Dos ancianos por cada cinco trabajadores: ¿es sostenible la capital más 'vieja' de la UE?

¿Es sostenible una ciudad donde por cada diez trabajadores hay cuatro personas de más de 65 años? Lisboa es la capital más envejecida de Europa, la que más ancianos tiene con respecto a trabajadores, según la oficina europea de estadísticas Eurostat. La capital portuguesa obtiene la friolera del 41,4% -muy por encima de la media de la Unión Europea del 33%- y se enfrenta al complejo desafío de cómo será posible sostener el sistema de pensiones si se mantiene esta tendencia.

Lisboa tiene más ancianos que Roma (36,4%) y la capital maltesa La Valeta (33,5%), que completan el podio del Índice de Dependencia de Ancianos, que revela el porcentaje de personas con edad superior a los 65 años con relación a la población activa. En sentido opuesto, la capital europea con más jóvenes es Bruselas, seguida de París y Dublín. La posición de Lisboa en la clasificación no ha sorprendido en Portugal, donde la edad media supera los 44 años y desde hace tiempo preocupa la baja natalidad y la continuada emigración de sus jóvenes a países con mayores perspectivas económicas.

Lola Sánchez. Lisboa

Para contrarrestar esta realidad, Portugal ha elegido un camino distinto a sus vecinos europeos: busca desesperadamente inmigrantes que equilibren la balanza demográfica. Como medidas urgentes para hacer frente a este problema se ha agilizado la regulación de migrantes que deseen quedarse a vivir en tierras lusas y se han ofrecido ayudas para que los emigrantes portugueses regresen, algunas de hasta 6.500 euros, con escaso éxito.

Mientras, el reloj corre para el verdadero reto, que no es otro que la sostenibilidad del actual sistema de pensiones. La cuestión fue uno de los temas clave abordados en la campaña de las pasadas elecciones legislativas, celebradas el 6 de octubre y en las que el Partido Socialista resultó vencedor. Tras los trámites necesarios para formar gobierno ya concluidos, la agenda diaria reclama paso y vuelven los temas acuciantes. Mantener las exiguas pensiones, que rondan los 436 euros mensuales de media (en España es de 985), es uno de ellos.

Solo hay viejos y Airbnb

"En este bloque todas somos mayores, viejitas, es lo que hay", cuenta Teresa, de 71 años y vecina del barrio de Graça -uno de los más antiguos de Lisboa- a El Confidencial. Vive en el bajo de un edificio estrecho cubierto de azulejos verdes y pasa gran parte de la mañana mirando por la ventana cómo curiosean turistas por su calle. Coqueta, –"espera que me cambio el delantal, ¿esto se ve?"– insiste en que se le llame 'Teresinha', que es como la conocen las vecinas, todas jubiladas y muchas de ellas amas de casa toda la vida. Departen incansablemente a voces, cada una desde su descansillo y sentadas en un taburete porque "las escaleras son complicadas".

Con la crisis económica se marchó medio millón de portugueses jóvenes. Portugal apenas llega a los 10 millones de habitantes

"Las chicas" –como se llaman entre ellas– dicen que han visto como en los últimos años sus hijos y nietos se han ido marchando. Unos a buscarse a la vida en el extranjero, fundamentalmente Francia o Luxemburgo. Otros, a la moderna periferia de Lisboa, con pisos que incluyen garaje. En el centro, ellas y Airbnb. "Yo soy del Alentejo", región que hace frontera con Extremadura, dice Teresinha, "Vine aquí, después tuve mis hijos y ahora volver al pueblo pues no. ¿Para qué? Solo hay viejos".

El paisaje que describe no es exagerado. Si el porcentaje de Eurostat es alto para Lisboa, se eleva aún más en el caso de las regiones del centro y sur de Portugal, dice Daniela Craveiro, doctora en Sociología que trabaja especialmente sobre envejecimiento y desigualdades sociales en el Instituto Universitario de Lisboa, en entrevista con El Confidencial.

El dato de la capital, explica, "expresa la tendencia nacional, porque en Lisboa se concentra un cuarto de la población nacional", que ronda los 10 millones de habitantes. En total, “el número de personas con más de 65 años ha ido aumentando y, de acuerdo con las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística, continuará creciendo durante los próximos 35 años". La tendencia se explica por “el aumento de la esperanza media de vida y la disminución de la tasa de fertilidad asociada a saldos migratorios bajos y negativos”.

Conscientes de la gravedad del problema, el Ayuntamiento de Lisboa anunció el año pasado, junto con la organización benéfica Casa da Misericordia, una inversión de 100 millones de euros para crear cuidados para la tercera edad. La suma permitirá la construcción de ocho residencias con capacidad para 1.000 jubilados y creará asimismo apoyos a quienes permanezcan en sus casas. Se trata de “asumir la responsabilidad social” de la ciudad, dijeron entonces desde el consistorio, que cifró en 130.000 el número de lisboetas que supera los 65 años. Es ya un cuarto de la población total. De esos 130.000, se estima que 85.000 viven solos o con personas de su misma franja de edad.

