¿Qué se dice del Covid-19?:"Las pymes son las empresas que tenemos que salvar ahora"

Los medios de comunicación globales están centrados en la cobertura de las muy distintas ramificaciones que tiene y tendrá la crisis del coronavirus: la sanitaria, la económica, la política, la geoestratégica. Esta revista de prensa reúne algunos de los artículos publicados en el mundo más útiles para entender lo que está pasando y sus consecuencias futuras. Es un intento de discernir la señal del ruido, aunque sea de manera provisional.

“En la crisis anterior, Washington rescató a los bancos. Hoy se dispone a rescatar a las grandes empresas” —escribe Rana Foroohar en el 'Financial Times'—. El sector corporativo se parece mucho a los bancos antes de 2008: cargado de deuda, con algunos sectores muy apalancados y la mayoría de ellos dependiendo de la ingeniería financiera para crear la ilusión de crecimiento e innovación”. Además, en los últimos años, no han dedicado los beneficios a ampliar su capacidad productiva. Ahora que la economía se está viniendo abajo, ¿merece ese sector ser rescatado? ¿Lo merecen las aerolíneas, por ejemplo, que han gastado la mayoría del dinero disponible en recomprar acciones?

C.P.

“Si queremos que el capitalismo y la democracia liberal sobrevivan al COVID-19, no podemos permitirnos la estrategia equivocada de ‘socializar las pérdidas, privatizar las ganancias’ utilizada hace una década —dice Foroohar—. Tenemos que empezar a proteger a los ciudadanos y a los consumidores individuales”. Por lo que respecta a las empresas, dice, las pequeñas y medianas suponen el “83% de las nóminas estadounidenses” y deberían ser las primeras en recibir ayuda. “A diferencia de las grandes empresas, su gasto de capital también ha crecido en los últimos años. Estas son las empresas que tenemos que salvar ahora”. “A diferencia de los rescates bancarios de hace doce años, no socialicemos solo las pérdidas, sino también las ganancias”, termina Foroohar.

Jorge Zuloaga

Ivan Krastev es un pensador búlgaro que en los últimos años se ha convertido en unos de los mejores analistas de la realidad europea (recomiendo su libro “La luz que se apaga”, sobre cómo y por qué una vez más los países del Este sucumben a la tentación autoritaria). Ha escrito para el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores un breve informe titulado “Las siete primeras lecciones del coronavirus”. La primera dice: “A diferencia de la crisis financiera de 2008-2009, el coronavirus forzará el regreso de un Gobierno grande. Después del colapso de Lehman Brothers, muchos observadores creyeron que la desconfianza en los mercados creada por la crisis llevaría a una mayor fe en el Gobierno […] La paradoja de 2008-2009 es que la desconfianza en el mercado no generó una demanda de mayor intervención gubernamental. Ahora, el coronavirus traerá de vuelta a un Gobierno a lo grande. La gente necesita al Gobierno para organizar una defensa colectiva contra la pandemia y para salvar una economía que se hunde. Ahora, la efectividad de los gobiernos se mide por su capacidad para cambiar el comportamiento cotidiano de su gente”.

Los Gobiernos tendrán que elegir entre contener la expansión a costa de destruir la economía o tolerar un coste humano superior para salvar la economía

La última lección, singularmente oscura pero cada vez más obvia, dice: “Los gobiernos se verán forzados a elegir entre contener la expansión de la pandemia a expensas de destruir la economía o tolerar un coste humano superior para salvar la economía”. Vale la pena leer las demás.

Javier G. Jorrín

The New York Times” cuenta, con espectaculares gráficos animados, cómo el virus se extendió desde Wuhan al resto de China y, desde esta, al resto del mundo. Lo que en principio fueron algunos casos de neumonía que sorprendían a los médicos porque no respondían al tratamiento habitual, se transformaron en docenas. “Cada paciente infectaba a otros dos o tres de media, ni siquiera una respuesta perfecta habría contenido la expansión. Pero los funcionarios chinos no alertaron en diciembre a la sociedad de los riesgos. No alertaron a la Organización Mundial de la Salud hasta el 31 y fue entonces cuando hicieron pública una valoración, que fue de tranquilidad. ‘La enfermedad es prevenible y controlable’, dijo el Gobierno”.

En ese momento, cientos de millones de chinos viajaban a sus pueblos de origen para celebrar el Nuevo Año lunar. Como se ve en los gráficos de “The New York Times”, que recogen los movimientos de millones de teléfonos móviles, la escala de los desplazamientos fue extraordinaria. Solo el 1 de enero, 175.000 personas salieron de Wuhan. A lo largo del mes de enero, antes de que se restringieran los viajes, salieron siete millones de personas de la ciudad. Cuando, el 21 de enero, el Gobierno chino reconoció el riesgo de transmisión entre los humanos, ya se habían dado casos en Pekín, Shanghái y otras muchas grandes ciudades. Cuando se restringieron los viajes, el virus ya estaba en todo el país. Y no tardaría en estar en casi todo el mundo.

En el “Economist” cuentan que los dos aspectos a tener más en cuenta para predecir qué empresas pueden sucumbir a la crisis del coronavirus son la liquidez y el modelo de negocio. El primero está claro: las empresas, muchas de ellas endeudadas, intentan limitar sus costes enviando a los trabajadores a casa o tratando de que los bancos refinancien sus créditos. El problema del modelo de negocio es más complejo, pero puede resumirse así: “Si Apple no vende ahora un nuevo iPhone, puede convencer a los consumidores de que lo hagan más adelante. Los ingresos de un restaurante por una comida nunca hecha o una entrada de cine nunca comprada se pierden para siempre”.

Y concluye: “Las empresas con modelos de negocio más resistentes, los bolsillos más llenos y unos horizontes de inversión a mayor largo plazo pueden crecer aún más mediante adquisiciones a precios bajos […]. La Depresión [de 1929] provocó el caos económico, pero también creó nuevos modelos de negocio radicales, de la fabricación de coches al entretenimiento, pasando por productos de belleza. Con el tiempo, también la crisis actual puede llevar a algunas resurrecciones empresariales y muchos nuevos nacimientos. Que parezcan propicios es una señal de lo mal que pintan las cosas ahora mismo”.

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