Habla la agente que espió a las víctimas de Weinstein, el gran abusador de Hollywood

A sus 36 años, Stella Penn Pechanac ha tenido muchos nombres. Más de 100. Pero será recordada como una de las 'espías de Harvey Weinstein'. ¿Su trabajo? Averiguar si había una 'mano negra' detrás de las decenas de acusaciones de acoso y abuso sexual que empezaban a apilarse contra el famoso productor de cine. Para su misión, creó a 'Anna' y a 'Dianna Filip', falsas identidades que utilizó para acercarse e incluso fingir amistad con una de las víctimas del magnate de Hollywood. Una de las muchas que luego alimentaron el #MeToo. Dos años después, su carrera en el mundo del espionaje empresarial está acabada y su imagen manchada por acusaciones de "traición" a su género por trabajar para un presunto agresor sexual apologético y reincidente. Ahora, la espía israelí busca dar su versión de los hechos: "No pueden culparme por hacer mi trabajo".

Penn era parte de un selecto grupo de investigadores privados de la agencia de inteligencia Black Cube, fundada por israelíes, con mayoría de agentes de nacionalidad israelí y vínculos con el Mossad. Weinstein recurrió a esta firma para intentar detener el maremoto que estaba por llegar y que terminaría llevándoselo por delante. El monto del contrato fue de —al menos— 1,3 millones de dólares. La exagente, embarazada de su segundo hijo, habla con El Confidencial en una de las escasas entrevistas que está concediendo a medios internacionales. Admite su participación en el operativo —bajo el nombre en código 'Paracaídas'— y relata cómo investigó a "varias personas" por orden de Weinstein, entonces en la cumbre de su poder.

J. R. López

Como uno de los productores estrella de la industria del cine estadounidense, Harvey Weinstein es la fortuna detrás de la saga 'Kill Bill' (y casi todas las películas de Quentin Tarantino), 'El indomable Will Hunting', 'El señor de los anillos', 'El discurso del rey', 'Los otros' o 'El aviador'. Con sus seis óscares y su enorme influencia en Hollywood, parecía intocable. Hasta que en octubre de 2017 fue señalado por décadas de acoso y abuso sexual contra decenas de actrices, ayudantes de producción, colaboradoras, asistentes y otras empleadas de sus compañías. Su caso dio auge al movimiento MeToo (yo también), con el que miles de víctimas sexuales rompieron su silencio. Y también marcó para siempre a Penn.

Tu amiga Dianna

Black Cube empezó a trabajar con Weinstein, según la propia Penn y documentos filtrados por medios estadounidenses, en octubre de 2016, cuando todavía no había estallado el escándalo. Weinstein se acercó a la compañía con una petición habitual en el mundo de los negocios: investigar la presunta existencia de un complot para arruinar su reputación. El magnate estaba paranoico y Penn —como parte del operativo— se reunió directamente con él.

"Todos los indicios hacían pensar que era un caso más de una campaña de desprestigio y para eso fue contratada la compañía. Para identificar si existía esa campaña negativa contra él y quién estaba detrás. Un competidor, un rival en la industria de Hollywood, alguien cercano a él que se beneficiara de su caída", cuenta la exagente, quien también pasó por las filas del Ejército israelí. Sin embargo, sostiene, en aquel momento no era un tema de acoso sexual: "La parte femenina del operativo era solo una parte. Durante la investigación, yo me acerqué a sus rivales, gente cercana a él… Todo hombres".

Stella Penn, exespía de la agencia Black Cube. (Jorge Álvaro Manzano)Stella Penn, exespía de la agencia Black Cube. (Jorge Álvaro Manzano)Stella Penn, exespía de la agencia Black Cube. (Jorge Álvaro Manzano)

En realidad, sí había indicios de que era un asunto relacionado con abusos y acoso a mujeres del círculo de Weinstein. Entre las personas a las que Penn investigó estaba Rose McGowan ('Embrujadas', 'Scream' y 'Death Proof'), quien estaba trabajando en un texto en el que presuntamente se plasmaban sus alegaciones contra Weinstein —al que finalmente acusó de violación—. Penn se acercó a la actriz bajo la identidad de Diana Filip con la intención de acceder al manuscrito. Más adelante, en esta entrevista, Penn admite que, dentro de las distintas facetas de la investigación, sí había una rama relacionada con asuntos sexuales. “Pero, incluso entonces, no era un tema de violación sino de alegaciones de posible acoso sexual que pasaron hace tantísimo tiempo”.