Por no hablar de la emigración, disparada durante la crisis que llevó a Portugal a pedir un rescate financiero en 2011. Se estima que se marcharon medio millón de portugueses jóvenes, muchos de ellos con titulación superior, a los que es más difícil convencer para que vuelvan cuanto más pasa el tiempo. No solo porque hayan formado sus familias fuera, sino por cuentas simples: es complicado convencer a los emigrantes para que regresen a recibir salarios que rondan de media los 900 euros. La mayoría de veces no basta para pagar la calidad de vida que Portugal les ofrece para tratar de seducirles.

Pensiones de 400 euros

Con un número de trabajadores cada vez menor en relación al de ancianos, pagar las pensiones se convertirá en un problema con el paso de los años. Las contribuciones de la población activa pueden dejar de ser suficientes pronto, advierten los analistas.

"Para Portugal se estima un aumento muy significativo del gasto relativo a las pensiones en las próximas décadas debido al aumento de jubilados”, dice Craveiro. Pese a que también se calcula un leve aumento de las contribuciones por el aumento de empleo y subida de salarios, "no será suficiente para compensar totalmente el aumento del gasto". Hay ya, incluso, "varias fuentes que prevén déficit para el subsistema de pensiones públicas en las próximas dos décadas, que pueden llegar al 3% del PIB del país”.

"Obviamente son tendencias preocupantes", admite la experta, quien considera que el mantenimiento del sistema dependerá más de decisiones políticas que de apreciaciones financieras.

El debate del mantenimiento entra a veces en colisión con el del aumento de las pensiones, bajas para el coste de vida que ha adquirido la capital portuguesa en los últimos cinco años. El valor medio de una pensión en Portugal es de 436 euros al mes, según datos del portal de estadísticas Pordata. La seguridad social lusa contempla diferentes bases mínimas basadas en cuatro escalones de cotización. El mayor de ellos, para quien ha cotizado más de 31 años, establece un pago mínimo de 395 euros mensuales, a los que después se le añaden diferentes cantidades, en función de los valores declarados durante su vida laboral.

Teresinha prefiere no decir la cantidad exacta que recibe, aunque dice que "está cerca" de los valores antes referidos. Entre los gastos de la casa, comida y medicinas, muchas veces hace malabarismos para llegar a fin de mes. Esto en la parte baja de la tabla, en un país que carece de techo máximo de pensiones.

6.500 euros por regresar

El Gobierno del socialista António Costa es muy consciente de este problema. “Estamos quedándonos no solo con una población más envejecida, sino que tenemos cada vez menos jóvenes. Esto no solo implica que podamos imaginar que en 2060, en lugar de los diez millones que hoy somos, seremos solo siete millones, significa enormes desafíos para la propia sostenibilidad de la sociedad”, dijo el año pasado el primer ministro. Defendía entonces la necesidad de acoger inmigrantes, para lo que su gabinete agilizó los trámites para obtener la residencia.

No ha sido el único plan. El pasado julio se puso en marcha el "Programa Regresar", que ofrecía como incentivo 6.500 euros a los emigrantes lusos que volviesen, pero con contrato de trabajador por cuenta ajena. Tres meses después se conoció la primera valoración del plan: de las 1.500 personas que se estimaba podrían beneficiarse, apenas 300 emigrantes portugueses solicitaron la ayuda, y solo 37 están recibiendo el pago.

La sostenibilidad puede ser reforzada con políticas que incentiven el aumento de la edad de jubilación

Las reticencias de los emigrantes son claras: el desfase salarial de Portugal, donde un quinto de los trabajadores recibe el salario mínimo, 600 euros, y la media son algo más de 900 euros netos mensuales. Esto ha llevado a Costa a reforzar sus declaraciones sobre los salarios. Si antes se centraba en el incremento de los mínimos, que durante su legislatura se han subido unos 150 euros –no sin presión del marxista Bloco de Esquerda y del Partido Comunista–, ahora recuerda que es también importante subir los salarios en general, no solo el salario mínimo. Este asunto será prioritario en su segunda legislatura, que comienza ahora, aunque de poco servirá si la población activa no aumenta lo suficiente en relación al número de jubilados. Por eso, Craveiro apunta a otras posibles soluciones a largo plazo, ya identificadas en varios estudios.

"La sostenibilidad puede ser reforzada con políticas que promuevan e incentiven el aumento de la edad de jubilación, por diversificar fuentes de financiación del sistema de pensiones, por la actualización del sistema de contribuciones patronales más adaptadas a la digitalización de la economía, entre otras opciones", sostiene.

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