Escupitajos, golpes y atropellos: los chinos, en el punto de mira de los estadounidenses

Donald Trump ha llamado al Covid-19 el “virus chino” y la expresión, obviamente, no ayuda a las chino-estadounidenses que viven en EEUU. Mucho menos después de conocer las últimas cifras de contagiados y fallecidos por el coronavirus: más de 30.000 casos de coronavirus y más de 420 fallecidos, datos que no han dejado de ascender en los últimos días. Así, la comunidad chino-estadounidenses ha denunciado que se están convirtiendo en los apestados del país. Los responsables de la pandemia. Y Trump sigue sin darse cuenta de su comentario (o dándose mucha cuenta).

Según un reportaje que publicaba hoy ‘The New York Times’, muchos ciudadanos de origen chino se quejan de recibir un trato despectivo en los últimos días. Yuanyuan Zhu contaba cómo camino de su gimnasio recibió un escupitajo en la cara por parte de una persona “que no parecía extraña ni enfadada ni nada, parecía una persona normal”.

Yuanyuan Zhu contaba cómo camino de su gimnasio recibió un escupitajo en la cara por parte de una persona “que no parecía extraña ni enfadada"

Los chinos no son los únicos. También dicen estar sufriendo estos gestos e incluso amenazas de atropello cuando caminan por la calle aquellos que proceden de otros países asiáticos como Corea, Vietnam, Filipinas y Myanmar. De esta manera, además del propio temor al contagio sienten el odio de sus vecinos a la hora de hacer la compra o utilizar el transporte público. Como señalaban en el reportaje, es algo parecido a lo que sintieron los musulmanes tras el 11S. Con una diferencia: George W. Bush instó a la convivencia mientras que Trump no ha dejado de repetir lo del “virus chino”.

EEUU no ha cerrado sus edificios públicos, no se ha instado al teletrabajo y los niños siguen yendo a la escuela. Por eso no son pocos los padres que temen que estas expresiones las copien los más pequeños para insultar a sus compañeros de origen asiático.

No son sólo las expresiones que ha utilizado el presidente. También son las informaciones que aparecen en los medios relacionadas con el coronavirus. Según un estudio de la Universidad de la Universidad Estatal de San Francisco, hasta un 50% de las noticias sobre este tema aparecidas entre el 9 de febrero y el 7 de marzo tenían alguna alusión discriminatoria hacia la comunidad asiático-estadounidense. Russell Jeung, profesor de estudios asiático-estadounidenses, creó una web para detectar estas noticias y solo desde el jueves reportó 150.

Los “apestados” y las armas

Entre los casos citados por 'The New York Times' destaca el de Edward Chen , médico en un hospital de Manhattan que relata cómo cuando se cruza con otras personas estas se tapan la nariz y la boca; la periodista de The New Yorker, Jiayan Fan, que lleva 27 años en EEUU y afirma haber sido insultada por ser china cuando sacó la basura de su casa. En otras ocasiones las agresiones incluso han sido físicas, como la que sufrió un adolescente asiático-americano en su colegio en San Fernando o una mujer que llevaba puesta una mascarilla en el metro de Nueva York y que fue pateada y golpeada.

Lo que más se teme en EEUU son las consecuencias. Sobre todo porque en este país hay armas

Además de que estas agresiones son una muestra absoluta de racismo, lo que más se teme en EEUU son las consecuencias. Sobre todo porque en este país hay armas. De hecho, en las armerías ya se ha reportado un aumento de las ventas entre chino-estadounidenses por primera vez. Quieren protegerse.

Así lo cuenta un vendedor de Maryland que señala que nunca había visto un flujo de compradores chino. De hecho, una mujer le contó que había ido a comprar un arma para proteger a su hija.

Por tanto, el miedo entre los chinos-estadounidenses ya no sólo es el virus. Son las palabras racistas y el desencadenamiento de la violencia si los casos siguen aumentando. Y es obvio que eso va a suceder y no es lo mismo tampoco Manhattan que una ciudad del medio oeste norteamericano en la que será muy difícil aplicar medidas de confinamiento. Las palabras pueden ser las que acaben apretando un gatillo.

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