En octubre de 2016, cuando según Penn su agencia comenzó a trabajar para Weinstein, un periodista del 'New York Post' fue contactado por una mujer, 'Anna' (una de las tapaderas de Penn), que alegaba haber sufrido una historia de abuso similar por parte de Weinstein. El periodista, según ha relatado posteriormente, sospechó, porque el interés de Penn parecía no tanto contar su historia sino averiguar qué otras mujeres contactaron con el periodista para contarle las experiencias de abusos perpetradas por el magnate de Hollywood.

Una lista de 40 mujeres

Rose McGowan. (EFE)Rose McGowan. (EFE)Rose McGowan. (EFE)

Según el retato de Penn, fue algo más adelante en la investigación cuando Black Cube recibió del equipo de Weinstein una lista de nuevos objetivos que podrían estar relacionados con esa presunta campaña negativa, ‘targets’ que Penn y el resto del operativo debían investigar. Todas las personas en la lista, unos 30 o 40 nombres, eran mujeres. "Eso fue una ‘red flag’ [señal de alarma]", señala Penn. Fue entonces —siempre según el relato de la israelí— cuando la compañía dejó el caso.

—No fuimos capaces de encontrar, de identificar, a esa persona, entidad o compañía única responsable de esa campaña negativa [contra Weinstein].

Y si no lo lograron encontrar es que no existía, da a entender. No había una 'mano negra' que empujara a las decenas de mujeres a contar sus experiencias de distintos grados de acoso y abuso sexual por parte del 'rey de Hollywood', ni tampoco oscuros incentivos para que los periodistas publicaran sus historias. Los testimonios llegaron hasta los 80 nombres. Algunos de muy alto perfil, como Cate Blanchett, Angelina Jolie, Salma Hayek o Cara Delevigne. Se denunciaron los 'castings' de sofá, las insinuaciones, los restriegos, chantajes e incluso violaciones presuntamente perpetrados por el magnate. Llegó el #MeToo que sacudió Hollywood.

"El Harvey Weinstein que yo conocí en 2016 no era para nada la imagen de él que hemos visto y leído en 2017, 2018 y hoy día. Fue muy profesional, muy amable conmigo, incluso simpático. Un caballero", recuerda la espía en la larga conversación mantenida con El Confidencial.

Un silencio de 25 millones de dólares

Este 6 de enero comienza en Nueva York el primer juicio penal contra Weinstein, acusado de violar en 2013 a una mujer cuya identidad no se ha hecho pública y por forzar a una asistente de producción, Mimi Haleyi, a practicarle sexo oral en 2006. Si se le declara culpable de todos los cargos presentados contra él por la vía penal, podría caerle la cadena perpetua.

Mientras tanto, Weinstein mueve sus fichas. Hace un par de semanas, se publicó un acuerdo tentativo de 25 millones de dólares (22,4 millones de euros) a repartir entre una treintena de sus víctimas, una cantidad irrisoria (ninguna recibirá más de 500.000 dólares, y varias mucho menos) para el multimillonario productor que hacía y deshacía a voluntad en Hollywood y que podía levantar —y destruir— carreras con un solo gesto. Aunque el dinero tampoco saldrá de su bolsillo, sino que será asumido por las pólizas de seguros de su productora, The Weinstein Company, según los detalles del acuerdo a los que ha accedido el 'New York Times'. Es más, parte de esos 25 millones servirán para sufragar los gastos de la defensa del propio Weinstein.

EFE

“Me siento como el hombre olvidado. He hecho más películas dirigidas por mujeres, y sobre mujeres, que ningún otro productor de cine, y estoy hablando de hace 30 años. No estoy hablando de ahora, cuando está en boga [hacer películas de mujeres]. ¡Yo lo hice antes! ¡Fui pionero!”, intenta reivindicarse, con su habitual estilo chulesco, el otrora todopoderoso ejecutivo en una entrevista con el 'New York Post' publicada la semana pasada.

Los comentarios de Weinstein han vuelto a levantar la indignación entre las afectadas. Horas después de la publicación de la entrevista, 23 de las víctimas acusaron a Weinstein de seguir intentando menoscabar las experiencias de abuso de sus víctimas. "No quiere ser olvidado. Bien, no lo va a ser. Lo recordaremos como el depredador sexual y abusador irredento que tomó todo y merece nada", señalaron en un comunicado.

