Del momento Chernóbil al Sputnik: ¿nos está dando China una lección con el coronavirus?

A principios de febrero, en pleno pico de casos del coronavirus en China, la gran parte de la prensa internacional, incluido este periódico, se hizo la misma pregunta: ¿está el sistema político chino a punto de derrumbarse por el coronavirus, como hizo la Unión Soviética tras el accidente nuclear de Chernóbil?

Sin embargo, apenas un mes después, con los casos de coronavirus desapareciendo en China y multiplicándose en España, Italia y el resto del mundo, los titulares de los periódicos y los consejos de los expertos son muy distintos: tenemos que aprender urgentemente del país asiático para frenar la epidemia.

Antonio Villarreal

Y las preguntas que surgen son: ¿cómo hemos podido pasar en un mes de culpar a China por su incapacidad con el coronavirus a quedarnos embobados por su eficacia? ¿Estamos ante un "momento Sputnik" en el que el sistema comunista chino da una lección a las democracias liberales?

Del momento Chernóbil al Sputnik

Este martes, el presidente chino Xi Jinping apareció por sorpresa en Wuhan (Hubei), la ciudad donde surgió el primer caso del Covid-19, un virus que ya ha acabado con la vida de más de 4.000 personas y ha dejado más de 100.000 infectados en todo el mundo. El mensaje que quería mandar era tajante: China le ha ganado la guerra al coronavirus. En cierto modo, es cierto. La Comisión Nacional de Sanidad china anunció tan solo 19 nuevos contagios en todo el país, todos ellos en Wuhan menos dos restantes importados. Además, las previsiones apuntan a que, para finales de marzo, no habrá casos diarios en Hubei.

Desde el principio, las autoridades locales sabían que una mala gestión no solo podría hacer un daño irreparable a la imagen internacional del país, sino que también afectaría a su legitimidad dentro de China. La muerte en febrero del doctor de Wuhan Li Wenliang, censurado cuando informó del virus a principios de enero, generó un gran malestar entre algunos sectores de la población. Infinidad de analistas occidentales vieron en la muerte de Li un símbolo de la incapacidad del sistema. Desde Europa y EEUU se culpó a China de ser un régimen ineficaz, poco transparente y muy frágil.

Pero ¿realmente era así o se exageraron las críticas por voluntarismo?

“Para la gran mayoría de expertos occidentales, el Partido Comunista chino siempre está a una sola crisis de derrumbarse”, explicaba hace unos días Rory Truex en un artículo en 'The Atlantic'. “En 2008, fue el terremoto de Wenchuan en la provincia de Sichuan que derrumbó de repente colegios y mató a 70.000 personas. Ese mismo año, 300.000 bebés enfermaron bebiendo leche hecha de una fórmula mezcla de melamina, que reveló la fragilidad del sistema de seguridad alimenticia de China. En 2011, fue el choque de dos trenes en Wenzhou que mostró el problema del país en el desarrollo de las infraestructuras. Cada una de estas catástrofes iba a ser la versión china de Chernóbil. Sin embargo, ese momento nunca ha llegado”, concluye Truex.

De hecho, como explicaba en Twitter Alicia García Herrero, economista experta en China, el país asiático no está al borde del colapso, sino que "ha conseguido darle la vuelta a la tortilla". Desde Pekín ven el Covid-19 como una oportunidad para presumir de la organización del país comunista, tanto dentro como fuera del país, y demostrarle al mundo las virtudes del sistema chino, desde sus bondades tecnológicas hasta el compromiso de los ciudadanos con la causa nacional.

China se pone como ejemplo

En una visita de 35 investigadores nacionales y extranjeros dirigidos por los doctores Bruce Aylward y Liang Wannian, la Organización Mundial de la Salud (OMS) obtuvo una conclusión contundente: si quieres frenar al Covid-19, hay que imitar a China.

“La unánime conclusión del equipo es que China ha cambiado el curso del brote dentro del país. Lo que era un rápido crecimiento se estabilizó y ha comenzado a bajar más rápido que lo que uno puede esperar si hubiéramos estado observando las dinámicas naturales de este tipo de casos”, recalcó Aylward. “Cientos de miles de casos se han prevenido en China gracias a esta agresiva intervención”.

Bruno Maçaes, antiguo diplomático portugués y experto en China, tuiteaba hace unos días lo siguiente: "Si una vacuna desarrollada en China llega a tiempo para solucionar una situación desesperada en dos o tres países, [presenciaremos] algo parecido a un momento Sputnik para el 'soft power' chino".

En conversación telefónica con El Confidencial, Maçaes reconoce que aún es pronto para saber si China está viviendo un momento Chernóbil o es capaz de transformarlo en un momento Sputnik. Pero todo apunta a que va a salir reforzado de esta crisis: "En mis viajes he visto cómo la gente estaba impresionada por la habilidad de China de usar todos sus recursos en una forma muy organizada para tratar de solucionar el coronavirus”, explica. "Si consigue normalizar la situación, otros países le pedirán ayuda".

Sin embargo, detrás de gran parte del éxito chino también hay propaganda. El 26 de febrero, los medios estatales chinos celebraron la publicación de ‘Contra la epidemia: El combate de China contra el Covid-19 en 2020', un libro que reúne las “proezas” del gobierno para combatir el coronavirus, elogia la gestión del Partido Comunista y presume de la superioridad del sistema chino para acabar con una epidemia. El libro se va a traducir al inglés, francés, español, ruso y árabe, para explicarle al mundo lo bien que lo ha hecho China con el coronavirus, aunque, por supuesto, sin mencionar la censura previa.

