¿Guerra por el Nilo? Etiopía y Egipto se enzarzan por la Gran Presa de África

El Nilo es una de las grandes maravillas naturales del mundo. El segundo río más largo del mundo, con una longitud de 6.853 kilómetros y un caudal medio de 2.830 m3 por segundo, nutre de agua hasta a diez países africanos, siendo los principales beneficiarios Sudán, Etiopía y, sobre todo, Egipto, donde está su desembocadura. Pero un polémico plan puede acabar con la hegemonía faraónica en el control de las aguas, desatando las tensiones políticas entre los países de la cuenca del Nilo.

Fue en el año 1979 cuando el que fuera presidente de Egipto, Anwar el Sadat, dejó caer una frase que, cuarenta años después, está más viva que nunca: "Lo único que podría llevar a Egipto otra vez a la guerra es el agua". Cuatro décadas después, el control del Nilo se ha convertido en el último objeto de disputa entre países, después de que Etiopía esté ultimando el gran proyecto para reverdecer su maltrecha economía: la Gran Presa del Renacimiento.

Daniel Iriarte

Se trata, como su nombre indica de una gran presa que el gobierno etíope está construyendo en su territorio, con una capacidad de producción eléctrica de 6000 MW, pasando a ser la más potente de África. Etiopía ha tenido en cuenta los datos que manejan los expertos y, con el objetivo de adelantarse a los problemas, han encontrado una solución: se calcula que, en menos de 30 años, la población de África será el doble que la actual, es decir, se acercará a los 2.000 millones de personas.

Por esa razón, controlar un bien escaso será fundamental para tener una posición de poder, algo ante lo que Egipto no está dispuesto a ceder. El proyecto fue anunciado en 2011 y comenzó a construirse en 2013 pero, por aquel entonces, la 'Primavera Árabe' dejó en un segundo plano la Gran Presa del Renacimiento. Será en 2021 cuando se acabe, aunque su llenado llevará de dos a cinco años. Eso sí, antes de que esté lista, todos los jugadores han puesto sus cartas sobre la mesa.

Y, por si fuera poco, dentro de las limitaciones que tiene un país como Etiopía, lleva varios años construyendo una serie de parques industriales con el objetivo de mejorar sus propios recursos e incrementar el poder de su economía. El problema es que, para darles toda la utilidad que pueden ofrecer, necesitan muchos recursos eléctricos, que llegarán cuando la presa esté construida. Es decir, control sobre el agua y la electricidad que puede impulsar sustancialmente su economía.

Así es la monumental construcción para contener el agua del Nilo. (Reuters)Así es la monumental construcción para contener el agua del Nilo. (Reuters)Así es la monumental construcción para contener el agua del Nilo. (Reuters)

Pero el proyecto bandera para Etiopía no es visto con buenos ojos por Egipto, que sostiene que la creación de esta enorme presa supondrá el control total del Nilo. Mientras que el gobierno local asegura que esta nueva estructura no supondrá ningún daño a los países que se abastecen del caudal del río, Egipto ha levantado la voz, asegurando que se quedarán sin buena parte de sus recursos hídricos: no en vano, el 85% del agua consumida en Egipto proviene directamente de Etiopía.

"No se trata de controlar el flujo, sino avanzar a través del desarrollo energético. Esto generará muchos beneficios para los países que se encuentran corriente abajo del río", asegura Seleshi Bekele, el ministro para el Agua, el Riego y la Electricidad, a 'BBC'. Y lo cierto es que Sudán sí que ve con buenos ojos la presa. ¿El motivo? Disminuirá la altura del río y regulará su flujo, lo que permitirá que todo el curso del Nilo tenga cantidades similares de agua, siendo más equitativo en su territorio.

Máxima tensión

Pero las tensiones se han disparado, pues Egipto no está dispuesto a que uno de sus recursos naturales más importantes deje de ser monitorizado por su gobierno y pase a ser controlado por otro país, llegándolo incluso a considerar como "una amenaza para la seguridad nacional", según el propio Abdelfatah al Sisi. Por esa razón, EEUU ha decidido mediar, generando un plan de ruta entre Egipto, Etiopía y Sudán, que tendrán cuatro reuniones para tratar de llegar a un acuerdo.

Ya en el año 2015, los tres países llegaron a un acuerdo por el que establecían que la construcción de la presa no podía afectar a la economía, al caudal del río ni a la seguridad pero, desde entonces, las desavenencias se han seguido produciendo, llegando a puntos álgidos de conflicto en los que se ha llegado a movilizar las tropas militares. Egipto no está dispuesto a aprobar el proyecto estrella de Etiopía: perder el control del flujo del Nilo no está entre sus ideas.

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