Tercera vida de los conservadores europeos: el PPE ante su gran crisis de identidad

No hay en Europa una operación política de mayor éxito que el Partido Popular Europeo (PPE), en el que se integra la formación nacional presidida por Pablo Casado. La coalición cristiano-demócrata ha logrado dar con la fórmula que le ha permitido controlar la Unión Europea y sus instituciones en Bruselas durante décadas. Pero nada es eterno, y el PPE se enfrenta a una convulsa y difícil tercera fase de su historia.

La última resaca de una legislatura larga y difícil (2014-2019) obliga a que el PPE no pueda seguir huyendo hacia delante, como ha hecho durante el último lustro. La semana pasada en Zagreb la formación entregó el mando de la familia política a Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo hasta el próximo 2 de diciembre y el primer líder del PPE que viene del este, concretamente de Polonia, país del que fue primer ministro hasta 2014.

Nacho Alarcón. Bruselas

Para entender los retos a los que tendrá que hacer frente Tusk merece la pena echar un vistazo a la historia del PPE, una formación cuyos problemas actuales vienen de las decisiones que lo han hecho dominar la política europea durante los últimos veinte años.

Una fuerza del Benelux

El Partido Popular Europeo ha sido un modelo de éxito que ha permitido a la familia conservadora controlar todos los mecanismos y engranajes del poder en Bruselas. Pero ni el éxito fue inmediato ni llegó sin sacrificios. Se fundó en 1976, solo tres años antes de enfrentarse a las primeras elecciones europeas en las que el Parlamento se elegía por sufragio directo.

El PPE llegaba con la fuerza moral: los democristianos eran una potencia en todos los Estados miembros y habían sido miembros de su familia ideológica los que habían estado en posiciones clave durante la puesta en marcha del proyecto europeo. A los populares les gusta presumir de que el panteón de padres fundadores de la UE está llena de carnets de lo que sería el PPE. Pronto descubrirían que eso no era suficiente.

A los populares les gusta presumir de que el panteón de padres fundadores de la UE está llena de carnets de lo que sería el PPE

Durante los primeros años los representantes de Bélgica, Alemania, Francia, Irlanda, Italia, Luxemburgo y Países Bajos convirtieron el PPE en un club selecto, dominado fundamentalmente por el poder de los democristianos alemanes de la CDU, la formación a la que pertenece Angela Merkel. Pero los resultados electorales no eran buenos a nivel europeo: en 1979 perdieron las elecciones ante los socialistas por el 1,5% de los votos, y en 1984 la distancia se disparó hasta los 5 puntos.

Helmut Kohl, canciller alemán desde 1982, tenía claro que había que cambiar de estrategia. Fue el artífice del paso de esa primera fase a la segunda en el desarrollo hacia el actual Partido Popular Europeo. Él quería que el PPE ampliara sus fronteras, permitiera la entrada de un mayor número de formaciones políticas que permitiera alcanzar el poder en el Parlamento Europeo y en Bruselas.

Foto de archivo del entonces canciller alemán Helmut Kohl en 1989. (Reuters)Foto de archivo del entonces canciller alemán Helmut Kohl en 1989. (Reuters)Foto de archivo del entonces canciller alemán Helmut Kohl en 1989. (Reuters)

La situación no mejoró durante los últimos años de la década de los ochenta. En las elecciones 1989 los socialistas sacaban más de 11 puntos de diferencia a los populares, la máxima distancia que alcanzarían, porque en las elecciones de 1994 lograron remontar levemente la distancia y situarse a 7 puntos. Pero la situación para los populares seguía siendo grave.

Ante la perspectiva de una inminente ampliación del club europeo hacia el este, un deber con aquellos países que habían quedado liberados tras la caída del telón de acero, Kohl aprovechó para pisar el acelerador. No había señales halagüeñas: en Italia el Partido Democristiano (DC) acababa de ser barrido del mapa por un joven y populista Silvio Berlusconi dispuesto a destrozar también el sistema de partidos en Europa creando una alternativa moderna a los viejos democristianos del PPE.

