Niños torturados en las cárceles de Egipto: "Cuando lo volví a ver, no podía reconocerlo"

Abdullah Boumadian tenía doce años y dormía en su casa en Al Arish (norte de Egipto) cuando fue detenido la noche del 31 de diciembre de 2017. Esa noche, Abdullah se convirtió en uno de los cientos de "desaparecidos forzosos" en manos de las fuerzas de seguridad egipcias. Seis meses después, el niño apareció entre los detenidos de la estación de policía cairota de Azbakeya. Según su testimonio, había sido sometido a torturas: palizas, electrocución, ahogamiento (la tristemente célebre técnica de 'waterboarding') y había sido obligado a acostarse sobre una cama de hierro calentada al fuego.

El relato de Abdullah es solo uno de la veintena de testimonios de menores de edad que han sido detenidos, desaparecidos y torturados en las cárceles y estaciones de policía egipcias recopilados por Human Right Watch y la ONG egipcia Belady en el informe “A nadie le importó que fuera un niño: El abuso de las Fuerzas de Seguridad Egipcias a niños en detención”. Según ambas organizaciones, "como parte integral de la represión [contra la oposición al Gobierno de Abdelfatah Al Sisi], la Policía y los oficiales de la Agencia de Seguridad Nacional del Ministerio del Interior han arrestado, maltratado y torturado arbitrariamente a cientos de niños".

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El exmariscal Abdelfatah Al Sisi llegó al poder en Egipto en 2013 tras una asonada militar contra el islamista Mohamed Morsi. En el contexto de las multitudinarias manifestaciones contra el golpe de Estado, las fuerzas de Seguridad reprimieron, muchas veces con violencia, a los partidarios de la Hermandad Musulmana. Ese año, el Gobierno declaró a los Hermanos Musulmanes como organización terrorista, y miles de personas fueron detenidos bajo la acusación de pertenecer al grupo, según han denunciado numerosas organizaciones proderechos humanos. En el contexto de la lucha de Egipto contra el terrorismo, Al Sisi ha endurecido la ley de seguridad nacional y las fuerzas de seguridad han reprimido manifestaciones opositoras. "Toda la información que disponemos indica que la detención arbitraria y el abuso de los detenidos, incluidos niños, bajo el Gobierno de Al Sisi ha sido generalizado y sistemático", sostiene el informe de HRW, publicado este lunes.

Abdullah, de doce años, fue acusado de pertenecer a una organización terrorista. Su arresto se produjo días después de que su hermano mayor Abdelrahman (21 años), llamara a la familia diciéndoles que se había unido al grupo terrorista Wilayat Sina (Provincia del Sinaí), rama local de los yihadistas del Estado Islámico. Pese a que, tras casi un año de prisión en prisión, sujeto a torturas, encerrado con adultos y maltratado, un juez firmó su libertad, Abdullah sigue en paradero desconocido y las autoridades que lo retenían no han informado a la familia de su localización. Desde 2015, organizaciones proderechos humanos han documentado cientos de desapariciones forzosas en Egipto.

Incluso si soy liberado, no sé si seré capaz de casarme o tener hijos".

Abdullah (nombre falso) es el más joven de los testimonios que recoge el informe. Tras el arresto de Amr, de 16 años, su familia recibió durante meses llamadas anónimas que decían 'Venid a recoger su cadáver a El Cairo'. Cuando lograron localizarlo en una comisaría en la capital egipcia, Amr "era un esqueleto. Había perdido mucho peso. Cuando lo vi, no podía reconocerlo. No estaba segura. ¿Este es mi hijo o no?", afirma un familiar. Maged, de 17 años cuando fue detenido, describía, sin querer dar más detalles, haber sido "tan humillado... Incluso si soy liberado quizá no seré capaz de casarme o tener hijos". Maged fue acusado de asesinar a oficiales de policía y pertenecer a un grupo terrorista cuando tenía 14 años en un multitudinario caso ante la corte militar con más de 300 acusados, de los que 25 eran menores cuando se produjeron los presuntos delitos.

Sharif tenía 16 años cuando la policía lo arrestó en 2015 tras grabar una protesta. Tras horas de interrogatorio, el oficial le ofreció a Sharif la oportunidad de salir del atolladero si llamaba a otro sospechoso y le engañaba para que pudieran detenerlo. Cuando llamó, Sharif le advirtió que le estaba hablando desde una estación de policía. "[Por mi desobediencia], las puertas del infierno fueron abiertas. Empezaban hacia las 11:00 de la noche y seguían hasta las 3:00 de la mañana. Me golpeaban y me electrocutaban usando tásers". Hoy, Sharif ha conseguido el estatus de refugiado en un tercer país y ha sido condenado 'in absentia' en Egipto.

Según denuncia HRW, las autoridades judiciales egipcias no han investigado las denuncias por torturas, maltrato y detenciones irregulares de los menores en sus cárceles. La abrasiva ley de seguridad egipcia, que criminaliza las protestas y permite que crímenes como "difundir noticias falsas contra Egipto", que han acabado con miles de opositores en las cortes militares egipcias, afecta también a los menores. Dos de los muchachos entrevistados fueron juzgados ante un tribunal militar por participar en una protesta en la que no se produjeron más daños que materiales en una fachada de un hotel. Otro fue acusado de participar en una protesta que tuvo lugar cuando ya había sido detenido.

De los 20 testimonios recopilados en el informe, quince de los menores afirmaron que fueron torturados en prisión preventiva, generalmente durante el interrogatorio. Siete de los muchachos dijeron que las torturas fueron con descargas eléctricas o pistolas de electrochoque. "Los desgarradores relatos de estos niños y sus familias revelan cómo la maquinaria de represión de Egipto ha sometido a los niños a graves abusos", asevera Aya Hijazi, codirectora de Belady. "Las autoridades egipcias actúan como si estuvieran por encima de todas las leyes cuando se trata de niños detenidos", continúa.

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