Vox, África y el último muro de Europa

"Una nación sin fronteras no es una nación. Queremos la construcción de un muro infranqueable", repetía como un mantra Santiago Abascal el pasado 30 de octubre en su más reciente visita a uno de los pasos fronterizos entre España y Marruecos. El objetivo era publicitar a escasos días de las elecciones la controvertida promesa de Vox de cambiar las actuales verjas que separan Ceuta y Melilla del territorio marroquí por una barrera de hormigón que pare en seco a los migrantes.

Hace 30 años que cayó una de las murallas más inexpugnables de la historia. Con un perímetro de 155 kilómetros y una altura de 3,6 metros, el Muro de Berlín estaba además protegido por trincheras, minas, cercas de alambre de púas, más de 300 torres de vigilancia y cientos de soldados armados con luz verde para disparar. Pero eso no impidió que, durante casi tres décadas, más de 5.000 personas lograran huir del Berlín comunista a través de túneles, butrones, tirolinas y hasta globos aerostáticos. Al menos 140 murieron en el intento, pero todos dejaron una gran lección histórica: ni siquiera el riesgo a perder la vida puede aplacar el deseo de huir de la miseria.

EFE

El 'Muro de la Vergüenza' tampoco llegó a cumplir su misión. En esos mismos años, más de 600.000 alemanes del Este lograron desertar al vecino primer mundo por diferentes vías. Mientras, el costo de mantener militarizada una operación de tal escala se convirtió uno de los lastres financieros que contribuyeron a la implosión del bloque socialista.

Frente al enrejado metálico de Ceuta, el propio Abascal reconocía hace una semana que el muro es más un símbolo que una forma efectiva de frenar una supuesta "invasión" migratoria —que no respaldan las cifras—. "Entendemos que el muro impediría que se entre en España por tierra, pero estas personas buscarían otras fórmulas", aseguró. "Pero queremos lanzar el mensaje al mundo de que en España no cabe toda África".

Sin embargo, según ingenieros, expertos migratorios y policías fronterizos contactados por El Confidencial, este "mensaje al mundo" sería ineficaz, costoso y contraproducente para enfrentar el desafío migratorio. Una realidad que sigue hoy tan vigente como en 1989.

Populismo de hormigón

La propuesta de Vox, recogida vagamente en su programa bajo la engañosa fórmula "muro infranqueable", está lejos de ser una excentricidad. De hecho, encaja con la lógica populista que desde hace años y, sobre todo, tras la crisis migratoria de 2015 prolifera en Europa y buena parte del mundo.

Desde el fin de la Guerra Fría se han construido en Europa unos 1.000 kilómetros de muros y verjas —seis veces la extensión del Muro de Berlín— que han supuesto para los gobiernos más de 900 millones de euros, según el informe 'The Business of Building Walls' ("El negocio de construir muros"). La conclusión del estudio tras analizar las distintas barreras fronterizas a lo largo de Europa es tajante.

"A largo plazo, estos muros nunca son efectivos", declara Mark Akkerman, investigador de migraciones europeas y autor del informe publicado esta semana por el Transnational Institut (TNI) y otras organizaciones. "Son obstáculos para los migrantes, por supuesto, pero se les acaba empujando hacia otras rutas más peligrosas usando a las mafias". Akkerman asegura que las promesas de los partidos de construir murallas son simbólicas, cuyo fin es electoralista "para enseñarle al público, la prensa y otros países que el gobierno es duro en materia migratoria". Y donde hay votos, hay dinero.

Un muro, un negocio

No se podría entender la proliferación de medidas de defensa sin la crisis migratoria en Europa originada por la guerra civil siria. De los 13 países europeos con muros fronterizos, nueve los levantaron después de la oleada de refugiados de 2015. En algunos de estos países, las ideas de los partidos ultraderechistas han influido la agenda del gobierno desde fuera (Viena) o desde dentro (Budapest) para fortificar las fronteras y se han mostrado como importantes reclamos electorales para el electorado xenófobo que achaca sus males económicos a los inmigrantes.

Las barreras más caras se ubican en la frontera que comparte Hungría con Serbia y Croacia (440 millones de euros) y entre Rusia y Estonia (130 millones de euros). En tercer lugar están las verjas que separan Ceuta y Marruecos, zona en la que se habrían gastado unos 140 millones de euros en la ejecución, reparación y mantenimiento de la infraestructura, según el estudio.

Para Akkerman, la protección de fronteras en la Unión Europea se ha convertido en un lucrativo negocio alentado por empresas que se benefician de la construcción, operación y mantenimiento de estas infraestructuras defensivas. No solo son terrestres, sino que incluyen las operaciones marítimas —en las que se ha invertido casi 700 millones de euros desde 2006— y los llamados "muros virtuales" —a los que se han destinado casi 1.000 millones desde 2000—.