En 1998 Kohl reúne a buena parte de la cúpula de la familia en Bonn. Ahí se acuerda un documento con una serie de puntos de acuerdo mínimo. La sensación de desesperación estaba muy presente en aquella reunión. El principal mensaje del PPE siempre fue y sigue siendo que sus antecesores habían sido los padres fundadores de Europa. Y la sensación de que su creación estaba ahora siendo dominada por la izquierda enervaba a Kohl y otros.

Aquel día se acordó la base para la expansión total del partido, con un sistema centrado en la disciplina interna pero también, y de forma crucial, en una cierta flexibilidad para permitir que partidos de muy distinta índole pero con una serie de intereses e ideas comunes pudieran convivir en la misma casa.

Ampliación y victoria

En aquellos años se agrandó de forma crucial el PPE, con la inclusión del PP español de José María Aznar en 1991, que provocó la salida de la formación del Partido Nacionalista Vasco (PNV), que hasta entonces había formado parte de la familia política. También se unió el Partido Popular Austriaco (ÖPV), que ahora juega un rol crucial en el futuro de la formación.

Con el siglo XX llegó la dominación de Bruselas por parte del PPE

En las elecciones de 1999 el PPE logra el 37% de los votos y los socialistas se quedan en el 28,8%. Nunca más han vuelto a ganar unas elecciones. Los populares habían logrado en un lustro, y especialmente en el año previo a los comicios continentales, darle completamente la vuelta a la tortilla. Con el siglo XX llegó la dominación de Bruselas por parte del PPE.

Irene Savio. Viena

La división en el centro-derecha europeo había sido la tónica durante los veinte primeros años de elecciones europeas, y eso había permitido a las coaliciones de socialistas controlar la Eurocámara. Pero esa división empezó a desaparecer durante los años noventa, y culminó con la desaparición de la brecha entre los nórdicos, más liberales, y los conservadores y democristianos, conformando una coalición amplia de fuerzas de centro-derecha.

La salida del Partido Conservador británico de la familia del PPE en 2006 abriría una nueva fase, en la que se defiende ya de forma más directa un discurso federalista. La decisión de los 'tories', si bien crea un espacio más que destacado a la derecha de los populares y con un mensaje eurocrítico y con el paso de los años euroescéptico, no haría un daño inmediato al PPE, que durante los comicios europeos de 2004, 2009 y 2014 seguiría dominando sin demasiados problemas el Parlamento Europeo.

La crisis migratoria de 2015 y el aumento de un mensaje identitario, así como la volatilidad electoral en algunos países, como Francia, han provocado que, esta vez sí, el PPE haya perdido terreno en las elecciones europeas de 2019: 24,2% de los votos por delante de los 20,8% de los socialistas. El PPE ha logrado que la presidenta de la Comisión Europea vaya a ser una popular, la alemana Ursula von der Leyen, y sigue siendo la principal familia política europea. Pero la crisis ya está aquí.

El dolor de cabeza del PPE

Durante esta feliz segunda fase, que ha durado dos décadas (1999 - 2019) el PPE ha cometido un error estratégico: en su ampliación continua y su intento de crecer a un ritmo suficiente como para hacer indiscutible su liderazgo, los populares incluyeron en sus filas a una joven promesa del sector liberal-conservador europeo, el húngaro Viktor Orbán, uno de los héroes de la liberación de Hungría de las cadenas soviéticas.

Un error estratégico: los populares incluyeron en sus filas a una joven promesa del sector liberal-conservador europeo, el húngaro Viktor Orbán

Pero desde que en 2010 Orbán volviera al poder con su formación Fidesz ha comenzado un proceso de desmantelamiento del Estado de derecho, que ha pasado por la desaparición de prácticamente todos los medios de comunicación independientes y la creación de un sistema económico clientelar en el que todo lo controla Budapest, en gran parte gracias a los fondos europeos.

