El dilema existencial laborista: la izquierda, condenada a otra década en la oposición

“Todo se jodió en el Reino Unido cuando ganó el Miliband feo”. La frase se escuchó en los pasillos de Bruselas, en plena cumbre europea, cuando al otro lado del Canal de la Mancha se anunciaba la victoria aplastante de Boris Johnson en las que han sido las últimas elecciones generales que el país ha celebrado como miembro del bloque.

Lo cierto es que la reflexión lleva ya años circulando por los pasillos de Westminster. Muchos se preguntan hasta qué punto las cosas habrían sido diferentes si la oposición hubiera contado con otro líder diferente a Jeremy Corbyn.

Nacho Alarcón. Bruselas

El veterano político, de 70 años, se disculpaba este domingo con una carta pública a su electorado tras llevar al laborismo a sus peores resultados desde 1935. “Fue un duro golpe para todos los que tan desesperadamente necesitan un cambio real en nuestro país”, afirmó. Enemigo de la austeridad, defensor de Hugo Chávez, simpatizante de la causa palestina y valedor de nacionalización de los ferrocarriles, el gas y la electricidad, el diputado de Islington (donde ha sido reelegido por décima vez) nunca contó con el gran beneplácito de sus propias filas.

La Tercera Vía y la opción Blair

Aunque su nombramiento como líder en 2015, no puede entenderse sin el triunfo (inesperado) del menor de los hermanos Miliband en primarias de 2010. La prensa ya le bautizó entonces como “Ed el rojo”. ¿Marcó aquello el inicio del fin?

El laborismo inicia ahora, según palabras del propio Corbyn, un “periodo de reflexión” que se extenderá hasta principios del próximo año, cuando el partido elegirá a su próximo líder. Aunque francamente, Boris Johnson -que cuenta ahora con una mayoría de 80 escaños- marca una nueva era que no tiene pinta de finalizar en 2024, cuando están previstas los próximos comicios. Por lo tanto, todo indica que a la formación podrían quedarle otros diez más en la oposición.

No sería la primera vez. Estuvieron 18 años fuera de Downing Street hasta que Tony Blair se hizo con el poder en 1997, triunfando con el centro izquierda que se alargó hasta la llegada de David Cameron en 2010.

David Miliband se presentó entonces a las primarias laboristas como figura continuista de la Tercera Vía. Pero fue su hermano “Ed el rojo” quien tomó el timón, gracias al apoyo de los sindicatos, con tremendo poder en la formación. Y el viaje a la izquierda radical se consagró con la llegada en Corbyn, cinco años más tarde. Estadísticamente, el veterano político ha ganado ahora un porcentaje de votos mayor al cosechado en su día por Ed Miliband (2015) o Gordon Brown (2010).

Celia Maza. Londres

Sin embargo, la sensación es de catástrofe al haber perdido hasta 24 circunscripciones del conocido como “Muro Rojo”, donde el electorado había apostado por los laboristas desde la II Guerra Mundial. La derrota, por ejemplo, de Dennis Skinner, de 87 años, conocida como “la bestia de Bolsover” -llevaba representado al bastión laborista en Westminster desde 1970- se ha convertido en todo un símbolo.

Contra el segundo referéndum

La mayoría de estos distritos abogaron en su día por el Brexit. Y en este sentido, el hecho de que el laborismo se presentara ahora con la promesa de un nuevo referéndum ha supuesto para muchos una traición. “Nunca fue una buena receta”, señala ahora el presidente del partido, Ian Lavery. “Ignora la democracia y las consecuencias volverán y te morderán la espalda”, matiza.

