Guerra global por las mascarillas: el miedo a la expropiación agrava la escasez en España

"NO HAY: alcohol, glicerina, mascarillas, termómetros, guantes".

Este cartel preside, en distintas variantes, las puertas de muchas farmacias en la Comunidad de Madrid. Es el síntoma palpable en tu propio barrio de cómo la epidemia del coronavirus ha puesto en jaque al suministro global de mascarillas, una situación agudizada en España por la amenaza de expropiación del Gobierno sobre estos bienes esenciales. El miedo paraliza a algunos importadores privados que temen perder dinero y reputación haciendo negocios con uno de los productos más codiciados en esta crisis sanitaria.

Cuando China enfrentó la primera oleada de la epidemia entre enero y febrero, España envió —al igual que otros países europeos— miles de mascarillas al país asiático para combatir un problema que por aquel entonces veía ajeno y lejano. Los almacenes se vaciaron y los fabricantes destibana el grueso de su producción a los países afectados. Un mes después, y con más de 11.000 casos confirmados de Covid-19, las líneas de producción no dan abasto, los hospitales necesitán más mascarillas y las farmacias no encuentran distribuidores que les renueven el suministro.

La situación es similar en otros países europeos, donde se están manejando los 'stocks' como un bien de interés nacional. El Gobierno de Pedro Sánchez ha querido controlar la situación y en el decreto de estado de alarma aprobado esta semana incluyó una referencia explícita a que el Estado “podrá requisar todo el material médico de agentes privados”. La prioridad para todos es abastecer a toda costa el sector sanitario y otros servicios públicos en la primera línea de contagio.

Carlos Barragán

Pero la medida y sus potenciales consecuencias han sembrado la incertidumbre entre muchos importadores privados de mascarillas y otros materiales sanitarios. “Nadie quiere arriesgarse [a importar mascarillas a España] y que luego les requisen el material”, explica Manuel Andrés Varela, de Adving Pharma, a El Confidencial. Este empresario español afirma que “tiene paradas” varias importaciones de mascarillas y geles desinfectantes de hidroalcohol desde empresas productoras chinas y turcas.

“Ayer, me anularon un pedido de 1.000 geles y tengo una operación de 50.000 mascarillas parada a la espera de que Sanidad deje a las empresas [distribuidoras en España] comprarlas y que no se las requisen”, asegura.

"No puedo asumir ningún riesgo"

Las quejas de los privados se centran en la ausencia de un protocolo para gestionar la compraventa de este material que ahora es de alta sensibilidad sanitaria y política. “El precio de las mascarillas continúa subiendo. La situación evoluciona cada día. El ‘importer’ le puede pagar al ‘exporter’, pero si no sabe a qué precios puede vender al Gobierno o al mercado, no hará nada”, cuenta un importador privado chino afincado en Analucía, quien prefiere no ser identificado.

“Tampoco sé si llegan mascarillas al aeropuerto y pasarán el control de aduanas. ¿Serán detenidas? Y si el Gobierno me las requisa, ¿a qué precio? ¿Con qué margen? Antes de que lo sepa, no puedo tomar ningún riesgo. Esta incertidumbre nos obliga a paralizar cualquier negocio”, explica el comerciante asiático.

Agustín Rivera. Málaga

Ante la tormenta económica global que se avecina por el impacto de una pandemia que ya afecta a 140 países —con casi 200.000 infectados y casi 8.000 muertos—, los empresarios recalcan que la seguridad es esencial para mantener ordenado y constante el suministro de material médico. Cualquier error de cálculo puede llevarlos a la quiebra. Y el actual contexto de descoordinación y falta de claridad no ayuda al sector.

Varela lo resume así: “El decreto ley es ambiguo. Las distribuidoras no van a arriesgarse a realizar una operación y perder luego dinero cuando la Administración les requise el material y o no lo pague o pague tarde y mal”.