La oposición en Hungría, hoy casi inexistente, no pudo hacer nada contra la decisión del primer ministro de expulsar del país a la universidad más prestigiosa de Centroeuropa por la financiación que recibe del multimillonario de origen húngaro George Soros, que ha pasado a ser el enemigo número uno del líder magiar. Orbán ha convertido en la lucha contra la llegada de refugiados e inmigrantes su bandera y con el tiempo comenzó a virar hacia un discurso abiertamente euroescéptico con el que llegó a atacar al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, de facto vicepresidente del PPE.

Nacho Alarcón. Bruselas

Joseph Daul, presidente de la familia entre 2013 y 2019, siempre justificó y protegió a Orbán. Hasta el último momento aseguró que en toda familia hay un 'enfant terrible', y que era mejor que siguiera formando parte del PPE, donde, más o menos se le podía tener controlado, que la peor alternativa era que abandonar la familia, porque eso sí que haría convertirse a Hungría en un Estado miembro perdido y sin posibilidad de volver al camino de la integración europea.

La inacción acabó parcialmente hace algunos meses, con una revuelta abierta ya por parte de los socios nórdicos, que no estaban dispuestos a seguir compartiendo grupo con Orbán. En marzo de 2019, a solo unas semanas de las elecciones europeas, la inmensa mayoría de delegados del PPE decidieron suspender a Fidesz de la familia política.

Pero la realidad es que la discusión de fondo, la inacción, la crisis moral del PPE, sigue sin haberse resuelto. Los eurodiputados de Orbán siguen en las filas de la familia en el Pleno del Parlamento Europeo, y la vida sigue sin demasiadas preocupaciones para el primer ministro húngaro, que sigue contando con la protección de pertenecer a la gran familia política europea. Y aquí entra Tusk.

La 'fase Tusk'

La semana pasada en Zagreb fue elegido presidente del PPE Donald Tusk, que ha sido presidente del Consejo Europeo entre 2014 y 2019, y antes primer ministro de Polonia. Acostumbrado a las batallas políticas, el líder polaco mandó un mensaje desde el primer momento: “Unámonos todos en el campo de batalla político más importante, en un lado partidos del populismo irresponsable, en el otro, nuestro partido de popularidad responsable. Estoy listo para pelear y espero que vosotros también lo estéis".

El expresidente del PPE Joseph Daul junto al recién nombrado Donald Tusk. (Reuters)El expresidente del PPE Joseph Daul junto al recién nombrado Donald Tusk. (Reuters)El expresidente del PPE Joseph Daul junto al recién nombrado Donald Tusk. (Reuters)

Esta nueva fase, la tercera en la historia del PPE, significa dos cosas. La primera es que la prioridad de Tusk deberá ser resolver el problema generado por Orbán y que se ha estado esquivando durante la última década mientras se dejaba pudrir en el seno del PPE. La segunda es que por primera vez la familia política más grande de Europa elige a un presidente del este, un claro cambio de eje, desde los más viejos del club a los más modernos, donde se acumulan algunos problemas graves para el PPE.

La crisis húngara va a ser un enorme problema para Tusk, porque es un elemento tremendamente corrosivo en el PPE. Un grupo de partidos consideran que es inaceptable y no es sostenible, otros defienden que sería peor que Orbán pudiera sumar fuerzas otras formaciones ultranacionalistas, y, además, a la familia de centro-derecha no le conviene perder sus escaños en el Parlamento Europeo.

Por primera vez la familia política más grande de Europa elige a un presidente del este, un claro cambio de eje.

Esa división interna es muy peligrosa y es, potencialmente, la primera quiebra del centro-derecha europeo, el final de la fórmula que ha permitido al PPE controlar las instituciones durante dos décadas. La salida del Partido Conservador británico no generó la mitad del impacto y división que ya está provocando la presencia de Fidesz en la familia. Y la división del PPE sería el final del mismo, eso lo tienen claro dentro de la formación.

Así que Tusk tendrá bastante trabajo. De sus acciones, y de las del resto del PPE, dependerá si la alianza deja de ser una familia democristiana de centro-derecha y se convierte en una formación situada más a la derecha, con mensajes más populistas. Escurrir el bulto no parece una opción a estas alturas.

