Pettifor, la 'Nostradamus' del clima: "No podemos cambiar de ropa todos los años"

"El mundo necesita un nuevo pacto verde y lo ideal es que esto ocurra lo antes posible". La frase no es de ayer, sino de hace once años. Ann Pettifor, una mujer con muchas vidas, ya predijo lo que ahora empieza a ser un lugar común. En el lejano 2008, junto con un grupo de economistas y ecologistas británicos, ideó ese conjunto de propuestas para abordar la emergencia climática que se ha convertido en el documento de referencia del ecologismo del siglo XXI: el 'green new deal'. Y Pettifor sabe de predecir crisis.

En 2006, esta escritora y analista del sistema financiero publicó 'La inminente crisis de deuda del mundial' en el que advertía de la insostenibilidad de la deuda privada y describía las potenciales consecuencias del derrumbe de los mercados globales. A partir de ese momento pasó de ser una casi desconocida asesora económica de los laboristas británicos a convertirse en una de las voces keynesianas más escuchadas en el Viejo Continente.

Directora del Policy Research in Macroeconomics (PRIME) y miembro del 'think tank' New Economics Foundation y del Green New Deal Group, Pettifor atendió a El Confidencial al margen de la inauguración de la Bienal Archipiélago Mediterráneo (BAM) de Transeuropa, celebrada el mes pasado en Palermo con talleres, exposiciones, conferencias y actuaciones artísticas sobre dos ejes: la crisis climática y Europa.

Pregunta. Su propuesta de un ‘green new deal’ cayó en su momento en el olvido. Ahora ha ganado cierta popularidad gracias a figuras como la mediática congresista demócrata Alexandria Ocasio-Cortez. ¿Por qué se ha tardado tanto?

Respuesta. Por fuerzas muy poderosas que han estado en contra del 'green new deal': el sistema financiero y, en general, todos aquellos que se benefician del sistema. Personalmente, lo que me motivó en 2008 es que vi una oportunidad en ese momento de repensar nuestros modelos económicos y proponer algo nuevo. Pero eso no pasó. En 2008, los banqueros pensaron que iban a ir a la cárcel y luego, de repente, descubrieron que eso no solo no iba a ocurrir sino que además iban a ser rescatados. Nadie pensó en alternativas.

P. En el Mediterráneo la temperatura está subiendo a un ritmo más elevado que el de otras zonas del mundo.

R. Sí, los científicos nos están diciendo que la amenaza es más grande de lo que ellos se esperaban. Eso me enfada porque tengo la sensación de que en el pasado han minimizado estas amenazas. Pero también creo que la responsabilidad también es nuestra porque como sociedad no hemos exigido lo suficiente a nuestros políticos; tenemos que ponerlo bajo una presión mucho más fuerte para que nos protejan de esta grave amenaza.

P. ¿No tiene la sensación de que muchas personas todavía no entienden en qué consiste este nuevo pacto que propone? ¿Qué es el ‘new green deal’ en la práctica?

R. La propuesta del ‘new green deal’ es la de un cambio estructural de nuestro sistema económico, como en su momento fue el 'New Deal' de Franklin Roosvelt en los años treinta; esta vez, para salvaguardar nuestro futuro y el medioambiente. Por mucho tiempo nos pidieron cambiar nuestros estilos de vida para revertir la crisis climática, que el cambio fuera individual. Eso está muy bien, pero no es suficiente. La verdadera llave es el grifo del crédito. Tenemos que aprender a gestionar mejor nuestro crédito.

P: ¿Es decir?

R: Nuestra economía está diseñada para mover enormes cantidades de créditos, dinero fácil que alimenta la producción y el consumo. Pues bien, a este sistema no le importa adónde el dinero va y para qué se usa. Esto tiene que cambiar. Hace unos días, [el ambientalista estadounidense] Bill McKibben detalló con evidencias cómo el sistema financiero está alimentado los fuegos de la crisis climática. Tiene mucha razón.

