El 'zugwang' de Pablo Casado: cómo puede evitar el Partido Popular el jaque mate de Vox

Uno de los conceptos más insólitos y frustrantes del ajedrez es el ‘zugwang’, una posición en la que cualquier movimiento, sea el que sea, empeora tu situación en el juego. Esta palabra, que en alemán significa “obligación de mover”, ejemplifica el delicado momento del Partido Popular ante el duro invierno que se le avecina en la oposición. Está forzado a mover pieza y se juega su futuro en la decisión.

Desde un punto de vista táctico, cualquier jugada del PP contra sus rivales es potencialmente perjudicial para sí mismo. Si Pablo Casado lidera una oposición bronca y beligerante contra Pedro Sánchez para silenciar a Vox corre el riesgo de perder la centralidad frente al PSOE e, incluso, resucitar a Ciudadanos. Pero si modera el tono puede acabar desangrándose por la derecha y regalar la oposición al partido de Santiago Abascal.

Carlos Barragán. Zurich

El dilema ha llegado a los pasillos de Génova. Este lunes, el partido celebrará una Junta Directiva Nacional para acordar las bases de su oposición ante el gobierno de Sánchez y Pablo Iglesias y su plan para lidiar con Vox. Por el momento, el grupo parlamentario ha cerrado filas con Casado tras su duro discurso en la sesión de investidura de Sánchez el pasado 4 de enero. El político de 38 años describió el nuevo Ejecutivo como “un gobierno contra el Estado” y acusó al presidente de haber puesto el futuro de España “en manos de golpistas y terroristas”.

Sin embargo, figuras relevantes del PP alertan contra una posible radicalización del partido y la pérdida de “moderación”, en palabras del barón autonómico Alberto Núñez Feijóo. Otros, como Alfonso Alonso, presidente de los populares vascos, rechazan cualquier intento de imitar a Vox: “Los que chillan, chillan mucho y siempre nos van a ganar a chillidos. Nosotros les tenemos que ganar a sensatez”.

Lejos de ser una excepción, la disputa de los populares es tan solo un reflejo de la descomposición del centroderecha europeo y global bajo el acoso del nacionalismo reaccionario. En los últimos años, esto ha generado un enconado debate en el seno del Partido Popular Europeo sobre cuál es la mejor estrategia para sobrevivir a la ultraderecha. Y hay de todo menos una opinión unánime.

La disputa del PP es tan solo un reflejo de la descomposición del centro derecha europeo y global bajo el acoso del nacionalismo reaccionario

El descalabro de los Republicanos franceses o de Forza Italia es un recordatorio para el centroderecha de que una mal movimiento puede costarles muy caro. Pero otras experiencias como en Grecia, Austria o Reino Unido muestran que hay opciones de remontar la partida.

Aunque cada país tiene sus particularidades y los contextos domésticos no suelen ser extrapolables, El Confidencial ha planteado a varios expertos cinco posibles escenarios del panorama internacional en donde los conservadores han encontrado la respuesta a la que se enfrenta ahora el Partido Popular: ¿cómo sobrevivir ante el empuje identitario de Vox y, al mismo tiempo, desplazar al PSOE del poder?

1. Mitsotakis o 'wait and see'

Más de 12 años tuvieron que esperar los conservadores griegos para regresar al poder. Pero el resonante triunfo de Kyriakos Mitsotakis en las elecciones de 2019 plantea un escenario de retorno exitoso. Líder del partido conservador desde 2016, el flamante presidente de Grecia hizo una oposición económica a la izquierda radical de Alexis Tsipras (2015-2019) hasta que Syriza acabó agachando la cabeza en su intento por plantar cara a la Troika. Una economía devastada, la presión de los acreedores y la extrema radicalidad del partido filonazi Amanecer Dorado -su oposición por la derecha- hicieron el resto. Básicamente, esperar y ver.

En este escenario, el PP buscaría el centro y el debate económico a la espera de que el Gobierno de coalición de PSOE-UP caiga por sus propias contradicciones internas, especialmente en un contexto de ralentización de la economía mundial. Esta estrategia es la más beneficiosa para el PP a largo plazo y la única “opción realista”, según José María Lassalle, escritor, profesor y exdiputado del PP, quien cree que Casado debe acometer a una “ucedización” del partido integrando los sectores más favorables al diálogo y de centro.

Irene Savio. Atenas

Las potenciales fricciones en un gobierno sin mayoría absoluta, con ideologías heterogéneas y a expensas de partidos independentistas como ERC serían el contexto perfecto para esta opción: “Es previsible que se instale en España una sensación de inestabilidad, debilidad e incapacidad para sacar medidas y proyectos adelante. Es previsible, por decirlo con Mariano Rajoy, que se instale la idea -incluso entre votantes socialistas moderados- de que este Gobierno es un lío”, explica Guillermo Fernández-Vázquez, investigador en la Universidad Complutense de Madrid y autor del libro ‘Qué hacer con la extrema derecha en Europa’. Por eso, un PP orientado al centro y decidido a hacer valer sus credenciales como el partido de la estabilidad podría ser la vía más directa y segura hacia una mejora electoral, coinciden varios expertos.

