La base secreta británica que evitó una guerra nuclear entre EEUU y la URSS

Mike acudía como un día más a su trabajo. Considerado de alto secreto, era consciente de que no podía revelar a nadie de su entorno a qué se dedicaba en realidad, si bien muchas eran las teorías que corrían por los mentideros sobre la verdadera labor de ese edificio de oficinas de Scarborough (Reino Unido). Parecía un día más, pero ni mucho menos: no podía ni imaginar que podía enfrentarse al fin del mundo tal y como lo conocemos.

La base GCHQ, en el noroeste de Inglaterra, era un edificio de operaciones secretas instalado cerca de la costa de North Yorkshire creado durante la I Guerra Mundial con el objetivo de interceptar las señales navales que procedían del Mar del Norte. Con la llegada de la II Guerra Mundial, su misión principal pasó a ser la de localizar los submarinos nazis que se acercaban a Reino Unido. Y, al término de ambos conflictos, pasó a tener otra serie de tareas durante la Guerra Fría.

Rubén Rodríguez

Pasó a formar parte de los 'Cinco Ojos', una alianza estratégica entre Reino Unido, EEUU, Australia, Canadá y Nueva Zelanda dedicada a cuestiones de inteligencia. En realidad, la instalación pasó a tener una importancia residual, pues la finalización de ambas guerras hizo que sus labores fueran meros trámites que confirmaran que no existía ningún tipo de amenaza que levantara viejos rescoldos que parecían ya apagados... hasta que algo ocurrió y dinamitó la tranquilidad.

Era el 16 de octubre de 1962 cuando la base militar secreta de Scarborough detectó algo extraño: una serie de submarinos soviéticos, con misiles nucleares en su interior, se dirigían hacia Cuba. Pocas horas después, siguiendo los cauces oficiales, Reino Unido alertaba al presidente norteamericano, John Fitzgerald Kennedy, de esta situación. En ese momento, lo que era un trabajo residual para el edificio secreto británico se convirtió en cuestión de vida o muerte.

Acababa de comenzar la posteriormente conocida como 'Crisis de los Misiles', ante la que EEUU respondió solo unos días después procediendo a un bloqueo naval para impedir la llegada de más misiles nucleares a una isla situada a poco menos de 150 kilómetros del territorio norteamericano. Y, ahí precisamente, es donde esta base secreta pasó a tener un papel fundamental: su objetivo era monitorizar si los barcos soviéticos querían engañar a Kennedy, según 'BBC'.

Los operadores de la base secreta tenían que interceptar las comunicaciones soviéticas y descubrir su ubicación, con los que hacer un seguimiento de su ruta. Con ambos datos, debían de descubrir si cumplían con la orden y regresaban a puertos soviéticos o, si por el contrario, desobedecían y seguían avanzado hacia Cuba. En caso de que se produjera la segunda opción, el riesgo de que estallara una guerra nuclear era realmente alto, por lo que debían de ser muy precisos en su misión.

Un informe definitivo

El 24 de octubre, la base secreta de Scarborough emitía un informe denominado 'Cambios de curso de buques mercantes soviéticos' en el que confirmaba que varios barcos procedentes de la URSS habían cambiado de rumbo tras el aviso, entre ellos el conocido Kislovodsk. Ese informe fue directamente enviado a los servicios secretos norteamericanos, siendo una de las piezas fundamentales para que EEUU frenara un hipotético ataque a posiciones rusas.

Varios días después, un nuevo informe ofrecía indicios fehacientes a Estados Unidos de que la URSS había decidido interrumpir el envío de nuevas cabezas nucleares a Cuba. Esta documentación fue fundamental para que la respuesta de Kennedy no fuera un ataque militar, sino el inicio de una serie de conversaciones para evitar un nuevo conflicto que habría tenido unas consecuencias catastróficas. A día de hoy, la base sigue activa, siendo la estación de escucha más longeva del mundo.

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