"Mejor vender que sacrificarlos": por qué Zimbabue defiende la venta de elefantes

"No tenemos un mercado predeterminado para la venta de elefantes, estamos abiertos a cualquiera que quiera adquirir nuestra vida silvestre": con este mensaje, la ya exministra de Turismo de Zimbabue, Prisca Mupfumira, hablaba el pasado mes de junio en un encuentro entre los líderes de los cuatro países del sur de África donde habita la mitad de los elefantes del continente. Zimbabue quería vender elefantes a China, y la polémica estaba servida. Ahora el ministro de Medio Ambiente del país ha vuelto a defender la práctica de capturar elefantes jóvenes y venderlos, especialmente a zoológicos y parques naturales, para hacer frente a la sobrepoblación de un animal que, según la Lista Roja dela Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza, se encuentra en situación de vulnerabilidad.

Mangaliso Ndlovu, responsable de la cartera de Medio Ambiente de Zimbabue, explicaba este lunes a la cadena estadounidense CNN que el país se está viendo en una situación compleja, con una "sobrepoblación masiva" de este animal, por lo que optar por venderlos y exportarlos a otros países es, para él, "un proyecto mucho más sostenible y mejor que sacrificarlos". Esta postura no es extraña si se tiene en cuenta que incluso la conservacionista keniana Alice Macharia defiende, en una entrevista condedida a El Confidencial, estando en contra de la caza de animales, defiende la 'trophy hunting' o 'caza de trofeos' de una manera "muy localizada y cuando hay superabundancia de estos animales".

Un grupo de elefantes en el parque nacional de Hwange en Zimbabue en octubre de 2019 (Reuters)Un grupo de elefantes en el parque nacional de Hwange en Zimbabue en octubre de 2019 (Reuters)Un grupo de elefantes en el parque nacional de Hwange en Zimbabue en octubre de 2019 (Reuters)

"La población de elefantes está cayendo significativamente, salvo en la región del sur de África, y aun así el mundo está intentando enseñar en esta región cómo conservar su vida silvestre. Realmente, es una ironía", sostiene el ministro. En el país es relativamente común ver a cargos públicos del Gobierno zimbabuense capturando, de manera legal, ejemplares en el parque nacional de Hwange y enviándolos enjaulados a China, razón por la que estalló la polémica en el país. Más allá de este problema, las organizaciones de conservación de vida silvestre critican el contexto en el que son exportados y, en concreto, desde WWF recuerdan que se trata de una de las pocas especies en las que "se ha demostrado la existencia de estrés postraumático tras vivir situaciones difíciles, como las que implican el traslado en una distancia de cerca de 10.000 kilómetros.

En Zimbabue no solo exportamos elefantes, también nos aseguramos de que se aclimatan a los ambientes a los que son enviados

Sin embargo, para Ndlovu, este trauma no es una novedad: "Puedes ir a algún zoo en Europa, en Estados Unidos o en Australia... allí tienen vida silvestre, y elefantes de Zimbabue", asegura, matizando que en el país africano se siguen procedimientos para que los animales destinados a estar confinados se acostumbren a tener humanos en las proximidades. "La parte del trauma, desde mi punto de vista, viene de la gente que informa de determinada manera, por eso yo quiero dar algo más de contexto: no es solo que en Zimbabue exportemos elefantes, es que nos aseguramos de que se aclimatan a los ambientes a los que van a ir. Así que no sé de dónde saca la gente esta parte del trauma del animal", incide. Para el ministro zimbabuense, la causa de que se haya generado tanta controversia en torno a esta cuestión está más en el destinatario que en el animal transportado: "No sé si esto se debe a que es China [el país a donde se van los animales] o qué".

Del tráfico de marfil a la venta de crías vivas

La polémica, especialmente en lo que respecta a China, siempre ha estado vinculada al tráfico de marfil derivado de los colmillos de este animal. El 1 de enero de 2018, el Gobierno del gigante asiático hizo efectiva la prohibición de todo comercio de marfil, más de dos años después del acuerdo alcanzado entre el entonces presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y su homólogo chino, Xi Jinping. Entre los años 2012 y 2014, se calculaba que unos 33.000 elefantes eran cazados cada año para la venta de sus colmillos, según un informe de la organización WildAid. Según esta misma organización, entre 1976 y 1989 el número de elefantes africanos pasó de 1,2 millones a unos 600.000. Sin embargo, los gobiernos de los países africanos insisten en que en la región no tienen problemas de población: si bien el año pasado la ONG Elefantes sin Fronteras denunció la mayor matanza de elefantes de la historia (hallaron los cadáveres de 87 ejemplares, víctimas de batidas de cazadores furtivos) en Botsuana, su Ejecutivo sostiene que tiene "demasiados" elefantes. Zimbabue, en junio de 2019, estimaba que tenía un "exceso" de unos 30.000 ejemplares.

En este encuentro, Mupfumira (exministra de Turismo de Zimbabue) defendía "el libre movimiento" de animales. "También tenemos que poder decidir, porque son nuestros recursos", añadía. El Gobierno de Zimbabue defiende su proyecto de negocio y de, desde su punto de vista, mantenimiento de la vida silvestre nacional, aunque se enfrenta continuamente a las críticas por parte de la sociedad y de las ONG conservacionistas. La venta entre 2012 y 2018 de elefantes jóvenes a zoos de China y Dubái supuso 2,7 millones de dólares "destinados a conservación" para el país africano; los conservacionistas, no obstante, insisten en que no hay pruebas de la práctica de apartar a elefantes jóvenes de sus manadas para recluirlos en pequeños espacios en zoos de climas fríos puede ser muy traumática. Aunque el actual ministro de Medio Ambiente sigue sin ver ese trauma.

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