“Aprovechándose del mal momento que atraviesa Ciudadanos, el PP podría intentar recuperar su electorado más moderado con una agenda de regeneración creíble y poniendo en valor su capacidad para gestionar las cuestiones económicas”, enfatiza Luis Cornago, analista de riesgo político en Teneo. “Centrarse más en las cuestiones económicas le permitiría además distinguirse de Vox, un partido para el que la economía (de momento) no es su asunto principal”.

Donald Trump y Kyriakos Mitsotakis. (Reuters)Donald Trump y Kyriakos Mitsotakis. (Reuters)Donald Trump y Kyriakos Mitsotakis. (Reuters)

Sin embargo, aunque esta maniobra podría tener sentido para Casado, siguen siendo los independentistas quienes decidirán la fecha de celebración de las próximas elecciones en España, como recuerda el propio Cornago: “El éxito de esta estrategia dependerá también de cómo se desarrolle la cuestión catalana y de cómo evolucione la negociación entre el nuevo Gobierno y el independentismo catalán”.

Otros expertos también advierten que para que haya un cambio de no gobierno a veces no es suficiente con que ese gobierno lo haga mal. “El 'wait and see' nunca es una buena receta”, asegura Narciso Michavila, sociólogo, especialista en análisis electoral y presidente de GAD3. “Es fundamental que el partido que puede sustituirlo consiga ilusionar”, añade Michavila, quien recuerda que Nea Demokratia, el partido conservador de Mitsotakis, lo tuvo más fácil porque su competidor a la derecha, Amanecer Dorado, era un partido mucho más radical que Vox.

2. Kurz o una cintura política extrema

Con 33 años, el austriaco Sebastian Kurz es el primer ministro más joven de toda Europa y un ejemplo de que la cintura puede ser otra buena herramienta para la supervivencia política. Con un discurso duro en migración, Kurz no dudó en aliarse con la ultraderecha austriaca en su primer Gobierno y luego abandonarla cuando un caso de corrupción en el partido radical hiciera que se convocasen elecciones anticipadas. Tras el derrumbe de sus socios, Kurz se alió con los Verdes para gobernar en una muestra de flexibilidad ideológica alabada por unos y criticada por otros.

Si el PP quisiera seguir el ejemplo de Kurz, Pablo Casado debería seguir tratando a Vox como un actor legítimo más, hacer oposición igual de fuerte que ellos en el asunto clave para la opinión pública (Cataluña) y esperar que un escándalo o una salida de tono desinfle a la ultraderecha. Su discurso en la investidura de Pedro Sánchez sería un ejemplo de este escenario.

EFE

“Esta opción, que es la más tentadora, es probablemente la que tome el Partido Popular, al menos durante estos primeros meses de gobierno”, afirma Domínguez-Vázquez. “Pero la experiencia de las elecciones de 2008 y 2019 no invita a pensar que esta estrategia sea exitosa. Este tipo de trayectoria estratégica suele incentivar el voto de la izquierda e incluso de los votantes nacionalistas y regionalistas hacia el PSOE”.

“Lo que nos dice la experiencia reciente de otros países como Holanda, Italia o Francia es que cuando la derecha clásica hace seguidismo de la derecha radical, esto no frena la fuga de votos sino que la estimula”, detalla Fernández-Vázquez. “Para colmo, a medio plazo, sustrae a la derecha clásica tanto de su capital ideológico como de su capital simbólico”.

Para Berta Bartet, politóloga por la Universidad Pompeu Fabra, el PP no puede decidir cuándo la ultraderecha cometerá un error pero, bien ejecutada, esta estrategia podría sentar las bases para volver a aglutinar el voto de la derecha española. “Eso sí, solo funcionará si consigue ser más creíble y atractivo que Vox, porque ahora mismo el factor tamaño ya no es muy relevante. Si Vox resulta más creíble, habrá más fugas hacia el partido de Abascal”.

3. Merkel o el órdago de la Gran Coalición

Angela Merkel lleva gran parte de sus 15 años como canciller alemana compartiendo poder con el partido socialdemócrata, papel que desempeñaría en este caso el PP. La Gran Coalición siempre se justifica como la opción que pone por delante el interés y la estabilidad del país a cualquier tipo de cálculo electoral. ¿Debería el PP ofrecer una gran coalición al PSOE en algún momento de la legislatura para que Sánchez deje de gobernar con Podemos y no dependa de regionalistas y separatistas?

