El cazador de turistas jeta ataca: “Se ponen a pedir al lado de los mendigos de verdad”

En el capitalismo moderno, a cualquiera le puede salir un brote de competencia desleal, incluso a los mendigos que piden en la calle. Es lo que comprobó escandalizado el periodista Raphael Rashid cuando se dio cuenta, paseando por Seúl, de que las calles de la capital de Corea del Sur habían empezado a llenarse de mochileros pidiendo limosna para completar sus viajes de placer.

Al principio, casos aislados. Rápidamente, una plaga que había anegado las calles del distrito de Jongno de mochileros jeta. “Hay claramente una comunidad o comunidades 'online”, explica Rashid por correo electrónico a El Confidencial. “Los 'begpackers' a menudo se colocan en los mismos lugares. Y a veces muestran exactamente los mismos carteles, a menudo con los mismos errores tipográficos o el mismo coreano chapurreado. Claramente, están compartiendo información”.

Decidí hacer algo cuando me di cuenta de que no era un fenómeno puntual. Piden dinero al lado de los pobres de verdad

El problema de los 'begpackers', algo así como 'mochileros mendigos', comenzó a ser patente hace un par de veranos, cuando comenzaron a circular en redes sociales fotografías de jóvenes blancos pidiendo dinero en países pobres para seguir adelante con sus viajes. “Estoy dando la vuelta al mundo sin dinero, por favor, apóyame”, pedía uno. Otros dos, que aparecían ufanos en una fotografía, al menos ofrecían algo a cambio: una tonadilla al ukelele. Laos, Vietnam, Hong Kong, Corea, Japón o Indonesia. Algunos países como Tailandia han decidido tomar medidas y encarcelar a los 'begpackers'.

“Decidí tomar cartas en el asunto hace alrededor de un año y medio, cuando me di cuenta de que no eran un fenómeno puntual sino algo diario”, relata Rashid. “Vivo en un área de Seúl donde se reúne lo más pobre de la sociedad. A menudo, los mochileros que me encuentro piden dinero delante de personas vulnerables”.

El vaso de la paciencia del periodista se colmó cuando se dio cuenta de que un gran número de las personas que estaban dando dinero a los turistas eran “ancianos pobres” caritativos. “Simplemente quieren ayudar a otras personas necesitadas, así que llamé a la policía”, explica Rashid, que antes había agotado otras vías diplomáticas. Su reacción le ha convertido para la prensa coreana en el 'begpacker buster', algo así como el 'caza turistas mendigos'.

“Solía hablar con ellos y decirles que era de mal gusto suplicar dinero, especialmente delante de otra gente pobre”, recuerda el periodista. “A menudo se reían en mi cara, así que decidí denunciarles a la policía”. Su ámbito de actuación es el céntrico barrio Jongno, donde él vive, y que concentra gran parte de la pobreza de Seúl. “Hay una clara razón por la que lo hacen ahí”, explicaba en un artículo publicado en 'Medium': “Hay muchos pobres de los que aprovecharse”.

La policía no hace nada. Consume mucho tiempo y para ellos es un delito menor

Es el caso, por ejemplo, de una de las jóvenes que se encontró, a la que llama “Natasha”, y que le explicó que en cinco minutos había conseguido unos 15.000 wones, alrededor de 11 euros y medio. Una cantidad aparentemente baja, pero que es alrededor del doble del sueldo mínimo por hora. Ante su incredulidad, Rashid preguntó a la gente por qué le daban dinero. La respuesta, porque creían que necesitaba su ayuda.

No todos los héroes llevan capa

Desde que a mediados de 2018 decidiese ir un poco más allá para detener el peligroso fenómeno antes de que fuese demasiado tarde, Rashid ha acudido a la policía más de una veintena de ocasiones, aunque no es capaz de recordar el número exacto. “El mismo lugar, la misma estación de policía”, matiza. Una de las ventajas logísticas es que hay una comisaría muy cerca del lugar en el que se instalan estos turistas. El problema, que la policía pasa del asunto.

La avenida Sejong, en Jongno. (CC/Adbar)La avenida Sejong, en Jongno. (CC/Adbar)La avenida Sejong, en Jongno. (CC/Adbar)

“No creo haber sido de mucha ayuda, porque la policía no hace nada”, lamenta. “Consume demasiado tiempo y se trata de un delito menor”. Además, podría dar lugar a conflictos diplomáticos indeseados. Para pedir la deportación de estos turistas, las autoridades deberían detenerlos, pedir sus pasaportes, acompañarlos a su alojamiento, llamar a inmigración, esperar una respuesta de inmigración, que las autoridades se lo lleven… “Y, además de todo eso, suelen fingir que no saben inglés, así que la policía no sabe qué hacer con ellos”.