P. Estamos hablando de bancos, ¿cierto?

R. Después del Acuerdo de París sobre el clima (2015), los bancos más importantes de Wall Street le prestaron 196.000 millones de dólares a las compañías que se lucran con los combustibles fósiles, el petróleo, el carbón y el gas. En esos mismos tres años, Exxon, la mayor petrolera del mundo, se gastó apenas 3.000 millones de dólares en extraer petróleo. Los bancos están alimentando las emisiones [contaminantes]. Les estamos permitiendo hacer lo que quieren.

P. Algunos bancos europeos han empezado a ofrecer acciones ‘verdes’ a sus clientes. ¿Es puro márketing o sirve de algo?

R. Eso es un ejemplo de ‘greenwashing’ o lavado verde [una forma de pseudoecologismo que tiene como fin aumentar los beneficios de una empresa a través de la promoción de políticas supuestamente ecologistas]. Ellos se aseguran de que nada cambie y por eso se esconden detrás de estas prácticas.

P: Entonces, ¿qué se les puede exigir?

R: Hay que empezar por los bancos centrales, que son públicos en Europa y los pagan los contribuyentes europeos. Hay que pedirles que no otorguen dinero a la industria de los combustibles fósiles. Habrá que fijar criterios muy rígidos para establecer qué activos pueden calificarse como verdes y cuáles no. Esto sería una transformación fundacional. Después de eso, también se deberían fijar reglas también para el comportamiento de los bancos comerciales, para que estos beneficien mayormente a aquellos que crean empleo e ingresos.

P. En síntesis, el cambio debe venir de arriba.

R. El cambio empieza por nuevas reglas aprobadas por los Estados.

P. Ha argumentado que no será necesario aumentar los impuestos para poner en marcha las propuestas del 'green new deal' y que se podría crear una especie de gigantesca tarjeta de crédito.

R. Los impuestos son consecuencias de las inversiones. Cuando el Gobierno gasta, sobre todo si gasta en medidas que crean trabajo, eso genera entradas (de dinero). Al final de mes, el Gobierno ingresa este dinero que procede de los impuestos fiscales e impuestos indirectos como el IVA. Si se invierte en proyectos verdes, eso también generará empleos y entradas que permitirán la devolución del dinero anteriormente prestado. Todo el sistema se reembolsaría solo.

P. Recientemente dijo que Estados Unidos se puede permitir este nuevo pacto verde. ¿Va a ser más difícil para las economías de bajos ingresos?

R. En los países con los sistemas más avanzados, como Estados Unidos, Reino Unido o España, son las instituciones públicas las que sostienen el sistema monetario. Pero en muchos países de bajos ingresos no hay sistemas monetarios públicos. El resultado es que no tienen autonomía y deben apoyarse, por ejemplo, en dinero estadounidense, inglés o japonés. Eso les deja en una desventaja enorme. La solución está en incentivarlos a desarrollar mayor autonomía, pero eso no ocurre. Cuando están en aprietos el Fondo Monetario Internacional (FMI) va y les otorga ayudas que luego tienen que devolver. Eso no resuelve el problema.

P. Recuerda el caso de Argentina.

R. Argentina es el ejemplo clásico. Es un país esencialmente dolarizado. Por eso, cada vez que explota una crisis, a pesar de que se culpe a las personas, en verdad es el sistema que no funciona.

P. En el último año, diversas marcas de la industria textil de lujo, una de las que más contaminan, han lanzado campañas ‘free carbon’ [libre de emisiones contaminantes]. ¿Qué opina de esto?

R ¡Me quiere poner en apuros! Como escribí en mi libro, creo que (la influyente revista de moda) Vogue dejará de existir (se ríe). Se lo dije, es necesario un cambio estructural y esto incluye también que se ponga fin al consumo desechable. No es posible cambiar de ropa todos los años.