La guerra por la propaganda

“Beijing está tratando de impulsar una poderosa contranarrativa: la idea de que la organización china y su autoritarismo ha permitido una respuesta rápida y efectiva a la crisis de la que otros países pueden aprender”, escribe James Palmer, editor de 'Foreign Policy'. En la misma línea se mueve Bill Bishop, autor de la 'newsletter' más influyente sobre China con 80.000 suscriptores. “Los órganos de propaganda están difundiendo la narrativa de que la lucha de China ha salvado al mundo de algo mucho peor y que están dispuestos a compartir sus experiencias y ayudar a otros países”, añadía en su correo electrónico.

Como apunta Palmer en su artículo "Beijing knows Who to Blame for the Virus: America", la jugada china se ha realizado en dos fases: primero, en las primeras semanas del virus, los funcionarios chinos acusaron a Estados Unidos de sobreactuar para dañar la economía china. Además, aseguraron que EEUU fue el primer país que impuso restricciones de viaje a China, aunque no era verdad.

La segunda fase, una vez que el virus ya se ha convertido en una pandemia, ha consistido en negar que el virus haya empezado en China. El epidemiólogo Zhong Nanshan declaró en una reciente rueda de prensa que el virus podía no venir de China, aunque no presentó ninguna prueba que indicara lo contrario. “Si el coronavirus es imparable, como muchos epidemiólogos temen, el mundo entero estará buscando a alguien que culpar. Y Beijing quiere asegurarse que esa culpa cae en Washington”, concluye Palmer en su artículo. Un repaso por lo publicado en los periódicos estatales chinos da una pista de esta guerra propagandística.

EFE

Esto escribía el 'Global Times' hace unos días:

“Aunque la Organización Mundial de la Salud confirmó que el origen del virus primero surgió en Wuhan, Hubei, Provincia Central de China, el jefe de epidemiología del Centro chino para el control y la prevención de las enfermedades le dijo al Global Times que no hay evidencia directa que conecte el origen hasta el momento, sobre todo viendo cómo surgen pacientes fuera de China que no han estado nunca en zonas afectadas por la epidemia o en contacto con gente infectada”.

Otros, como el 'China Daily', son más tajantes contra Occidente:

“Pese a todos los tipos de simpatía y apoyo que China ha recibido en el último mes, el mundo sigue presenciando cómo potencias tradicionales globales han usado la situación actual en China como una oportunidad para una propaganda política barata. La batalla de China contra el coronavirus era una preocupación para la humanidad, no una competición global de liderazgo de chiquillos. Es obvio que China está ganando en el frente moral, al mismo tiempo que está teniendo un gran éxito hasta la fecha controlando la epidemia en un área de 9,6 millones de kilómetros cuadrados y una población de 1.400 millones de personas. Es un gran y sorprendente logro”.

China le está diciendo al mundo que son ellos —y no EEUU— quienes pueden salvar al mundo del Covid-19. Otra pista se encuentra en sus planes para construir una OMS paralela. “Según nuestro análisis, la situación del coronavirus en el mundo es urgente y, por lo tanto, consideramos que quizá el mundo necesite una organización/país líder que coordine a todos los países afectados en la lucha contra el coronavirus, igual que el rol de liderazgo de EEUU en la OMS”, escribía un empleado del 'think tank' CNPC Economics & Technology Research Institute en una carta a la que tuvo acceso Axios.

El tsunami económico

Sin embargo, si el Covid-19 es una guerra, China por ahora solo ha ganado la batalla epidemiológica. Ahora debe enfrentarse a la económica, con unas previsiones de crecimiento muy débiles en plena entrada de una recesión mundial. Además, sus principales socios importadores están en el peor momento del coronavirus.

“El ciudadano medio chino está viviendo el coronavirus con mucha preocupación, sobre todo por la economía. China va a presentar unas cifras muy malas. Las previsiones más pesimistas sitúan las pérdidas en aproximadamente 70.000 millones de dólares. El consumo está bajo mínimos”, explica Alberto Lebrón, doctorando en economía por la universidad de Pekín, a este diario. Alberto Lebrón recuerda que, si el coste económico es desproporcionado en relación al daño que pueda causar el coronavirus, habrá protestas sociales sobre todo si la economía daña a los más débiles.

Agencias

Este experto reconoce que la gente en China está viviendo la crisis con orgullo patriótico, especialmente con el viraje que según Lebrón ha dado Occidente respecto al coronavirus: “Esta crisis del coronavirus también tiene una lectura política. Cuando surgió en China, se habló poco menos de un virus zombi. De esta doble vara de medir no se está siendo consciente. Se ha producido un efecto 'boomerang' y ahora las poblaciones en Europa o en EEUU no entienden que si antes se trataba de un virus letal o muy preocupante ahora se diga que es una simple gripe para no tener que verle el órdago a China y adoptar las mismas medidas que suponen paralizar la economía. Quizá esos países no tengan tanto margen”.

Sea o no sea un momento Sputnik para China, Maçaes concluye que Estados Unidos debería tener mucho más miedo de esta crisis que China: "Es un momento muy delicado para ellos. Si EEUU no consigue tratar el coronavirus de forma eficaz, se convertirá en un agente muy vulnerable en comparación con China”. Quizá esta vez el momento Sputnik no tenga un efecto rebote.

No hay comentarios

Publicar un comentario

Página principal