Sobrevive tres semanas a la intemperie en Alaska sin casa y a 20 bajo cero

Tyson Steele es norteamericano, tiene 30 años y hasta el pasado mes de septiembre vivía en el estado de Utah. Entonces decidió trasladarse a Alaska y compró una cabaña en medio del bosque alejado de todo tipo de civilización, para irse a vivir con su perro Phil. La ciudad más cercana era la de Skwentna, a más de 30 kilómetros de distancia, y nadie vivía en 8 kilómetros a la redonda.

Por eso, cuando su casa se quemó el pasado 18 de diciembre no tuvo a quien recurrir. Recuerda que se despertó alertado por las llamas en mitad de la noche y que solo le dio tiempo a salir corriendo y gritar a su perro que le siguiera. Sin embargo, una vez fuera, su Phil no estaba allí: “Lo escuché aullar dentro, no tengo palabras para tanta pena”.

Tyson se quedó solo, en mitad de la nada, rodeado de nieve y sin casa. Cuando las llamas se extinguieron hizo un inventario de todo lo que le quedaba y lo racionó para intentar sobrevivir el máximo tiempo posible: había productos enlatados, frijoles y mantequilla de cacahuete, pero algunos alimentos se abrieron por el calor y se mezclaron con la ceniza, echándose a perder.

Solo en mitad de la nada

Tal y como ha explicado a la CNN, Tyson perdió su teléfono en el incendio, por lo que no pudo avisar a nadie de su estado. Así que primero se refugió en una cueva, a más de veinte grados bajo cero, y después se creó su propio refugio con los restos del incendio: unos plásticos, algunos tablones de madera y frío, mucho frío.

Ha sobrevivido 20 días sin casa, en un refugio con lonas, comiendo productos enlatados y con la pena de haber perdido a su mejor amigo, su perro Phil

Fue racionando su comida poco a poco, con la esperanza que alguien le echara de menos y pidiera a la policía que le buscaran. Y como acceder hasta allí era imposible por carretera, decidió usar las cenizas de su cabaña para escribir sobre la nieve la señal internacional de socorro: S.O.S. Eso fue lo que le salvó la vida.

Veinte días después del incendio, un helicóptero apareció finalmente encima de su casa para rescatarle. Pudo darse una ducha y comerse una hamburguesa tras semanas aislado y ya piensa en regresar a vivir con unos parientes a Salt Lake City, la capital de Utah: “Ellos tienen un perro”. Aunque nunca podrá olvidar a su amado Phil.

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