¿Por qué el país de la samba y la alegría es el campeón latinoamericano en suicidios?

Tenía 23 años y una carrera consolidada como rapero. Aun así, decidió quitarse la vida en directo, durante una transmisión en 'streaming' en sus redes sociales y delante de sus 11.000 seguidores. Ocurrió el pasado 15 de diciembre en São Paulo, la capital económica y cultural de Brasil. MC Mineiro escribía poemas sobre muerte y tristeza y en una de sus publicaciones llegó a decir: "¿Vais a esperar a que me muera para amarme?".

En Brasil cada año se suicidan cerca de 13.500 personas. La gran mayoría son hombres (unos 10.000). Entre 2010 y 2016, la tasa de suicidios aumentó un 7% en el país tropical, alcanzando los 6,1 casos por cada 100.000 habitantes. Este dato contrasta con la tendencia mundial, que acumula una caída del 9,8%, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este organismo revela que cada año cerca de 800.000 personas provocan su muerte, lo que equivale a un suicidio cada 40 segundos.

Antonio Villarreal

"El número de suicidios aumentó y el crecimiento más consistente se registró entre los jóvenes, algo que es considerado una tendencia mundial. La desigualdad social puede ser un factor importante. Hoy no podemos mirar solo a la depresión en sí. Varios estudios internacionales apuntan que las cuestiones sociales pueden tener un impacto un 40% mayor en el número de suicidios que los trastornos mentales”, asegura Karen Scavacini, psicóloga y fundadora del Instituto Vita Alere de Prevención y Posvención del suicidio, con sede en São Paulo.

El país del carnaval, famoso por sus fiestas sin fin y por la alegría de su gente, se muere de tristeza y depresión, con 12 millones de casos diagnosticados. Encabeza las estadísticas de América Latina de suicidios y ocupa el octavo lugar del mundo, según datos de la OMS referentes a 2014, que fueron divulgados dos años más tarde y que aún son citados por los expertos.

Brasil pasó en pocos años del 35 al 8 puesto en el ranking mundial de suicidios

¿Qué pasó para que Brasil pasara en pocos años del 35º al octavo lugar en el ranking mundial? Estudios de prestigiosas instituciones nacionales e internacionales apuntan a varios factores: exclusión social, racismo institucional, aislamiento cada vez mayor, discriminación, sobre todo en los casos del colectivo LGBTI, crisis económica y precariedad laboral. Sin embargo, el problema es mucho más complejo, indica la psicóloga Ana Maria Feijoo. Esta profesora de la Universidad Estatal de Río de Janeiro (Uerj) dirige un programa de prevención de suicidios, que ofrece atención clínica directa y especializada a personas que están a punto de quitarse la vida.

"La región de Brasil donde hay más suicidios es el sur, concretamente Río Grande del Sur y Santa Catarina. Son dos estados mayoritariamente blancos, con una fuerte descendencia alemana y con una mayor distribución de renta y una menor presencia de favelas. Solemos relacionar el suicidio a cuestiones de raza, presión social o exigencia escolar, pero la realidad es que el suicidio acontece en todas las clases sociales y en todos los niveles culturales. Por lo tanto es muy difícil establecer las causas y entender el fenómeno a fondo”, explica Feijoo.

Uso excesivo de antidepresivos

El uso excesivo de antidepresivos, sobre todo entre los más jóvenes, podría ser una explicación por este paulatino pero constante incremento de los suicidios. Un estudio de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp) revela que entre 2006 y 2015 la tasa de suicidios aumentó un 24% entre los adolescentes que viven en las grandes ciudades brasileñas, mientras caía en el resto del mundo. El mismo informe muestra que los chicos tienen tres veces más riesgos de matarse que las chicas. "Hay jóvenes a los que atiendo que me dicen: '¿Por qué tengo que seguir vivo? Es muy aburrido vivir, es malo, es triste'", señala Karen Scavacini.

"La sociedad, el desempeño y la expectativa de éxito exigen a las personas, especialmente a los niños que están en fase de pre-adolescencia y a los adolescentes, mucho más de lo que pueden dar. La automutilación y el suicidio aparecen como un camino. Muchos entran en una experiencia que la psiquiatría, por interés de mercado y poder, diagnostica como depresión. Y así acaban produciendo una depresión real, que es medicada con antidepresivos. La relación de estos medicamentos con el suicidio precisa ser investigada", alerta el psiquiatra Paulo Amarante, uno de los principales referentes en salud mental de Brasil.

Masiva industria farmacéutica

Paradójicamente, la misma industria farmacéutica que intenta prevenir el suicidio podría estar fomentándolo con los productos químicos que inyecta masivamente en el mercado. "He estudiado mucho este asunto, porque se suele afirmar que la mayor parte de los suicidios se registran entre personas con diagnóstico de depresión, pero esta estadística tampoco se confirma. Entre las personas sin diagnóstico, el porcentaje es parecido. La relación entre antidepresivos y aumento de los suicidios tiene que ser estudiada", insiste la psicóloga Ana Maria Feijoó.

Los suicidios cada vez más frecuentes entre los policías representan sin duda una peculiaridad en Brasil, que cuenta con las fuerzas de seguridad que más matan y más mueren en el mundo. Solo en 2018, 104 policías brasileños acabaron con su vida, superando así el número de policías muertos durante el horario de trabajo (87). La violencia a la que los agentes están expuestos de forma permanente produce graves daños psicológicos.