Arruinar tu negocio (y tu reputación)

Los fabricantes, importadores y distribuidores no solo lidian con los temas comerciales, también temen por su reputación. Y no es un temor infundado. Este mismo martes, han sido incautadas 13.000 mascarillas en Barajas y 1.100 litros de hidroalcohol en Galicia. En Madrid, otras 80.000 unidades. Pero el caso más controvertido fue el de la fábrica jienense Diseños NT, a la quie la Guardia Civil intervino más de 150.000 mascarillas el lunes en una fábrica de Jaén, que fueron destinadas al Hospital Infanta Sofía de Madrid.

La empresa, ubicada en la población jienense de Santa Ana, tuvo que emitir un comunicado para aclarar que su capacidad “estaba siendo utilizada a pleno rendimiento” para abastecer a hospitales y organismos públicos ante las insunuaciones en varios programas de televisión de que esta firma de 200 trabajadores que estaba produciendo unas 80.000 mascarillas diarias estaría aprovechándose del drama sanitario. “En ningún caso estábamos especulando, sino que, como consecuencia de las órdenes ministeriales comunicadas ayer por el Ministerio de Sanidad, nos hemos puesto al servicio del país”, aseguró la empresa en un comunicado.

“¿Qué crees que harían distribuidores al leer esta noticia? Desde luego, nada de importar”, critica Varela. Sus clientes, distribuidores en España y grandes empresas que quieren adquirir mascarillas para sus empleados, han pedido paralizar sus pedidos a la espera de recibir el visto bueno de las autoridades sanitarias de las respectivas comunidades autónomas. Estas, a su vez, aguardan la luz verde del Gobierno central que, por el momento, no les autoriza la compra de material.

EC

Con las líneas de distribución globales saturadas de pedidos, el mercado de las mascarillas está sujeto a una elevada volatilidad, distorsionado por las constantes ofertas y contraofertas. “Cada minuto, la cosa cambia. Hoy, mi proveedor puede asegurarme 20.000 de mascarillas que tiene en ‘stock’. Esa misma tarde, serán apenas la mitad o menos. Hay lista de espera”, apunta el gerente español.

Una situación refrendada por el importador chino: “Ahora mismo, la situación es caótica. Ya he acordado los precios de las mascarillas con un exportador en China, pero no sé si podré asegurar el transporte ni sé cuál será el precio mañana”.

De los mercados internacionales a tu esquina

Esta parálisis genera un efecto dominó que traslada la 'guerra' por las mascarillas que se libra en los mercados internacionales a la farmacia de la esquina. Como esta botica en Galapagar, que ha colgado el cartel de no hay mascarillas ante el incesante goteo de clientes preguntando por un producto que hasta hace unos días pocos españoles imaginaban incorporar a sus botiquines caseros.

Nuestros proveedores trabajan con China y Turquía, pero parece que las líneas de producción están saturadas

En la puerta, unos tres personas hacen fila, dejando un generoso espacio entre ellos. Los clientes solo pueden entrar de uno en uno y hay una cinta para evitar acercarse demasiado al mostrador. La espera se alargará varios minutos. Nadie habla.

“No teníamos un 'stock' muy grande, así que se agotó rápido en los primeros días. Lo que nos han dicho es que toda la producción va directa a los hospitales”, explica Carmen, la farmacéutica, guarecida detrás una mascarilla y con guantes. “Nuestros proveedores trabajan con China y Turquía, pero parece que las líneas de producción están saturadas de pedidos. Lo primero son los sanitarios”, asevera. El consumo en los hospitales es intensivo, ya que las mascarillas deben ser reemplazadas después de cada uso, lo que está contribuyendo al auge de la demanda global.

Una farmacia en España. (EFE)Una farmacia en España. (EFE)Una farmacia en España. (EFE)

El próximo cliente entra solo a medias. Desde el vano de la puerta automática, pregunta si tienen mascarillas. “¿Es que no ha visto el letrero?”, responde con monótona cortesía la farmacéutica. El hombre no se da por aludido. “¿Y cuándo habrá?”, pregunta ya con una pierna fuera del local. Carmen se encoje de hombros.