Si el nuevo presidente del PPE se muestra durante esta nueva etapa tan contundente como en la conferencia de Helsinki de 2018, entonces lo previsible sería esperar el final de la presencia de Fidesz en la familia. "Si quieres sustituir el modelo de democracia liberal occidental con un modelo oriental de democracia autoritaria no eres un cristianodemócrata", dijo entonces.

El salvaje este

La crisis del PPE es de identidad. La crisis de Orbán lo demuestra: muchos no quieren expulsarle porque no creen tener una alternativa a ese mensaje de derecha populista, algunos, realmente, creen que ese es el futuro. Y la realidad muestra que el mensaje migratorio de los democristianos ha ido girando hasta alinearse con las tesis defendidas por el ala más dura del partido en 2015, algo inimaginable hace algunos años.

Tusk: "Si quieres sustituir el modelo de democracia liberal occidental por un modelo oriental de democracia autoritaria no eres un cristianodemócrata"

En la legislatura 2014–2019 no solo se terminó de incubar la crisis con Fidesz: también ocurrió la crisis migratoria, algo que dejó al PPE fuera de juego y sin mensaje. Tener una política clara en este campo y decidir hacia qué lado se decanta será otro de los grandes retos de Tusk, que, además, ha sufrido los mismos cambios que el resto del PPE durante estos años: de un mensaje alineado con Merkel en 2015 hasta un discurso muy duro contra la inmigración ahora.

Que Tusk sea el primer presidente del PPE del este es relevante. Porque significa que el poder dentro de la familia política está girando hacia el este de Europa, donde hay un gran número de votantes conservadores, pero donde los populares afrontan sus crisis más graves.

El trabajo de Tusk pasa por ayudar a estructurar un mensaje democristiano en el este de Europa, uno que sirva para afianzar el Estado de derecho, y no para atacarlo. Por eso ese objetivo parece incompatible con la presencia de Orbán en el PPE.

Pero el presidente popular sabe bien cuál es este escenario. En Polonia, donde el partido dominante es el ultraconservador Ley y Justicia (PiS), el partido de Tusk, Plataforma Cívica, es la principal formación de la oposición. Ultranacionalistas contra derecha. Esa es la pelea en Varsovia.

Miguel Á. Gayo Macías. Cracovia

Al PPE no se le ve como alternativa en algunos de estos países en los que el Estado de derecho sufre un retroceso importante. En Eslovaquia, un país bajo cuyo Gobierno socialista se detectaron importantes casos de corrupción y se produjo el asesinato de un periodista que investigaba lazos entre el Ejecutivo y el crimen organizado, Zuzana Caputova, una liberal, fue elegida presidenta de la República. En este país, así como en Hungría, los liberales son vistos como una solución.

No es así en República Checa, ya que Andrej Babis, el magnate de los medios y primer ministro acorralado por casos de corrupción, pertenece a la familia liberal europea, y tampoco en Rumanía, donde los casos de corrupción se han acumulado en los socialistas, lo que ha provocado que sea una formación del PPE la que sea vista como alternativa.

Pactar o no pactar con la ultradecha

Eso en el este. A nivel europeo, el PPE tiene que tomar la decisión de si se enfrenta directamente a los ultranacionalistas y ultraconservadores, o si busca algún tipo de alianza con ellos, que es la línea defendida por Silvio Berlusconi, exprimer ministro italiano y socio de coalición del derechista Matteo Salvini, líder de la xenófoba Lega. Sebastian Kurz, líder del ÖPV austriaco y próximo canciller de Austria, puesto que ya ocupó, es contrario a una asociación con partidos derechistas, pero hasta hace poco ha gobernado el país con la extrema derecha. Lo mismo pasa con el PP español: no quiere lazos con la ultraderecha, pero a nivel nacional está dispuesto a pactar con ella. Esa bipolaridad acabará costándole cara al PPE.

El gran reto de Tusk pasa por lograr una transición del eje de poder del oeste a Centroeuropa y el este del club, sin que ello signifique una derechización de la familia, ni la connivencia con el ataque y el retroceso del Estado de derecho, y en buscar una fórmula que acalle las voces que piden una asociación con formaciones que están abiertamente en contra de los valores europeos.

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