Roba chocolate Milka valorado en 50.000 euros haciéndose pasar por un transportista

Hemos visto a todo tipo de ladrones hacerse con sus botines de las formas más diversas: unos emplean mucha violencia, otros se basan en las amenazas y hasta vimos a un caco dar un beso a una anciana en la cabeza y devolverle su bolso porque lo que quería era la recaudación de una farmacia. Pero, aunque se vean pocas veces, también hay ladrones de guante blanco.

Se llama así a aquellos amigos de lo ajeno que no dan ni un solo tiro ni levantan la voz para hacerse con su objetivo, mostrando siempre su mejor cara. Y así es cómo un hombre ha conseguido robar este jueves 50.000 euros en chocolate de una fábrica de Milka en Austria: convenciendo a los demás de que le dieran la mercancía.

El Confidencial

Todo comienza cuando la fábrica contrata a un transportista local para llevar una carga de chocolate desde Austria hasta Bélgica. Ese transportista subcontrata a otra empresa húngara para que realice el servicio y esta empresa húngara encarga el viaje a un transportista checo. Así que cuando un camión checo se presentó en la puerta de la fábrica para recoger el pedido, nadie sospechó.

Hasta que llegó el verdadero

El hombre recogió su carga, unas veinte toneladas de chocolate valoradas en 50.000 euros, y puso rumbo, supuestamente, a Bélgica para entregar el pedido. Pero en ese trayecto desapareció: no se sabe nada del chocolate, del conductor ni del camión. Se han esfumado todos porque no era el transportista que habían contratado.

El hombre presentó documentación falsa y matrículas robadas para convencer a los encargados de la fábrica

Algunas horas después llegaba el verdadero camión que tenía que recoger el pedido y ahí era donde saltaban todas las alarmas. Si el camión que tenía que llevar el chocolate a Bélgica estaba en la fábrica, ¿quién era el que se había llevado 50.000 euros en chocolate unas horas antes? Los responsables de la fábrica llamaron a la policía, que comenzó a investigar rápidamente.

Tal y como publica DW, la documentación que presentó el primer conductor era falsa, mientas que las placas de matrícula habían sido robadas. No trabajaba para la empresa húngara que había contratado el servicio, por lo que era un impostor. La policía le busca ahora por toda Europa, pero de momento no ha dado señales de vida.

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