Ian Lavery, actual portavoz de los laboristas. (Reuters)Ian Lavery, actual portavoz de los laboristas. (Reuters)Ian Lavery, actual portavoz de los laboristas. (Reuters)

El principal asesor de Corbyn, Seumas Milne, y el responsable del sindicato Unite, Andrew Murray, siempre se mostraron escépticos. El propio Corbyn nunca quiso abogar por una nueva consulta. Pero John McDonnell, su mano derecha y portavoz de Economía, acabó convenciéndole. “Si hay alguien a quien culpar de los desastrosos resultados es a mí. Punto y final”, declara ahora éste último.

Sin duda alguna la ambigüedad que siempre mostró Corbyn ante la cuestión comunitaria no ayudó. Los voluntarios que participaron en esta campaña se quejaban de que, ante el mensaje directo y claro de los 'tories' (“ejecutemos el Brexit”) ellos no conseguían la atención del electorado cuando se ponían a enumerar la larga lista de promesas del que ha sido el manifiesto más radical desde la II Guerra Mundial.

Ramón González Férriz

Con todo, no ha sido ni el Brexit ni el programa (las nacionalizaciones propuestas, de hecho, tenían el respaldo del electorado) por lo que los votantes han abandonado a la formación. La razón principal ha sido Corbyn. El laborismo lo sabe. Y el propio Corbyn también.

El líder peor valorado

Su defensa a regímenes como el venezolano o el iraní, las simpatías mostradas en el pasado hacia el IRA o las constantes polémicas con los problemas de antisemitismo por las que no se quiso disculpar en el reputado programa con Andrew Neil (al que Boris Johnson ni siquiera se dignó a ir) le convertían en un líder nada popular. Según las encuestas, el electorado confía más en que Johnson pueda hacer frente a la crisis del Sistema Nacional de Salud Pública que el propio Corbyn, el líder de la oposición peor valorado desde que comenzaron los registros.

Los defensores del veterano político le presentan como un altruista, sin ningún tipo de ego, que siempre se ha mostrado fiel a sus ideales. Incluso tras la derrota, él mismo defiende en su carta pública al electorado que se siente orgulloso de que su programa haya “contribuido a establecer los términos del debate durante la campaña”.

En los últimos cuatro años, el corbynismo ha considerado que era mejor apostar por un líder y un manifiesto del que puedan sentirse orgullosos, que un programa o dirigente con el que tuvieran oportunidades reales de ganar. El problema es que en política, tal y como apuntaba el columnista Jonathan Freedland recientemente en 'The Guardian', “un partido o se convierte en un vehículo plausible para el formar Gobierno o no es nada”.

Y ahí el dilema que debe afrontar ahora la formación en este “periodo de reflexión” a la hora de elegir su nuevo líder: ¿debe ser un heredero de Corbyn o alguien más centrista que permita recuperar al electorado más moderado?

Esteban Hernández

Desde hace meses, los nombres que más suenan para representar a uno y otro bando son los de Rebecca Long Bailey y Keir Starmer. La primera, de 40 años, euroescéptica, es la actual portavoz de Negocios y protegida de John McDonnell. El segundo, de 57 años, pro UE, es el actual portavoz del Brexit y siempre apostó por un segundo plebiscito.

En cualquier caso, existe casi un convencimiento de que el laborismo será dirigido por primera vez por una mujer. Y en este sentido, a Long Bailey es muy posible que le salgan varias competidoras, entre ellas, Angela Rayner, otra de las defensoras de Corbyn. La actual portavoz de Educación dejó la escuela a los 16 años al quedarse embarazada. Nunca terminó sus estudios y a sus 39 años se ha convertido ya en abuela. Por su parte, también se lo estaría pensando Yvette Cooper, 50 años, quien formó parte del gabinete de Brown y ya se presentó sin éxito por las primarias de 2015.

Habrá que esperar hasta inicios del próximo año para ver el nuevo rumbo de la formación y las previsiones de éxito o nuevo fracaso que se abren con el nuevo líder. De momento, como responsable de la oposición tendrá que ponerle las cosas complicadas al Gobierno, algo que, para muchos, Corbyn nunca consiguió.

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