Seis décadas después del primer mártir fidelista, Cuba no está para sacrificios

Hasta el último día de su vida, en febrero de 2014, el excomandante Huber Matos relataba a quien quisiera escucharlo que el mismísmo Fidel Castro ordenó el asesinato de Camilo Cienfuegos, su lugarteniente más popular en el Ejército Rebelde. Para no perderse detalle, siempre tenía a mano un ejemplar de su libro 'Cómo llegó la noche', publicado tras pasar veinte años preso por sedición militar. De acuerdo con el texto, poco después de que Cienfuegos y Matos le reclamaran a Fidel el excesivo poder que comenzaban a amasar los comunistas dentro del Gobierno -en particular, por el Che Guevara y Raúl Castro-, el guerrillero moría a los 27 años en un misterioso accidente de avión el 28 de octubre de 1959.

La oposición en Miami desdeñó la versión oficial -que atribuyó la tragedia al mal tiempo- y siempre creyó que la desaparición de Cienfuegos fue una estratagema de Castro para proteger su liderazgo. Eso no impidió que el socialismo cubano agregara a Cienfuegos su santoral laico y cada 28 de octubre sin falta, los escolares de todo el país lancen flores al mar y los ríos para honrar al primer gran mártir por la causa fidelista.

La semana pasada, atendiendo a las exigencias del protocolo revolucionario, el homenaje debía poseer una connotación especial por cumplirse el 60 aniversario de su muerte. Pero en su lugar, un terremoto económico ha monopolizado la atención de los cubanos.

Ignacio Isla. La Habana

El vicepresidente de la República, Salvador Valdés, anunció a mediados de mes que 77 nuevas tiendas estatales distribuidas entre La Habana y varias capitales de provincia comenzarían a aceptar dólares estadounidenses con "productos de mayor calidad y a precios competitivos”, que en principio se centrarán en la venta de aires acondicionados, frigoríficos, motos eléctricas y otros equipos de elevado precio. La fecha elegida para abrir la primera docena fue el 28 de octubre, robándole protagonismo al héroe nacional que tradicionalmente acaparaba esa jornada.

Esto, en la práctica, supone implantar 'de facto' un sistema comercial paralelo a los dos existentes -los pesos cubanos, que solo pueden utilizar la población local y los pesos convertibles, para turistas y visitantes-. La idea es simple: los cubanos y residentes permanentes podrán solicitar una tarjeta de débito o crédito en cualquier banco local y utilizarla para recibir remesas en diferentes monedas convertibles (dólares, euros, etc). También será posible realizar depósitos dentro del territorio nacional, pero los que se hagan empleando dólares sufrirán la penalización del 10% vigente desde 2004.

'Mula' de Estado

Desde el comienzo de su mandato, en abril de 2018, el presidente Miguel Díaz-Canel había dado señales de que quería aplicar una medida de este tipo alegando la “preocupación popular por la fuga de divisas” –en verdad, transversal a una buena parte de la ciudadanía–. Pero el verdadero telón de fondo son las crecientes dificultades que enfrenta la economía nacional y los esfuerzos del Gobierno por capturar ingresos en dólares.

El Estado pretende convertirse en la ‘mula’ mayor”, criticó a poco de promulgarse la medida el economista Emilio Morales, director The Havana Consulting Group, un 'think tank' radicado en Miami, utilizando la palabra con la que los cubanos se refieren a los que viajan al extranjero y compran mercancías para luego venderlas en el país. Según el analista, las compras realizadas por estas 'mulas' cubanas ascendieron a 2.300 millones de dólares durante 2018, principalmente en Haití, Panamá, Rusia, México y los Estados Unidos.

Ignacio Isla. La Habana

Esos miles de comerciantes abastecen la amplia red informal establecida a lo largo del país, con artículos tan diversos como piezas para autos, juguetes o teléfonos móviles. Ni siquiera la draconiana legislación aduanera ha logrado impedir que sus márgenes de ganancia oscilen entre el 200 y el 300 por ciento, como promedio, por lo que muchos cubanos radicados dentro y fuera de fronteras han convertido la actividad en su ocupación a tiempo completo.

Presión en aumento

La colaboración médica, el turismo y las remesas constituyen los pilares esenciales de las finanzas cubanas. La Casa Blanca ha manifestado su intención de sabotearlas para “responsabilizar al régimen cubano por la represión del pueblo, así como apoyar al régimen de Maduro en Venezuela”, según ratificó el 18 de octubre el portavoz del Departamento de Comercio de Estados Unidos al informar sobre el establecimiento de un nuevo ‘paquete de sanciones’. La presión sobre Cuba va en aumento.

La Habana se vio obligado a revisar –a la baja– sus expectativas económicas por su exitoso modelo de colaboración médica internacional. El regreso de casi 9.000 especialistas que participaban en un programa de atención a comunidades vulnerables en Brasil sumado a la agudización de la crisis en Venezuela ha mermado considerablemente esa vía de ingresos.

T.F.