Luis Rivas. París

"El número de suicidios ha crecido porque la presión que sufrimos es muy grande. No tenemos condiciones dignas de salario, ni de material bélico. Cada dos por tres nuestros fusiles se atascan. Nuestros turnos de trabajo son muy apretados y los agentes tienen poco tiempo para descansar, para estar con la familia y relajarse. Muchos policías sufren atentados en el camino al trabajo. El número de agentes asesinados ha crecido bastante, entonces lo que pensamos es: '¿cuándo me tocará a mí?'", señala Flavia Louzada, sargento de la Policía Militar de Río de Janeiro.

SOS Policías

"El otro problema es que la corporación en Río de Janeiro solo cuenta con tres psiquiatras. O sea, no hay condiciones para tratar a los policías que comienzan a presentar trastornos psiquiátricos. Entonces el agente, con su escaso salario, se ve obligado a pagar a un psiquiatra particular si quiere ser tratado. Todo eso conlleva que los policías se enfermen. Sin olvidar que, de por sí, los policías tienen cierta resistencia a ser tratados por psiquiatras, sobre todo los hombres", añade Louzada.

Nilton da Silva, teniente de la Policía Militar y fundador de una asociación llamada SOS Policía, también apunta a las condiciones de trabajo como causa principal. “Los suicidios se deben al estrés. Los agentes tienen turnos muy desgastantes y se ven obligado a realizar otros trabajos en el campo de la seguridad para redondear el sueldo. Muchos policías trabajan horas extra dentro y fuera de la corporación y este esfuerzo compromete su lado psicológico. Muchos de estos problemas se resolverían con un salario justo”, enfatiza.

Policías anti disturbios en Río de Janeiro. (Reuters)Policías anti disturbios en Río de Janeiro. (Reuters)Policías anti disturbios en Río de Janeiro. (Reuters)

También hay que destacar que los homosexuales y los transexuales presentan una tendencia más alta al suicidio.

"Pero de nuevo, es complicado establecer si se debe a la insatisfacción con su cuerpo o a la discriminación e incluso hostilidad que padecen. Tenemos un grupo de estudio en la Uerj dedicado a este colectivo y hemos detectado que muchos transexuales siguen insatisfechos después de la operación, porque no tienen el cuerpo que deseaban", cuenta la psicóloga Ana Maria Feijoo.

Brasil, donde cada 19 horas es asesinada una persona LGBTI, encabeza el ranking latinoamericano de violencia contra este colectivo. "Cuantos más prejuicios existen contra los LGBTI, más casos de suicidios se registran", afirma Karen Scavacini.

El factor de la raza

Otro estudio del Ministerio de Sanidad revela que los adolescentes y jóvenes negros tiene más probabilidades de cometer suicidio en Brasil. El riesgo entre las personas de 10 y 29 años es un 45% más grande entre jóvenes que se declaran negros que entre los blancos. La diferencia es aún más relevante entre los jóvenes y adolescentes negros de sexo masculino: la posibilidad de suicidio es un 50% más alta en este grupo que entre los blancos de la misma edad.

No obstante, Feijoo niega que exista esta incidencia entre los jóvenes negros y cita el último informe del Sistema de Informaciones de Mortalidad (SIM) del Ministerio da Sanidad de 2019, que señala como diferencial el suicido de indígenas. En la actualidad, el índice de suicidios en la población indígena triplica la media nacional. Además, el suicidio infantil es 18 veces más alto entre los indígenas, según datos de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz).

Una mujer indígena en Brasil. (Reuters)Una mujer indígena en Brasil. (Reuters)Una mujer indígena en Brasil. (Reuters)

La situación de Brasil es aún más preocupante si se tiene en cuenta que los datos no son fidedignos. Casi nunca el suicidio es indicado como causa en el certificado de muerte, por la reticencia de las familias a ser estigmatizadas. “En nuestro grupos de luto, por ejemplo, de cada 10 familiares que acuden, solo una o dos tienen el suicidio como causa de muerte en el certificado”, recuerda Scavacini.

A pesar de estos datos, los especialistas entrevistados por este periódico creen que el futuro podría ser alentador por varios factores. En 2019 fue aprobada la Ley de Prevención de los Suicidios, que instituyó un Plan Nacional par evitar las muertes autoinflingidas. Además, en diciembre fue aprobada otra ley que califica como crímenes la instigación al suicidio y la automutilación. "Estos factores demuestran que Brasil está comenzando a ver el suicidio como un problema de salud pública y a tratarlo en forma de ley. Son avances importantes", afirma Scavacini.

Para Feijoo, campañas nacionales como 'Enero Blanco' y 'Septiembre Amarillo' también son esenciales para concientizar la población sobre los problemas relacionados con la salud mental. “Gracias a ellas, las personas tienen el valor de procurar servicios de salud pública y admitir que están pensando en suicidarse. Cuanto más oportunidades de verbalizar y de escuchar a estas personas, más posibilidades tenemos de prevención. Creo que de aquí a unos años los índices de suicidio podrían caer significativamente, si seguimos prestando atención a estas cuestiones”, augura.

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