Un exboxeador, obligado a vender su medalla por evitar el secuestro de la princesa Anne

Primeros de marzo de 1972. Ronnie Russell, boxeador de los pesos pesados, regresa a casa, en Londres (Reino Unido), después de un duro día de entrenamiento. Son poco más de las 22:00 horas y el púgil tiene que cruzar The Mall para acceder a su domicilio, cuando ve algo extraño. Varios coches cruzados en la calzada y lo que parece una discusión de tráfico: lo que no sabe es que va a poner en juego su vida... para salvar la de la princesa Anne.

En realidad, lo que estaba pasando no era una discusión de tráfico, sino que era un intento de secuestro. Un joven estaba tratando de sacar por la fuerza de un vehículo oficial a la princesa Anne, la hija de Isabel II, para lo que no dudó en encañonarla con uno de los dos revólveres que llevaba encima. Russell se encontró con esta inesperada situación y de casualidad, pero no dudó en reducir al secuestrador a pesar de haber hecho uso de su arma.

El Confidencial

El atacante se llamaba Ian Ball, quien cruzó su coche en mitad de la céntrica calle londinense para cerrar el paso a la comitiva real. Tras conseguirlo, no dudó en sacar un revólver, con el que disparó e hirió al detective personal que acompañaba a la princesa, a su chófer, a un agente de policía y a un periodista. Entonces, sacó una segunda arma, con la que apuntó a la princesa Anne mientras abría la puerta trasera del vehículo con intención de secuestrarla.

Comenzó a tirar de la joven, mientras su marido, el capitán Mark Phillips, trataba de sujetarla para que no saliera del coche. Fue entonces cuando apareció Russell, quien preguntó qué estaba pasando: el secuestrador no dudó en dispararle, pero no logró acertarle. Cuando el boxeador se acercó más, volvió a encañonarlo con su revólver y, antes de que lo accionara de nuevo, el púgil le soltó un tremendo golpe en la parte trasera de su cabeza que le hizo caer inconsciente boca abajo en el asfalto.

Así es cómo el boxeador consiguió reducir al hombre que quería secuestrar a la princesa Anne, un acto que le sirvió para que la Reina Isabel II en persona le hiciera meses después entrega de la Medalla de Jorge, una condecoración civil de segundo nivel para recompensarle por su heroica acción. Entrevistado entonces por la prensa, Russell lo tenía claro: "Jamás me desearé de este tesoro". Pero la situación ha cambiado y, a sus 72 años, se ha visto obligado a hacerlo.

El púgil británico sufre importantes problemas de salud, por lo que se ha visto obligado a deshacerse de su querida condecoración con el objetivo de conseguir réditos económicos que le sirvan para hacer frente a su enfermedad. Calcula que podrá obtener entre 18.000 y 24.000 euros y, además de la medalla, entregará la carta del número 10 de Downing Street en la que se informa de la entrega del premio, además de un telegrama de la princesa Anne en el que le agradece su acto.

La Reina Isabel y la Princesa Anne, en una foto del pasado verano. (Reuters)La Reina Isabel y la Princesa Anne, en una foto del pasado verano. (Reuters)La Reina Isabel y la Princesa Anne, en una foto del pasado verano. (Reuters)

A cambio, Russell tan solo tiene una petición: que aquel que compre la medalla, que se subastará en las próximas semana en Dix Noonan Webb, cree un acto benéfico en el que pueda contar de primera mano lo que sucedió aquella noche. El reconocimiento es aún más valioso si se tiene en cuenta que es de las pocas Medallas de Jorge que fueron entregadas en tiempo de paz y la única en ser subastada al público en general. Un acción que salvó una vida y que, ahora, espera salvar otra.

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