Sánchez y Conte se plantan ante la negativa a medidas europeas ante el Covid-19

El material del que está hechos los lazos de la Unión Europea soportan una fuerte presión. Son flexibles, y eso es lo que permite que el club se mantenga unido incluso cuando las visiones son muy distintas. Pero esos lazos están empezando a estar más tensionados de lo que deberían. Con un debate que empieza a abandonar el campo técnico y empieza a entrar en el emocional, el Consejo Europeo de este jueves ha sido una muestra de la fórmula que puede poner en serios aprietos al proyecto europeo: insolidaridad, malas formas y nervios.

Los líderes de la UE buscan desde hace días una solución europea coordinada para sacar adelante una economía que se va a ver, y de hecho ya está viéndose, seriamente dañada por los efectos devastadores del coronavirus. Y las recetas de unos y otros están a años luz. Europa se parte en dos, entre los que piden más coordinación europea y los que se niegan a ir en esa dirección o consideran que todavía no es el momento. Y el drama para el proyecto europeo es que esa división coincide con la del coronavirus: son los países más golpeados los que piden ayuda, son los menos golpeados los que la niegan. El coronavirus ha metido a otro paciente inesperado en la UCI: la solidaridad europea.

K. A. P.

El debate es complejo y cargado de emociones, al mismo tiempo que las posturas son muy distantes. Todo ello ha quedado demostrado este jueves en una reunión telefónica del Consejo Europeo, en la que España e Italia se han negado a firmar las conclusiones y han pedido 10 días para que los cinco presidentes (de la Comisión Europea, Consejo Europeo, Parlamento Europeo, Banco Central Europeo y el Eurogrupo) propongan un paquete de medidas. El lenguaje del texto era vago, no era ambicioso e incluso podía acabar jugando en contra de Madrid y Roma. Charles Michel, presidente del Consejo Europeo, sigue buscando una fórmula para llegar a unas conclusiones que puedan apoyar todos.

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, llegaba al encuentro con una carta firmada junto a los líderes de Francia, Portugal, Italia, Grecia, Eslovaquia, Luxemburgo, Bélgica e Irlanda, en la que pedían la emisión de deuda conjunta, también llamados eurobonos o coronabonos, que representaría la repartición de riesgo entre socios europeos. Esa es una idea tóxica para Alemania y Países Bajos, que durante la cumbre han vuelto a rechazar la idea.

Y lo han hecho a pesar de que Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo (BCE), ha pedido expresamente que se considere la posibilidad de emitir eurobonos para financiar la recuperación. Una postura que, además del eurobanco y los nueve países firmantes, que representan al 50% de la población de la Unión, también comparte la Comisión Europea.

Ante la negativa alemana y holandesa a discutir los coronabonos el debate al final ha acabado limitándose a un intento por parte de los líderes de concretar el trabajo que empezaron sus ministros de Finanzas este pasado lunes, cuando el Eurogrupo encontró un “amplio apoyo” a la posibilidad de que el fondo europeo de rescates, el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), ofreciera líneas de crédito a los países que necesitaran liquidez ante el impacto del coronavirus.

Al boceto le faltaban muchos detalles, y había detalles que incomodaban a los sureños, entre otros el hecho de que dicho programa acarree una serie de condiciones, como ocurrió durante los rescates durante la crisis económica. Italia y España considera todo eso un lenguaje tóxico y lo rechazan. Los nórdicos, así como Alemania y Austria, se niegan a que no haya condiciones si hay un programa del MEDE.

Ni Berlín ni La Haya estaban especialmente contentos este martes cuando el Eurogrupo discutía sobre el uso del MEDE. Pero las cosas avanzan tan rápido durante una semana que ambas capitales han acabado la semana defendiendo este jueves que se incluyera el MEDE en las conclusiones del Consejo, y España e Italia oponiéndose a ello. ¿Por qué?

Roma y Madrid ven en esa maniobra una encerrona. Por ejemplo, alemanes y holandeses intentaban incluir la palabra “tratado” junto a MEDE, algo que limitaría mucho la posibilidad de actuación del fondo de rescates. Y ante el riesgo de que Berlín y La Haya maniobraran para usar las conclusiones como un límite, no se puede hablar de nada más que del MEDE así que ni hablar de mutualizar deuda, sabiendo que hay un empuje público y mucha presión para abordar la idea de los coronabonos, cerrando así la puerta a ese debate, Sánchez y Giuseppe Conte, primer ministro italiano, han decidido que es mejor terminar la reunión sin nada.

Además a Conte, como a Sánchez, no les interesa demasiado ahora mismo hablar de MEDE. Cuando el BCE anunció la semana pasada su programa de compras de 750.000 millones los mercados se calmaron, y cuando este miércoles por la noche el texto legal confirmó que esta compra sería flexible y sin atender al límite autoimpuesto de no comprar más del 33% de deuda por país, los que se calmaron fueron los ministros de Finanzas y sus líderes. En este contexto el MEDE es sacrificable, y si se abre la ventana de oportunidad de la caza mayor, véase intentar explorar los eurobonos, los sureños tienen que pelearlo.

La pinza de 2012

Con un documento muy tibio, que podía generar más problemas que beneficios, España e Italia han reeditado la pinza que en 2012 protagonizaron Mariano Rajoy y Mario Monti, cuando en el momento de máxima tensión se plantaron. Ahora, con una Europa partida en dos, las emociones están por todo lo alto. Ya no se habla únicamente de empleos, también se habla de vidas. Y eso hace que el debate trascienda la económico para algunas capitales.

El debate continuará durante los próximos días y seguirá siendo muy volátil. Algunas voces en Bruselas creen que el marco de las discusiones cambiará si Países Bajos y Alemania acaban siendo golpeados con dureza por el coronavirus. Lo que es seguro es que Berlín considera que es pronto para actuar, y los sureños creen que ya se va tarde. Y mientras tanto la fractura entre esas dos Europas se profundiza ante la incapacidad de llegar a acuerdos.

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