El grueso del negocio se lo han llevado los grandes contratistas europeos, incluyendo la francesa Thales, especializada en armas, sistemas de radar y sensores; la italiana Leonardo y y la multinacional europea Airbus, que fabrica helicópteros para patrullar fronteras.

Pero en cada país destacan varias compañías nacionales que se lucran con las inversiones públicas en seguridad. En España destacan European Security Fencing (ESF) —empresa malacitana que tiene el monopolio de las concertinas en Europa—, Indra —que consiguió varios contratos para erigir y fortalecer las vallas en Melilla junto a radares, sensores y sistemas de visión—, Ferrovial o Dragados.

¿Liso y verde?

Vox, hasta el momento, ha dado pocos detalles sobre cómo sería el muro. El Confidencial solicitó al partido una entrevista con algún portavoz para explicar con más detalle el plan, pero no fue concedida. Apenas han dicho que quieren sustituir las vallas por un muro de hormigón armado de unos 5 o 6 metros de altura, coronado por otro tramo de verjas metálicas. "Un muro liso, para que no se puedan cortar [...] y pintarlo de verde para que sea ecológico", ironizó el secretario general del partido, Javier Ortega Smith, en una reciente visita a Ceuta. Pero levantar un muro es caro. Y mucho más, mantenerlo.

El Confidencial ha contactado con hasta cuatro ingenieros distintos para hacer una estimación de cuánto costaría reemplazar con hormigón las cercas metálicas que separan Ceuta (8 kilómetros) y Melilla (12 kilómetros) de Marruecos. La escasa información de la obra, la ubicación y los condicionantes del proyecto hacen que todos los ingenieros subrayen la dificultad de calcular el coste. Por lo tanto, estas estimaciones tan solo suponen un ejercicio teórico para ilustrar la complejidad y magnitud de un proyecto de este calado.

Los ingenieros y empresas consultados coinciden en que solo la ejecución más elemental del proyecto —levantar una muralla simple de hormigón de 20 kilómetros— podría costar entre 20 y 40 millones de euros, una cantidad que podría variar significativamente dependiendo de los materiales empleados, el diseño y trazado definitivo.

La empresa valenciana Encofrats Galodasa, con más de 20 años montando sistemas de encofrado para elementos verticales, ha hecho un cálculo pormenorizado para concluir que la obra básica podría rondar los 28 millones de euros. "Cualquier número debe ponerse entre comillas", advierten desde la firma.

La compañía especifica que no ha calculado el coste de los trabajos previos, como el diseño para replantear el muro, los accesos para la maquinaria o el movimiento de tierras, que podrían elevar el precio otros 3,0 millones de euros. Por otro lado, dependiendo de los materiales podría subir o incluso bajar considerablemente el precio hasta un 25%, según matizan desde Construcciones Noráfrica, con sede en Melilla.

Un pozo sin fondo

Este coste base no tendría en cuenta los desafíos específicos del terreno. Especialistas consultados que han trabajado en la zona destacan la complicada orografía de Ceuta, con pendientes de hasta un 50%, para explicar la dificultad de levantar un muro de hormigón.

"Habría que pilotarlo en la mayor parte de los tramos porque las lluvias torrenciales generan muchos desplazamientos de tierras. Tendría un coste de locura", cuenta un ingeniero que prefiere no ser identificado. El experto, que ha trabajado en la frontera, recuerda que los frecuentes socavones en el vallado de Ceuta se han convertido en un "pozo sin fondo" de dinero público desde su creación en 1995.

A los 20-40 millones que costara el muro de hormigón habría que sumar el mantenimiento, que multiplicaría por tres o cuatro veces el coste final

Además, señala, reparar un vallado es mucho más sencillo que mantener un muro de hormigón, más expuesto al desgaste por la meteorología: "Si lo construyes, el gasto se multiplicaría aún más. Desde el punto de vista geotécnico me parece muy complicado". Pero construir el muro es tan solo una pequeña fracción del gasto final. A esta cifra habría que sumar el mantenimiento, que multiplicaría por tres o cuatro veces el coste final de la obra, más los potenciales imprevistos y retrasos.

"Está generalmente aceptado que el gasto de construcción suele suponer hasta un 20% del coste total. El 80% restante correspondería al mantenimiento", explicó el ingeniero polaco Mateusz Mucha, quien lideró un complejo proyecto para calcular los costes del muro que Donald Trump prometió en la frontera con México, en una entrevista telefónica con El Confidencial.

Por último, a la ejecución y mantenimiento habría que sumar los gastos en personal, tecnología y otros medios necesarios para operar una infraestructura de estas características. Erigir la obra es tan solo el comienzo.