Esperando a Moncloa

La escena se repite en varias farmacias de Madrid. Algunas están a cero, otras tienen lista de espera con los pedidos de los clientes. Pero la situación puede estar a punto de cambiar. Tras incrementar su producción de mascarillas a marchas forzadas, China comienza a tener margen para exportar ahora que la demanda interna ha bajado tras el pico de la epidemia. Actualmente, el país está produciendo 200 millones de unidades diarias, 20 veces más que en febrero. Para finales de este mes, la cifra se podría incrementar hasta 260 millones.

Además de ser un buen negocio para China, la venta de mascarillas y otro material médico a los países más afectados también tiene un rédito diplomático. España e Italia ya están en negociaciones con Pekín para acelerar el intercambio de material satinario forzando a Alemania y Francia a abrir el grifo tras su reticencia inicial a permitir la venta de mascarillas ante su propia emergencia.

EFE

Según coinciden varias de las fuentes consultadas para este reportaje, el precio actual de las mascarillas más simples en China ronda los 40-45 céntimos por unidad. Sin embargo, el precio de mercado en España ascendería a los 80-90 céntimos cada una. El precio en origen de la de tres capas estaría en torno los 60 céntimos. Las mascarillas N95, diseñadas para médicos y enfermeros, costarían entre dos y tres euros por unidad.

La solución china fue garantizar a fabricantes, distribuidores y demás actores de la cadena la compra a un precio competitivo de todo su ‘stock’ de material sanitario. El 6 de febrero, el Consejo de Ministros chino, presidido por Li Keqiang, tranquilizó al sector privado asegurando que el Gobierno compraría todo el exceso de material médico. Pero desde Moncloa todavía no han anunciado si será a un precio fijado por la Administración ni cómo se canalizará su distribución.

La pregunta que no cae en el examen

Fuentes jurídicas señalan que estamos ante una situación totalmente nueva en la historia reciente de España. “Es la típica pregunta que piensas que no va a caer en el examen”, ironizan. El apartado B del artículo 11 de la ley orgánica de 1981 sobre el estado de alarma establece que el Estado podrá “practicar requisas temporales de todo tipo de bienes e imponer prestaciones personales obligatorias”. Pero no añade más.

Para encontrar más detalles sobre el poder del Estado en la incautación de material en una situación tan excepcional como la que está viviendo España, hay que irse a la ley de 16 de diciembre de 1954 sobre la expropiación forzosa. En concreto, al artículo 120, donde se especifica que las epidemias, junto a otras calamidades, dan derecho a las autoridades civiles a “diversos tipos de expropiación”, aunque con derecho a "indemnización y justiprecio" para el damnificado fijado por una comisión —cuyas decisiones, a su vez, son impugnables—.

Roberto R. Ballesteros

¿Cómo se traduce esto? Que el Estado expropiará mascarillas pagando el precio que considere oportuno y si los afectados no están confirmes con la tasación, demandarán al Estado. "Habrá pleitos”, aseguran estas mismas fuentes.

Mientras, la brutal llegada de la pandemia a nuestros países ha convertido las mascarillas en un objeto de economía de guerra. Se compran por internet a proveedores de dudosa fiabilidad a precios disparatados, se hacen improvisaciones caseras con tutoriales de YouTube o se usan remedos caseros, como bufandas, fulares o pañuelos. Por supuesto, también se pueden conseguir a través de las vías no convencionales.

“Las únicas mascarillas que nos ofrecen son desde el mercado negro. Recibimos llamadas en las farmacias de supuestos minoristas ofreciendo productos. Te los llevan en un coche adonde necesites y los venden al doble o al triple de su precio normal porque saben que van a tener salida”, asegura una de las farmacéuticas consultadas. “Yo no compro. Pero si llaman, es porque alguien dirá que sí”.

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