridades políticas y religiosas, ha suscitado algunas críticas proferidas por islamistas radicales. La policía marroquí detuvo, el 17 de marzo, a Abu Naim, un conocido predicador salafista que en un vídeo subido a YouTube tachó la medida de "pecaminosa" y excomulgó al Estado. La fiscalía le acusa de poner en peligro el orden público.

A. Villarreal

Más preocupantes son, para las autoridades sanitarias, los discursos de clérigos musulmanes que recomiendan a sus fieles protegerse de la pandemia recitando versículos del Corán. Surgen en los países de tradición islámica, pero también en Europa. Rachid el Jay, que regenta la mezquita Suna de Brest (Francia), es uno de ellos. "Basta con pronunciar esas palabras tan sencillas (…) y, si Dios quiere, no te pasará nada", afirma en un vídeo en el que desdeña las medidas de prevención del contagio.

El virus, ¿soldado de Alá?

Pese al remedio preconizado por Ravid el Jay, el virus llegado de China golpea, en mayor medida, al menos en el Reino Unido, a las personas de tradición islámica, según Shadim Hussain, columnista del diario 'The Independent'. Un 25% de fallecidos es musulmán, sostiene Hussain y cita como fuente al servicio se salud británico (National Health Service). Los musulmanes son aproximadamente un 6% de la población británica.

"Muchos musulmanes viven en familias extensas, a menudo, como en mi casa, con tres generaciones bajo un mismo techo", recuerda Hussain en su columna. "Esto significa que hay un mayor número de portadores que pueden (y a menudo lo harán) infectar a un pariente anciano", prosigue. "Una persona mayor no puede aislarse de manera efectiva cuando vive en un espacio cerrado con sus hijos, nietos (…)". "Todos somos criaturas sociales, pero tal vez los musulmanes somos más sociales que la mayoría", concluye.

Foto: EFEFoto: EFEFoto: EFE

Cuando estalló la crisis del coronavirus en la ciudad china de Wuhan, algunos islamistas radicales no dudaron en interpretarla como un castigo de Alá contra el régimen de Pekín por maltratar a los uigures, la minoría musulmana del país. "El virus es un soldado del Ejército de Alá", escribió el clérigo tunecino, Bechir Ben Hassen, en su grupo de Facebook.

"Las autoridades chinas han impuesto un cerco a un millón de musulmanes uigures y ahora 50 millones de chinos están cercados a causa de un virus y no pueden encontrar una cura porque esa es la voluntad de Alá", continuó Ben Hassen en la red social en la que cuenta con medio millón de seguidores. Su tesis fue reiterada por unos cuantos teólogos musulmanes incluido Ahmed Issa al Maasrawi, de la universidad islámica de Al Azhar en El Cairo.

Nuria Tesón. El Cairo

El siguiente en ser golpeado con fuerza por la epidemia después de China fue Irán, antes incluso que Italia. Irán es un país musulmán, pero chiita. Un puñado de musulmanes describieron también entonces en las redes sociales al coronavirus como un castigo de Alá a una potencia agresiva con sus vecinos sunitas, empezando por Arabia Saudí, y que supuestamente maltrataría a su minoría suní.

Con 19.644 infectados confirmados y 1.433 muertos registrados el viernes, Irán es, a día de hoy, el país musulmán más afectado por la pandemia. La estadística oficial no parece, sin embargo, del todo fiable. A su regreso de Teherán la semana pasada, Rick Brennan, director de situaciones de urgencia en la Organización Mundial de la Salud, declaró a Reuters que Irán ya había superado los 80.000 casos registrados en China. Kianoush Jahanpour, portavoz del Ministerio de Sanidad iraní, reconoció el pasado jueves que, a causa del coronavirus, un iraní fallecía cada diez minutos y 50 resultaban contaminados cada hora.

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