Stella Penn, en el hotel Wipton. (Jorge Álvaro Manzano)Stella Penn, en el hotel Wipton. (Jorge Álvaro Manzano)Stella Penn, en el hotel Wipton. (Jorge Álvaro Manzano)

Espía expuesta

Entre las firmantes del comunicado está la propia Rose McGowan, uno de los objetivos que Penn investigaba. Bajo el nombre de Diana Filip, Penn se hizo pasar por una ejecutiva de la firma londinense Reuben Capital Partners que estaba organizando un ciclo de conferencias sobre el papel de la mujer y el liderazgo, en las que quería que participara McGowan. Penn logró hacerse con la confianza de la actriz e incluso acceder al manuscrito en el que McGowan narraba detalles de la presunta violación de Weinstein.

Pero entonces, en noviembre de 2017, cuando ella estaba de vuelta en Israel y embarazada de su primer hijo, su tapadera e identidad saltaron por los aires. De repente, su nombre, Stella Penn, y su actividad como espía en nómina de Black Cube estaban por todas partes.

—¿Cómo se sintió cuando su identidad fue expuesta?

—Fue un 'shock'. Como un trueno en un día claro. Cuando eres un agente (la gente y los medios, muchas veces, usan la palabra 'espía', pero en realidad nosotros usamos agente en el terreno, u operativo humano), cuando trabajas en este tipo de campo, obviamente tu identidad, quién eres, es muy confidencial y está muy protegida. Es la peor pesadilla de un agente. Porque haces lo que sea para proteger tu identidad real. Pero también estás trabajando para una compañía civil, y sabes que [ser identificado] es un riesgo profesional.

La identidad real de Penn fue revelada por el periodista Ronan Farrow en un reportaje titulado "El ejército de espías de Weinstein" para 'The New Yorker'. Él mismo había recibido un mensaje de Penn intentando acercarse a él, que el periodista entendió como un intento de sonsacarle información.

Penn se convirtió entonces en la "espía personal" de Weinstein que "cruelmente" fingió amistad con una víctima de violación para sonsacarle información

Penn se convirtió entonces en la "espía personal" de Weinstein que "cruelmente" fingió amistad con una víctima de violación para sonsacarle información. Una perfecta 'bruja mala' traidora al género femenino, una cómplice de uno de los hombres más poderosos de Hollywood que pretendía silenciar y acosar a mujeres víctimas de sus abusos sexuales. En ese entonces, Penn todavía trabajaba para Black Cube en labores de inteligencia, aunque no como espía en el terreno, bajo la estricta regla de no hablar nunca con la prensa. "Para mí fue muy duro leer y no poder decir nada mientras otros contaban mi historia, mi vida. Yo fui la única mujer que fue silenciada en esos tres años".

Stella Penn, en el hotel Wipton. (Jorge Álvaro Manzano)Stella Penn, en el hotel Wipton. (Jorge Álvaro Manzano)Stella Penn, en el hotel Wipton. (Jorge Álvaro Manzano)

"Traicionada" por el círculo de Weinstein

Penn no era la única agente implicada en la investigación de los "enemigos" de Weinstein —afirma no poder dar cifras exactas de cuánta gente participaba en el operativo, pero era un grupo pequeño "muy selecto"—, pero sí la única cuya identidad ha sido revelada. Para ella, "el ataque" no solo pretendía mostrar la implicación de la agencia Black Cube, sino que fue algo "personal".

—Dice que haría cualquier cosa por proteger su identidad. Sin embargo, fue filtrada. ¿Cuáles fueron los errores?

—Viéndolo en retrospectiva, esto pasó porque alguien habló. Fue el 'factor humano'. Y nadie puede protegerte de eso. No fue algo que yo hubiera hecho mal o pudiera haber hecho de manera diferente. En este operativo concreto, yo me involucré en la relación con el cliente. Así que sus consejeros, sus abogados y gente del círculo de Weinstein me conocían. Esa fue una de las lecciones [que Black Cube] aprendió de este asunto: ningún agente trata con los clientes. Si lo piensas, es un poco una justicia poética: mi trabajo ha sido exponer y revelar verdades, y entonces...

Stella Penn, en el hotel Wipton. (Jorge Álvaro Manzano)Stella Penn, en el hotel Wipton. (Jorge Álvaro Manzano)Stella Penn, en el hotel Wipton. (Jorge Álvaro Manzano)

Como parte de su trabajo como espía, no se le permitía publicar fotos ni tener redes sociales de ningún tipo, ni siquiera del 'baby shower' de su hijo. Pero cuando su nombre salió a la luz, los medios de comunicación rastrearon incluso las fotos de su boda, publicadas por la diseñadora de su vestido de novia, y su participación en una película documental hacía más de 15 años. Su pasado y el de su familia, propio de una novela de John LeCarré, quedó totalmente al descubierto. Penn nació en Sarajevo, en el seno de una familia de orígenes musulmanes cristiana ortodoxa que acogió a judíos yugoslavos durante el Holocausto. La familia, más tarde, se convirtió al judaísmo y huyó a Israel durante la guerra de los Balcanes. Penn cuenta que en su pasaporte israelí todavía pone 'nacida en Yugoslavia' (la de Tito), lo que hace levantar alguna que otra ceja en los aeropuertos.