Si la policía no va al turista, el turista irá a las redes sociales. Esa es la otra gran arma de Rashid, que ha encontrado eco en grupos de Facebook como 'Begpackers in Asia': mostrar el rostro de aquellos que compiten con vecinos realmente necesitados. “También les hago fotos y las subo a Twitter”, explica. Entre sus retratados, se encuentran una joven pelirroja con gafas de sol, sandalias y botella de agua, o un hipster con barba y guitarra acústica.

Nunca he visto a ningún español pidiendo. La mayoría provienen de Rusia o de antiguos países de la Unión Soviética

“Algunos de estos tuits se han hecho virales en Corea y han llegado a aparecer en los grandes medios. Explotó y se convirtió en un problema social este verano, y creo que ahora hay más conciencia”. ¿De dónde vienen estos mochileros? Muchos de ellos, de Rusia o de antiguos países de la Unión Soviética. También de Turquía. Y añade un dato tranquilizador: “No, nunca he visto a ningún español”.

Problemas y amenazas

En su largo artículo, Rashid sintetizaba alguna de las razones por las que los 'begpackers' son tan dañinos, aunque en su opinión, lo peor de todo es que lo hacen “delante de gente pobre de verdad”: “Junto a mendigos o vendedores callejeros que venden su artesanía para ganarse la vida. A menudo, atraen grandes grupos de paseantes curiosos que encuentran sorprendente ver a un blanco pidiendo dinero. Me da miedo que estén quedándose con el negocio de personas que realmente necesitan unos pocos dólares para comer cada día”.

Entre las razones para denunciar a los 'begpackers', el periodista recordaba que viajar es un privilegio, no una necesidad; que los mendigos piden porque lo necesitan, no para satisfacer un capricho; se trata de un privilegio blanco; que es ilegal, según el artículo 20 de la ley de inmigración coreana; que nadie hace nada; es un timo, porque utilizan trucos como los carteles de cartón y faltas de ortografía para aumentar el impacto entre los viandantes, y, sobre todo, porque es un insulto tanto para “la gente que es de verdad pobre” como para los trabajadores extranjeros como el propio Rashid, inglés pero cuya familia proviene de Bangladés, adonde viaja cuatro veces al año: “He visto cómo es la pobreza real y no es bonita”.

Es muy difícil, explica, cumplir con toda la burocracia necesaria para trabajar en Corea, y los que lo hacen, pagan sus impuestos como todo el mundo. Muchos de los trabajadores expatriados en Corea, recuerda el periodista, provienen de otros países más pobres y terminan trabajando en fábricas “que pagan mal y a menudo en condiciones dudosas”. Los turistas, en cambio, son originarios de países occidentales o de Rusia, por lo que sus visas turísticas les permiten quedarse en el país durante meses sin que nadie les haga una pregunta.

Raphael Rashid asegura haber sido amenazado de muerte: “Me llegaron a decir que si los pobres donan dinero, es su problema”

Al señalar en concreto a los viajeros “blancos”, Rashid ha sido calificado de racista al recalcar que se trata de un privilegio blanco, ha sido insultado en las redes e incluso amenazado de muerte por gente que le invitaba a meterse en sus propios asuntos: “Algunos incluso me dijeron que si los pobres donan dinero, es cosa suya”. “En un mundo ideal, no lo habría hecho, pero es una realidad que la gente blanca recibe trato de favor, especialmente en Asia”, prosigue. “Saben que serán vistos con buenos ojos por los locales”.

Para entenderlo, hace falta comprender las particularidades históricas de Corea del Sur, un país que contó con el apoyo extranjero en los años cincuenta durante la guerra y que, desde entonces, arrastra una sensación de deuda con sus antiguos aliados. Muchos ancianos aún agitan banderas de Estados Unidos durante los desfiles militares, recuerda Rashid, y “Corea del Sur aún está eternamente agradecida al salvador blanco”. Paradójicamente, muchos de los turistas provienen de Rusia, que apoyó a Corea del Norte durante el enfrentamiento alrededor del paralelo 38.

Héctor G. Barnés

Pedir dinero en la calle no es “una experiencia”, concluye. “Glamurizar' la pobreza es un reflejo de la era de las redes sociales en que vivimos”, lamenta. “Muchos 'begpackers' tienen Facebook, Instagram, etc. Probablemente vengan de familias que no son ricas, no lo niego. Probablemente quieren mostrar a sus amigos que pueden dar la vuelta al mundo sin gastarse un penique. Les da una sensación de éxito. Muchos turistas, de hecho, muestran sus hazañas en Instagram. A veces he visto cómo presumen de su fastuoso tren de vida en hoteles de lujo y en la playa”.

Y añade una última moraleja: “No estoy seguro de que lo hiciesen si no pudiesen presumir de ello 'online”. Ese es el gran pecado del mochilero jeta, engañar a los locales para lucirse ante los extranjeros. “Los 'begpackers' aseguran que son 'pobres' pero no tienen problemas para comer, duermen bajo un techo, acceden a agua potable. Por eso hablo de Bangladés. No hay que dar por hecho nuestros privilegios”, explica, antes de otra jornada cazando mochileros.

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