Los analistas insisten en que no sería una buena idea, ni para el PP -“Dejaría a Abascal como líder de la oposición y, por lo tanto, a todos los votantes de derecha descontentos con la labor de gobierno abocados a Vox”, enfatiza Barbet- ni para el PSOE -“Este escenario es inviable: ningún líder socialista aceptaría una gran coalición con un partido conservador, pues el PSOE terminaría como el SPD en Alemania (han pasado del 30% del voto al 12% en un par de años) o el Pasok en Grecia”, destaca Narciso Michavila-.

Angela Merkel y Pablo Casado. (EFE)Angela Merkel y Pablo Casado. (EFE)Angela Merkel y Pablo Casado. (EFE)

De momento, esta situación es inimaginable. Sin embargo, una situación extrema podría requerir de medidas extremas. Una crisis grave en Cataluña, una situación económica límite y/o el auge de los partidos más extremos (Vox y Podemos) podría movilizar a los ‘poderes fácticos’ del 'establishment' a presionar por una gran coalición entre los partidos históricos.

4. Boris o la revolución interna

Cuando parecía que los ‘tories’ británicos se estaban ahogando con su propia cuerda (el Brexit), surgió Boris Johnson, un personaje excéntrico y populista que se despeina antes de salir a cámara. En las elecciones de diciembre, arrasó con un discurso muy duro centrado en el Brexit y reconfiguró la base de apoyos ideológicos del partido conservador con un discurso más chovinista en lo económico. Al principio, muchos no le tomaron en serio. Algunos se reían de él. Ahora, con mayoría absoluta, pocos dudan del éxito de su estrategia. Podrá ejecutar el Brexit y a su derecha no quedará nadie. Eso sí, no ha sido gratis. El coste ha sido una traumático proceso para los conservadores británicos que deja un partido más radicalizado y dependiente del líder.

La pregunta que plantea este escenario es: ¿podría un 'insider' del PP distinto a Casado copiar a Johnson y revelarse como la única opción para revitalizar a los conservadores en las urnas? Esto ocurriría en un contexto de polarización entre bloques en el que Vox sube en las encuestas y desde dentro del partido se busca un candidato más radical para frenar las pérdidas. Este líder tendría que cambiar la narrativa, derechizar más al PP y vencer a Vox con sus propias armas.

Celia Maza. Londres

"No mostrar diferencia alguna frente a Vox y pugnar con él en sus propuestas, estilo e ideario es la mejor manera de conseguir que Vox absorba al PP y lo degluta. La gente prefiere lo auténtico. Y Vox ya es un partido de extrema derecha auténtico", explica José María Lassalle. “Álvarez de Toledo podría asemejarse, en la medida en que es la única que mantiene un discurso que sintoniza con Vox y piensa que hay que localizar el esfuerzo político del PP en reconquistar el espacio perdido frente a Abascal”, recuerda el que fuera secretario de Estado de Cultura con Mariano Rajoy.

Guillermo Fernández-Vázquez también coincide en las posibilidades de Álvarez de Toledo, aunque ni siquiera “ofrece muchas garantías” porque cuando se presentó en Cataluña “no supo frenar las fugas a Vox, a pesar de la dureza de su discurso”.

5. Trump o hacer saltar todo por los aires

Cuando Donald Trump se presentó a las primarias republicanas hace cinco años, nadie daba un duro por él. Primero creyeron que era un truco publicitario. Cuando comenzó a ganar apoyo en las primarias, creyeron que el aparato del partido no le permitiría hacerse con el control. Y cuando ya fue nominado candidato, pocos pensaron que tuviera opciones reales de ganar. Ahora, el 45º presidente de Estados Unidos y candidato a la reelección este año, dirige a su antojo al Partido Republicano donde nadie que se atreva a alzar la voz contra él.

Todos los analistas recuerdan que esta es la opción menos factible de todas por las marcadas diferencias entre el sistema español y el estadounidense. Pero ejemplifica cómo una situación desesperada podría conllevar soluciones aparentemente disparatadas. Ante un riesgo existencial del PP, ¿podría un empresario con carisma y un toque excéntrico, un rostro conocido en España, postularse como garante de la continuidad del conservadurismo español?

Daniel Iriarte

“El único terreno en el que podría aportar una figura así sería en el campo del pedrigrí en la gestión, sobre todo si se tratase de un gran empresario (tipo Amancio Ortega) o de un gran banquero (como Ana Patricia Botín). Sin embargo, no se vislumbran muchas razones por las cuales alguien así querría liderar el Partido Popular en un momento tan poco propicio como este”, añade Fernández-Vázquez.

“La cultura política interna del PP no admite estas fórmulas. No veo a ningún Trump español con capacidad de seducción y atracción sobre la militancia popular. En España, se habló en su momento de Mario Conde o José Luis Gil. Hoy en día, es difícil encontrar alguien de perfil trumpiano en el empresariado español”, concluye Lassalle.

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