P. Algunos intelectuales no europeos también critican los subsidios que reciben la ganadería y la agricultura en Europa.

R. Mi opinión es distinta. La respuesta, desde mi punto de vista, es desarrollar economías más locales, sostenibles y autosuficientes. En Reino Unido consumimos judías verdes que se producen en Kenia y están consumiendo las aguas subterráneas de ese país. Y también entiendo que los agricultores europeos se sientan desprotegidos por la globalización y acudan al Estado a pedir protección. El tema es que ahora la gente quiere consumir aguacate todos los meses del año y cambiar de hábito no es algo fácil.

P. El aguacate que está secando a Chile.

R: Exacto. Es un sistema insostenible.

P. ¿Hay algún país que haya empezado a aplicar las propuestas del 'green new deal'?

R. No. Lamentablemente no hay. Estados Unidos no controla su economía y no le importan las protestas. Europa es lo mismo; tampoco hay una gran preocupación por el ascenso de las ultraderechas. China tampoco ha empezado a aplicar el nuevo pacto verde pero sí es un sistema que controla su economía. Además, como ya dije, los chinos no se puede permitir grandes protestas sociales.

P. Es curioso que hable de la economía china porque existe un argumento que los negacionistas de la crisis climática repiten según el cual las preocupaciones ecologistas del Occidente acabarán con frenar a estas economías, mientras que China, uno de los mayores contaminadores del mundo, seguirá expandiéndose en el mundo y mejorando su economía.

R: Tengo dos respuestas a esta pregunta. La primera es que hemos exportado nuestras emisiones a China, pues es allí donde producimos muchísimos productos que consumimos hoy en todo el mundo. La segunda es que en parte China sí está abordando este problema. La razón es que han entendido que la contaminación es un tema político y que habrá protestas y disturbios si no cambian. Cuento con que cierren pronto sus minas de carbón, así como lo hizo recientemente Alemania con las centrales nucleares. Dicho esto, hay otro argumento muy repetido.

P. ¿Cuál?

R. Dicen que el Occidente se hizo rico a través del uso de los combustibles fósiles y que ahora no quiere que otros países los usen pues eso los haría ricos. Sin embargo, el verdadero problema es que los países occidentales han extraído, masivamente y durante décadas, recursos de los de bajos ingresos. Por esa razón también los países de bajos ingresos deben luchar para recuperar esas riquezas. Aunque, claro está, los países ricos deben interrumpir inmediatamente la extracción de recursos de allí.

P. Suena bastante utópico.

R. No lo es. África puede ser autosuficiente. Puede producir su comida, su ropa y sus construcciones, que son los tres pilares sobre los que Europa ha construido su riqueza. África puede lograrlo pero hay que permitírselo. Esto es quizá la utopía. Pero le aseguro que pronto se producirá otra crisis.

P. ¿Otra crisis?

R: Sí, una crisis que hará necesario que se tomen acciones urgentes. Nos obligará a comportarnos muy diferentemente.

P: ¿Qué le hace pensar que esto ocurrirá?

R. Porque sé que el sistema financiero mundial es increíblemente desequilibrado, en una situación peor a la que teníamos antes de [la Gran Recesión] de 2009. Cuando la economía global está tan desequilibrada, hay algo que finalmente hace que todo colapse. Lo vimos en 2007 y ha pasado regularmente en nuestra historia. Debemos recuperar el equilibrio. Pero no hay nadie en el mundo que esté trabajando para que esto no ocurra. Por eso se producirá una nueva crisis, la única pregunta es qué la desencadenará y cuándo.

P. ¿La crisis climática podría acelerar este escenario?

R. Claro. Ciudad del Cabo (Sudáfrica) se quedó sin agua hace poco. Unas de las principales compañías de California (Estados Unidos) dejó sin electricidad a cientos de consumidores a causa de los incendios forestales. Eventos así pueden provocar el colapso de nuestros sistemas. Y, quizá, empujarnos finalmente al cambio.

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