Pinza de empresarios y sindicatos alemanes para que el Gobierno acabe con la austeridad

450.000 millones de euros en los próximos 10 años. Esta es la demanda que han hecho al Gobierno alemán en una insólita iniciativa común los sindicatos y los empresarios de la primera economía europea. Berlín, aseguran, debe abrir el grifo de la inversión pública, y de una manera inédita, inmediata y radical, para poder afrontar los retos que se avecinan: de la digitalización al envejecimiento de la población, pasando por la lucha contra el cambio climático y la modernización de la educación y las infraestructuras.

La necesidad hace extraños compañeros de cama. Y esta inusual alianza de sindicalistas y empresarios cree estar ante una emergencia. La Federación Alemana de Sindicatos (DGB), la organización paraguas que aglutina a todos los representantes de los trabajadores, y la poderosa Federación de la Industria Alemana (BDI) acaban de presentar un informe conjunto de sus respectivos centros de estudios en los que exigen al Gobierno alemán una "ofensiva inversora", finiquitar las políticas de austeridad y dar un golpe de timón en la gestión de las finanzas públicas. Piden una inversión pública anual de 45.000 millones de euros (sobre la presupuestada) hasta 2030. Un 1,35% del producto interior bruto (PIB) alemán (un 3,7% del español). Cada año. Durante una década.

Á. Moreno

Dieter Kempf, presidente de la BDI, afirmó que el gobierno tiene la "obligación" de "defender y mejorar" la competitividad del país "para asegurar a largo plazo el bienestar y el empleo" ante los crecientes desafíos para la industria alemana. Reiner Hoffmann, presidente de la DGB, argumentó por su parte que "solamente un programa de inversión pública comprehensivo y a largo plazo puede asegurar la competitividad futura de la economía. Y así, los puestos de trabajo buenos del día de mañana". Temen sobre la viabilidad a medio plazo de la economía alemana, la cuarta mayor del mundo por detrás de Estados Unidos, China y Japón, un transatlántico con gigantes industriales como Siemens, BASF, Volkswagen o Bayer, que lleva nueve años de crecimiento positivo, tiene uno de los mayores superávits comerciales del mundo, las cuentas públicas en equilibrio desde hace un lustro y la tasa de desempleo en mínimos históricos.

El informe especifica el destino concreto de esta lluvia de millones públicos. La mayor partida, con 138.000 millones de euros, sería para mejorar las infraestructuras municipales, seguida por los 109.000 millones para educación en todos sus niveles (de la ampliación de la educación temprana al fomento de los centros de investigación). Luego estarían los 75.000 millones para facilitar la descarbonización, la transformación de la economía para que sus emisiones netas se reduzcan a cero en cumplimiento del Acuerdo de París para atajar el calentamiento global. Además, 60.000 millones irían destinados a mejorar el ferrocarril, 20.000 para carreteras nacionales, 20.000 para el transporte público de cercanía, 20.000 para la instalación de las redes 5G y 15.000 para la construcción de vivienda social. En total, 457.000 millones de euros.

Protestas de funcionarios en la Puerta de Brandeburgo, en Berlín. (Reuters)Protestas de funcionarios en la Puerta de Brandeburgo, en Berlín. (Reuters)Protestas de funcionarios en la Puerta de Brandeburgo, en Berlín. (Reuters)

El objetivo no está en el corto plazo. No se trata, argumentan empresarios y sindicatos, de un paquete de estímulo para contrarrestar el actual tropiezo de la economía alemana, que estuvo a punto de entrar en recesión técnica este año tras un segundo trimestre con una contracción del 0,1% del PIB. El objetivo es preparar la economía para los cambios y subsanar años de escasa inversión. La ofensiva inversora pretende sentar las bases para defender la posición competitiva alemana en las próximas décadas y subsanar las consecuencias de años de austeridad.