El espionaje, al menos tal y como lo había ejercido hasta entonces, es ahora una puerta cerrada para ella.

—¿Encontró alguna prueba que le permitiera decir que estas acusaciones de acoso sexual contra Weinstein eran ciertas?

Mi trabajo es siempre no juzgar.

"Viéndolo con retrospectiva, de haber sabido el alcance, la cantidad de nombres implicados de este escándalo... Quizá no habríamos participado"

¿Se arrepiente? "No puedo pedir disculpas por hacer mi trabajo", asevera, sintiéndose injustamente juzgada. Aunque matiza: "Viéndolo ahora con retrospectiva, de haber sabido el alcance, la cantidad de nombres implicados de este escándalo... Quizá no habríamos participado. Ni la empresa".

Espías empresariales con inteligencia israelí

La empresa es Black Cube, con sedes en Londres, Tel Aviv y Madrid (y se está expandiendo a Latinoamérica). Su equipo tiene enlaces con exagentes del servicio secreto israelí (el Mossad) o de la Agencia de Seguridad Israelí (Shin Bet). "Sí, muchos de mis compañeros eran israelíes", detalla Penn. Los lazos entre Israel y la compañía de investigación son estrechos: el ex primer ministro israelí Ehud Barak fue el que puso a los abogados de Weinstein en contacto con la firma de espionaje, admite la israelí, sin entrar en más detalles.

Black Cube se dedica principalmente, según Penn, al espionaje empresarial, al "crimen de guante blanco". Entre los casos en los que han participado, están destapar la mayor bancarrota de Israel (el caso Fishman, con conexión ibicenca), un caso de sobornos de la petrolera mexicana Pemex y un caso de pago a jueces por parte de un oscuro abogado panameño. Después del caso Weinstein (por el que la compañía ha llegado a pedir disculpas), la compañía ha seguido cerca de la polémica por su participación en casos en los que investigaba a funcionarios de la Administración Obama, entre otros.

Stella Penn, en el hotel Wipton. (Jorge Álvaro Manzano)Stella Penn, en el hotel Wipton. (Jorge Álvaro Manzano)Stella Penn, en el hotel Wipton. (Jorge Álvaro Manzano)

En sus cinco años en la compañía, Penn ha trabajado en algo más de 100 casos y operativos, "la mayoría de ellos de manera muy exitosa", afirma.

Lo cierto es que Stella Penn encaja con el estereotipo de espía: rubia y elegante, buen tipo, domina varios idiomas y tiene experiencia en las fuerzas del Ejército del Aire israelí, donde escaló hasta el rango de teniente. El maquillador le ha pintado los labios de rojo, aunque ella dice que "no es su estilo habitual". Cuando sonríe, se da un aire a Gwyneth Paltrow. ¿Ayuda ser atractiva para extraer información confidencial?

"La apariencia tiene que ir con la identidad de la tapadera. El modo en el que te vistes, actúas. Te metes en el rol. No es lo mismo ser una mujer de negocios o una heredera de una gran fortuna o una secretaria o estudiante. Tener un aspecto determinado puede ser una ventaja o incluso una debilidad. Si eres muy atractiva, el objetivo puede sentirse intimidado, por ejemplo. Ser guapa no puede ser tu estrategia para aproximarte a un objetivo", sostiene. Sobre el estereotipo de 'chica Bond', lo encuentra algo insultante: "Los ambientes en los que nos movemos suelen ser empresariales, vamos con traje. No apareces saliendo del mar con un bañador húmedo".

En el mundo del espionaje empresarial, resulta más importante el carisma, saber comunicarse y establecer lazos, sostiene. "Hablas con hombres de negocios de muy alto perfil o con personas que se han visto involucradas en asuntos muy problemáticos. Tienen que revelarte cosas y lo hacen porque sienten que estás en la misma página, en su mismo nivel”. El mundo del espionaje, recalca, no es el que vemos en las películas. "Nadie dice ‘mira, eres muy sexy, déjame contarte cuán corrupto soy”, bromea.

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