El turismo también ha sufrido desde que el presidente estadounidense, Donald Trump, dio luz verde en mayo a la aplicación del título tres de la controvertida Ley Helms-Burton, que permite a las cortes del país norteamericano aceptar demandas contra compañías de otros países que inviertan en Cuba. Un mes después fueron suspendidas las licencias que amparaban los viajes de cruceros entre La Habana y varias ciudades de la costa estadounidense, así como los cupos para que los norteamericanos visiten el país de forma particular. El efecto inmediato fue la disminución del 15% en el número de turistas extranjeros proyectados para el año curso y de una caída del 20% en los ingresos.

Niños cubanos arrojan flores al mar en homenaje Camilo Cienfuegos. (EFE)Niños cubanos arrojan flores al mar en homenaje Camilo Cienfuegos. (EFE)Niños cubanos arrojan flores al mar en homenaje Camilo Cienfuegos. (EFE)

La industria, peor que hace 30 años

Recién este 25 octubre –cuando todavía se organizaba la aplicación de prohibiciones como la que impedirá a Cuba adquirir dispositivos con más de un 10% de componentes norteamericanos– altos funcionarios estadounidenses adelantaron al diario Nuevo Herald de Miami que, desde el 10 de diciembre, las aerolíneas de ese país solo podrán viajar a La Habana, en detrimento de los otros nueve aeropuertos también reciben aeronaves de Estados Unidos. Poco queda del ‘deshielo’ que cinco años atrás impulsó Barack Obama.

“La industria cubana es hoy aproximadamente tres cuartos de lo que fue hace tres décadas. En realidad, 15 de las 22 actividades (listadas por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información) tienen índices inferiores al 50% [y] existen 8 actividades que no alcanzan el 10% del nivel que tuvieron hace 30 años”, expone el economista Pedro Monreal, asesor de la Unesco en la oficina central de París, en un artículo.

Sus palabras resumen la debacle experimentada por el sector manufacturero en la isla como resultado de la descapitalización, de las carencias del sistema burocrático local y del embargo mantenido por Washington durante casi sesenta años. Las demandas que promueve la Helms-Burton tienen como objetivo desestimular a potenciales inversores y ahuyentar los que ya se encuentran establecidos en la nación caribeña.

Circunloquio energético

Por si tamaños obstáculos fueran pocos, a comienzos de septiembre el gobierno de La Habana se vio obligado a decretar una situación de "coyuntura energética", un circunloquio oficial para avisar a la población de que la escasez de combustible va a generar problemas para mantener el suministro eléctrico y la frecuencia del transporte.

“Las fuertes persecuciones de Estados Unidos se han intensificado durante las últimas semanas [dirigidas] a impedir que nuestro país adquiera en el exterior el combustible que necesita”, explicó en cadena de radio y televisión el presidente Díaz-Canel, el día 11 del mes pasado. "Las presiones norteñas han hecho retirarse a la mayoría de las navieras y aseguradoras contratadas para trasladar el crudo desde Venezuela", agregó.

“Solo las empresas rusas y chinas han continuado operando con normalidad”, detalló al día siguiente un periodista vinculado a la oficina del primer mandatario.Ya desde finales del años pasado se viene alertando sobre la caída en los envíos de combustible desde Venezuela, que pasaron de 105.000 barriles por día (bpd) en la cima de la relación bilateral (en 2013) a poco más de 55.000 bpd al cierre de 2017, explicó el economista y profesor emérito de la Universidad de Pittsburgh, Carmelo Mesa-Lago, en un informe de 2018. Actualmente, los envíos rondarían los 25.000 bpd, menos de la mitad, según cifras extraoficiales.

La imagen de Camilo Cienfuegos en la Plaza de la Revolución de La Habana. (EFE)La imagen de Camilo Cienfuegos en la Plaza de la Revolución de La Habana. (EFE)La imagen de Camilo Cienfuegos en la Plaza de la Revolución de La Habana. (EFE)

Rusia, ¿al rescate?

A finales de septiembre, la crisis energética obligó a las autoridades a suspender las clases universitarias, paralizar la práctica totalidad de las actividades económicas (salvo el turismo) y a reducir en más de un 90% los servicios de transporte entre provincias, dejando al país al borde de la parálisis. Pero la consecuencia más significativa demoró en manifestarse hasta mediados de octubre.

El primer ministro de la Federación Rusa, Dimitri Medvedev, aterrizaba en La Habana en un viaje que acercó a los viejos aliados de la Guerra Fría. A su partida, dejó tras de sí una larga relación de acuerdos que virtualmente elevan las relaciones con Moscú a otro plano. Incluso la restauración del Capitolio Nacional, la sede del Parlamento cubano, seguirá adelante por cuenta de un proyecto de colaboración bilateral.

En días de recapitulación sobre los sucesos ocurridos seis décadas atrás, tales noticias no han pasado desapercibidas. Muchos creen que la historia se repite. Al momento de producirse la muerte de Camilo Cienfuegos, Cuba y Estados Unidos se distancian a marchas forzadas, mientras Rusia se perfila con fuerza creciente en el horizonte. Hoy, la efigie del joven barbudo con su mítico sobrero alón preside junto al Che la Plaza de la Revolución en La Habana como símbolo perenne de la abnegación y la entrega por la causa. Pero Cuba ya no es la misma. El país no está para sacrificios.

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