"No se trata en primer lugar de combatir los síntomas de una recesión, sino de atacar las causas de una debilidad en el crecimiento", apuntó Kempf. "Según la BDI, ya a día de hoy faltan inversiones públicas de medio punto porcentual del PIB. Sin incluir las exigencias extras para la protección del clima", agregó el presidente de la organización empresarial, que recordó que en Alemania el 90% de la inversión proviene del sector privado. La inversión pública de la primera economía europea está por debajo de la media de sus socios comunitarios. El año que viene supondrá algo más del 2,5% del PIB, según las previsiones de este otoño de la Comisión Europea (CE). En comparación, la media de la UE ronda el 3%, la de EEUU está próxima al 3,5%, la de Finlandia supera el 4%y la de Suecia se acerca al 5%. "Si no (se pone en marcha la ofensiva inversora) estamos poniendo en juego el bienestar de las generaciones venideras", advirtió Kempf.

Antonio Martínez. Berlín

En esta misma línea incidió Hoffmann. "No nos podemos permitir por más tiempo poner en peligro el bienestar de las generaciones futuras con unas infraestructuras anticuadas y un sistema educativo subfinanciado. Las inversiones públicas refuerzan la cohesión social y promueven unas condiciones de vida equiparables en toda Alemania", aseguró el veterano sindicalista.

Inversión, deuda y justicia intergeneracional

De esta forma, los responsables de la BDI y la DGB tratan de dar la vuelta al actual relato predominante sobre la protección de las generaciones venideras. Sindicatos y empresarios apuestan ahora por la inversión pública para dejar un sistema económico justo y competitivo, cuando durante años el gobierno —encabezado por el bloque conservador de la canciller Angela Merkel ha insistido en que el "déficit cero", y con él el saneamiento de las cuentas públicas, era la verdadera piedra de toque de la justicia intergeneracional.

De hecho, el informe se plantea acabar con el tabú de la deuda pública, adentrándose en un debate que lleva meses cocinándose a fuego lento en Alemania. De un lado, está el Ejecutivo de la gran coalición y la mayoría de economistas de la órbita ordoliberal, que defienden un presupuesto equilibrado en cualquier contexto macroeconómico. De otro, las crecientes voces, en la empresa, la política y la academia que exigen que Alemania aproveche las inmejorables condiciones del mercado para invertir endeudándose. Porque en la actualidad toda la deuda alemana hasta sus bonos a 30 años tienen una rentabilidad negativa. Esto es, Berlín gana dinero endeudándose.

La canciller alemana, Angela Merkel. (Reuters)La canciller alemana, Angela Merkel. (Reuters)La canciller alemana, Angela Merkel. (Reuters)

El informe del Instituto de la Economía Alemana (IW), próximo a la BDI, y el Instituto de Macroeconomía y Investigación Coyuntural (IMK), el de los sindicatos, aboga por acabar con la dictadura del déficit cero. Plantea modificar el "freno de la deuda", la reforma constitucional que impide que el déficit supere el 0,35% del PIB, para incluir una "regla de oro" que permita un endeudamiento equivalente a la inversión neta. Mientras tanto, porque un cambio de la ley fundamental es complejo, piden que se aprovechen los superávits fiscales o que se ponga en marcha un fondo de inversión, un instrumento financiero que no estaría incluido en el presupuesto. "Una revolución inversora sostenible no es una cuestión de políticas económicas de izquierdas o derechas, sino simplemente un imperativo del sentido común económico", aseguró Sebastian Dullien, director del IMK, en una tribuna en el diario digital especializado Makronom.

No son los primeros que denuncian la sequía inversora a que ha llevado la austeridad en Alemania. En esta guerra llevan años Peter Bofinger, voz disidente en el reputado consejo de los "cinco sabios" que aconseja al Gobierno alemán, y que a principios de este año propuso mantener el endeudamiento fijo en el 3%, cumpliendo así con Maastricht, y dedicar el margen, unos 60.000 millones anuales, a inversión. El déficit cero, dijo en una entrevista al Handelsblatt, es un "gran problema". El otro gran referente es Marcel Fratzscher, presidente del Instituto Alemán para la Investigación Económica (DIW), que ya en 2014 denunció los estragos que estaba causando la falta de inversión en su libro 'Die Deutschland-Illusion'.

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