¿Está el enemigo? Que se ponga: la peligrosa coreografía militar entre Irán y EEUU

Poco antes de que la Guardia Revolucionaria iraní lanzara un ataque con misiles contra tropas estadounidenses en bases iraquíes, el primer ministro de Irak, Adel Abdul Mahdi, recibió un mensaje verbal de Teherán avisando de la operación, al tiempo que conversaba casi en simultáneo con sus aliados estadounidenses.

La ofensiva contra las bases de Al Asad y Erbil no dejó víctimas mortales ni entre los soldados norteamericanos ni entre el personal de apoyo local. Los proyectiles cayeron exactamente a la misma hora en la que drones estadounidenses asesinaron el viernes pasado al general Qasem Soleimani, quien fue enterrado horas antes del ataque iraní con pompas de héroe nacional en un funeral que dejó más de medio centenar de muertos.

El Confidencial

Las reacciones en el Pentágono y la Casa Blanca fueron mesuradas y, pese a que en un primer momento se especuló con la posibilidad de que Donald Trump se dirigiera a la nación, finalmente la comparecencia se pospuso.

"¡Todo está bien! Misiles lanzados desde Irán a dos bases militares en Irak. Evaluación de víctimas y daños en marcha ahora. Hasta ahora, ¡todo bien! ¡Tenemos los militares más poderosos y mejor equipados del mundo, de lejos! Mañana haré un comunicado", se limitó a tuitear el presidente norteamericano.

Los altos mandos militares estadounidenses ya habían asumido que los iraníes tomarían algún tipo de represalia. La mayoría de los misiles estaban dirigidos contra la base aérea de Ain Al Asad, situada en el desierto de la provincia de Anbar en el oeste de Irak, por lo que las posibilidades de víctimas colaterales eran virtualmente nulas. Los cohetes contra la base de Erbil, en el kurdistán iraquí, erraron el objetivo por un margen enorme.

Así que la pregunta es si esta coreografía bélica es el pico en este capítulo de tensión entre Irán y Estados Unidos impulsado por la muerte de Qasem Soleimani o si son los primeros pasos hacia una confrontación abierta en Oriente Medio. “Esto no parece como una escalada mayor todavía. Los militares estadounidenses estaban anticipando este ataque y el personal se había puesto a salvo. Irán puede decir que tuvo su venganza. Parece más como una escalada para desescalar (el conflicto)”, escribe Liz Sly, editora del 'Washington Post'.

Esta misma versión la confirma el periodista de la CNN Jake Tapper. "Funcionarios del Pentágono me han dicho que los líderes militares estadounidenses creen que Irán eligió de forma deliberada objetivos que no acabaran con ninguna vida, especialmente norteamericana: puntos específicos, el daño mínimo posible y máxima advertencia".

K. A. P.

Aunque el bombardeo pueda parecer poco relevante frente a la eliminación de un general clave para Teherán, el régimen de los ayatolás ha vendido a su opinión pública que el ataque, bautizado "Mártir Soleimani", ha dejado más de "80 terroristas estadounidenses" muertos y graves daños materiales.

Paradójicamente, los gobiernos de Irán y Estados Unidos comparten un interés común en alimentar un conflicto mutuo de baja intensidad que no degenere en una guerra abierta. La tensión con el "imperio americano" ha servido a Teherán para aplacar el descontento interno que recientemente llevó a miles de iraníes a manifestarse en las calles -en parte, precisamente, por el impacto de las sanciones estadounidenses en la economía del país persa-.

Por su parte, Trump puede beneficiarse de mantener una tensión prebélica en su campaña para la reelección en 2020 que mantenga prietas las filas republicanas, sin llegar a declarar una guerra abierta que es rechazada por la mayoría de los estadounidenses.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

La reciente tensión entre Irán y EEUU se inicia el 27 de diciembre. Una treintena de misiles, lanzados presuntamente por milicias chiíes iraquíes apoyadas por Irán, alcanzaron la base militar iraquí K1 en Kirkuk y mataron a un contratista estadounidense. Además, varios miembros del personal resultaron heridos.

En respuesta, Estados Unidos atacó cinco instalaciones en Irak y Siria de las milicias chiíes, matando al menos a 29 personas y dejando más de cincuenta heridos, según Jawad Kazim, el portavoz de las Unidades de Movilización Popular, la milicia chiíta respaldada por Irán.

Pero la intensificación del conflicto que desembocó en el asesinato de Soleimani y el posterior ataque a bases con soldados norteamericanos llegó el 3 de enero. Al grito de "muerte a América" o "América es el gran Satán", miles de miembros de milicias proiraníes rodearon la embajada de EEUU, destruyeron el sistema de cámaras de seguridad del recinto a ladrillazos y prendieron fuego a una garita de seguridad. El personal estadounidense quedó más de 12 horas encerrado en el edificio y, ante los temores de una crisis como la de Bengazi (Libia) en 2012, la seguridad tuvo que lanzar gases lacrimógenos y granadas aturdidoras hasta que agentes de las fuerzas especiales iraquíes se desplegaron para contener el asalto.

Daniel Iriarte

Donald Trump acusó a Irán de "orquestar el ataque contra la embajada de EEUU" y de estar detrás de la espiral de violencia de los últimos días en Irak. "Serán totalmente responsables", advirtió por su canal de comunicación favorito. Y lo fueron. De hecho, La Casa Blanca, argumentando una supuesta amenaza contra objetivos estadounidenses en la región, eligió la mayor de las represalias contra Irán: matar al número dos de Irán, Qasem Soleimani.

El pasado viernes 3 de enero, un dron estadounidense atacó dos coches cerca del aeropuerto de Bagdad y acabó con la vida, entre otros, de la "mano ejecutiva" de la política expansiva iraní en Oriente Medio. "¡Debería haber sido eliminado hace muchos años!", tuiteó Trump. Irán, todavía en estado de 'shock' por la muerte Soleimani, de una figura muy reconocida en el país, prometió "venganza". Siete días después se ha producido el muy contenido ataque contra las tropas estadounidenses que no causó ni una baja.

Efectuada la "venganza" de Teherán, el resto del mundo contiene ahora el aliento ante la imprevisible respuesta de Donald Trump.

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