¿Quién paga?

Predimensionado del muro de cinco metros de VoxPredimensionado del muro de cinco metros de VoxPredimensionado del muro de cinco metros de Vox

Cuando Abascal comenzó a promocionar la idea de su muro llegó a proponer que Marruecos tenía que ser quien pagara, parafraseando al presidente de Estados Unidos en su obsesión porque el vecino México sufrague su muralla de 3.200 kilómetros. "Somos conscientes de que no podremos obligar al [expresidente José Luis Rodríguez] Zapatero a pagar ese muro", reconoció Abascal en abril, "pero Marruecos debe colaborar con su construcción".

Poco después, el partido ultraderechista abandonaba esa idea por considerar que el país vecino "lo haría muy mal" y presentó en septiembre una propuesta no de ley en el Congreso para construir un muro en las fronteras de Ceuta y Melilla. Preguntado por quién financiaría la construcción, Vox apuntó que "debe exigir la colaboración económica" de la Unión Europea. Algo que es muy poco probable, porque la UE lo rechaza de plano.

"La Comisión Europea solo toma posición sobre decisiones o leyes que se materialicen y tengan relación con la legislación de la UE. La Comisión Europea ya ha expresado en varias ocasiones que los fondos europeos no pueden ser utilizados para financiar la construcción de vallas o barreras en las fronteras externas", respondió un portavoz de la Comisión Europea a El Confidencial.

No siempre fue así. Las vallas de Ceuta y Melilla fueron las primeras barreras físicas levantadas en la UE desde la caída del Muro de Berlín. Bruselas financió parte de su construcción original a mediados de los noventa y, desde entonces, las verjas han ido siendo remendadas y actualizadas con el presupuesto público español. La constante mutación de estas defensas desde que se comenzaran a construirse y las obras asociadas a los proyectos hace que calcular su coste final sea complicado.

Rebeca Hortigüela. Rabat

Sin embargo, su efectividad ha sido puesta en duda por partidos políticos, activistas y los propios datos del Ministerio del Interior. Entre 2004 y 2014, España habría invertido —como mínimo— unos 140 millones de euros en las verjas. Pese a ello, en ese mismo período lograron ingresar más de 28.000 inmigrantes irregulares en las ciudades autónomas, según cálculos de ONG basados en cifras oficiales.

Actualmente, las entradas de inmigrantes que lograron burlar las defensas, ya fuera superando la alambrada o escabulléndose por los pasos fronterizos, subieron un 22% en 2018 a 1.343 casos detectados desde los 1.101 del año anterior. Pero los datos demuestran que el grueso de llegadas se produce por vía marítima. "El porcentaje de gente que salta la valla es poco. Entra más gente por vía marítima y aérea", explica Helena Maleno, investigadora en migraciones y trata de seres humanos. Del total de 64.120 personas que llegaron a España de forma irregular en 2018, el 90% lo hicieron por mar, según el último informe Derechos Humanos en la Frontera Sur 2019.

¿Un muro? "Lo que nos faltaba"

Para justificar el muro, una de las bazas más utilizadas por el partido de Abascal ha sido la ayuda que prestaría a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado que protegen la frontera, incluyendo la posibilidad de movilizar a la Legión "si fuera necesario". Estos funcionario se ven sometidos a la presión de enfrentar oleadas de inmigrantes con escasez de recursos y personal. "A veces 200 inmigrantes saltan la valla y solo hay una patrulla con dos policías", relata Sergio Márquez, de la Asociación Unificada de Guardias Civiles en Melilla.

"[Un muro] Ya sería lo que nos faltaba. Mejor gastar el dinero en personal o en material técnico que en construir un muro de hormigón", remata Márquez, quien advierte que la barrera podría acabar favoreciendo a las mafias y pide más "políticas migratorias concretas".

"La cosa es más compleja que hacer un muro. Se ha demostrado que los inmigrantes siempre acaban entrando. Construyas lo que construyas"

Puede que a muchos votantes de Vox les tranquilice saber que el territorio nacional está protegido por toneladas de hormigón. Pero sobre el terreno, policías y guardias civiles con años de experiencia reconocen, bajo condición de anonimato, que un muro no es la solución. Los agentes muestran su fatiga por el oportunismo de los políticos, que cada elección prometen más recursos y atención a las fronteras, para que después "todo siga igual".

“La cosa es más compleja que hacer un muro. Lo que necesitamos es que el Gobierno cumpla la ley”, se lamenta otro guardia civil desde la frontera de Melilla. “Se ha demostrado que, de una manera u otra, los inmigrantes siempre acaban entrando. Construyas lo que construyas”.

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