A la derecha de la ultraderecha: así es el líder alemán de la AfD que ansía "un 'führer'"

Radical incluso para los radicales. Idolatrado por los más extremistas. Aficionado a juguetear con las líneas rojas de la legalidad y a coquetear con símbolos y palabras que apestan a III Reich, a racismo y revisionismo, que desatan las alertas en Alemania, pero que encandilan a sus incondicionales. Este es Björn Höcke, uno de los líderes regionales de Alternativa para Alemania (AfD) que acaba de lograr un resultado récord para los ultraderechistas en las elecciones del estado de Turingia. Ahora mide sus fuerzas para su próximo objetivo: asaltar su partido para dar un golpe de timón a la formación y escorarla aún más a la derecha. Una jugada de éxito incierto y con consecuencias difíciles de predecir.

Höcke, de 47 años, es profesor de Historia de instituto, padre de familia con cuatro hijos y vecino de una aldea remota, en la Alemania rural, de apenas 350 habitantes. Y a la vez es el político más polarizador de Alemania, el agitador del ala más radical de AfD, el vínculo evidente del partido con las camaraderías neonazis. No recurre a los tapujos, como otras figuras de partido, para mantener la ambigüedad que tantos réditos electorales les reporta y contentar a la vez al rincón más ultra. Él, orgulloso y con un punto mesiánico, cautiva a quienes acuden a sus mítines; pero flaquea ante las cámaras por un egocentrismo de piel excesivamente fina para su exposición mediática.

Andreu Jerez. Berlín

Höcke, que llevó a AfD hasta el 23,4% de los votos en Turingia (12,8 puntos porcentuales más que en los comicios regionales previos), obtuvo relevancia nacional en Alemania, pese a ser tan solo diputado en un parlamento regional de segunda, a base de declaraciones. Suya es la frase "monumento de la vergüenza" para referirse, en un discurso a juventudes del partido en Dresde, al memorial del Holocausto que recuerda a los seis millones de judíos asesinados por el régimen nazi, enclavado en un lugar preeminente de Berlín, junto a la Puerta de Brandeburgo. Pisoteando el tabú de los tabúes en Alemania.

Contra Merkel, los refugiados y el islam

Sus dardos dialécticos también se han dirigido contra las políticas de asilo de Angela Merkel y contra la clase política en general, tirando de racismo y populismo. La canciller es la "'führer' de un régimen" liderado por un "cartel de partidos", una "élite" de "traidores de la patria", una "banda de indigentes". También ha advertido sobre la "africanización, la orientalización y la islamización" de Occidente y el "tipo de propagación africana" de los migrantes. Los minaretes, a su juicio, son la demostración de la "toma" del territorio que está llevando a cabo el islam en Europa. La lista sigue y sigue.

Oskar Helmerich, un excompañero de Höcke en el grupo parlamentario de AfD en el parlamento regional de Turingia, explicó en una entrevista a 'Focus' tras abandonar el partido que el líder radical "quiere acabar con la democracia en su forma actual" y apuesta por "una reforma absoluta de la sociedad". "Quiere un estado con un 'führer'", aseguró el exmiembro de AfD.

Llama "monumento de la vergüenza" al memorial del Holocausto que recuerda a los seis millones de judíos asesinados por los nazis

Según el sociólogo Alexander Häusler, Höcke mantiene "posiciones islamófobas" y no se arredra al compartir posturas con la extrema derecha. El historiador Norbert Frei entrevé en sus discursos "préstamos del movimiento nacionalsocialista en los tiempos de la República de Weimar", y el experto en la ultraderecha Hajo Funke lo tacha de "agitador autoritario para un concepto de la política y de la sociedad de extrema derecha". Un extremista y un nacionalista con un lenguaje "oscuro" y "mortífero", que emplea falaces argumentos biológicos para sustentar sus tesis racistas y que despliega "un modo de agitación fascista".

El líder en el estado federado de Turingia de AfD, Björn Höcke. (EFE)El líder en el estado federado de Turingia de AfD, Björn Höcke. (EFE)El líder en el estado federado de Turingia de AfD, Björn Höcke. (EFE)

A esto se une un carácter endiosado, amigo de los baños de masas con sus seguidores, de los grandes discursos ante públicos entregados, pero hipersensible con los periodistas que repreguntan o cuestionan sus tesis. Los medios, ha señalado, son unos "manipuladores" y adeptos al sistema, que practican una suerte de "acoso sistemático" contra su persona. En la campaña para las elecciones de Turingia, Höcke interrumpió con cajas destempladas una entrevista con una televisión pública regional y amenazó al periodista de "masivas consecuencias". El comunicador le acababa de mostrar un vídeo en el que compañeros de su partido eran incapaces de decir si varias citas seleccionadas eran del libro de Höcke o del 'Mein Kampf' de Adolf Hitler. Algunos reconocían además entre sonrisas que no se habían leído la obra del líder de AfD.

Asalto al partido

Höcke no quiere detenerse en Turingia. El éxito electoral es solo una etapa intermedia en su camino. Como cofundador de AfD en su estado federado, quiere ahora terminar de configurar el partido a su imagen y semejanza a escala nacional, tal y como concibió. Para eso debe dejar de ser el disidente radical interno y saltar a la dirección del partido. Y el congreso nacional de los ultraderechistas de este diciembre es su ventana de oportunidad. Para la que lleva tiempo preparándose.

Sin embargo, Höcke sigue sin desvelar si se presentará para uno de los asientos en la dirección del partido. Cuenta con el aval de su éxito electoral, y puede también atribuirse parte de los buenos resultados que ha cosechado AfD en las últimas dos elecciones regionales, las de Brandeburgo y Sajonia el pasado septiembre, donde la ultraderecha se hizo con uno de cada cuatro votos con su discurso más ultra. Segunda fuerza en ambos Länder orientales, igual que Turingia. Además, Höcke sabe que la rama más radical de la formación, denominada "Flügel", está con él. Como si fueran un solo hombre. Y se estima que son en torno al 30% del partido.

A. A.

No obstante, su toma de la cúpula no está en absoluto asegurada. Muchos en AfD recelan de su radicalismo ideológico, de las derivadas que puede tener en términos legales y electorales, y de su estilo de liderazgo, hiperpersonal y egocéntrico. Recientemente, un centenar de cargos del partido que se autodenominan "moderados" publicaron una carta abierta en la que alertaron sobre su persona, el 'Llamamiento de los cien'. "AfD no es ni será el partido de Björn Höcke", decía el texto, que abogaba por una formación "unida y fuerte".

La cúpula hasta ahora siempre ha mantenido una relación ambivalente hacia Höcke. Por un lado le han tolerado, por su respaldo interno y externo, pero por otro —de forma abierta o en corrillos— le han repudiado o criticado directamente, en lo político y en lo personal. Se ha planteado hasta en dos ocasiones expulsarle de la formación por su extremismo, pero ninguna ha prosperado. Ahora, tras su éxito en Turingia, está por ver qué pasos dan los dirigentes de AfD. Podrían seguir bloqueándole el camino... O permitir su ascenso, una opción que gana enteros tras las alabanzas internas que recibió tras su buen resultado electoral.

De euroescéptico a ultraderecha populista

Höcke puede seguir siendo un activo para AfD desde la disidencia interna. Disparando a discreción contra los musulmanes, los extranjeros, los ecologistas y las élites políticas de Berlín, aireando su racismo, incurriendo en el revisionismo histórico, en el blanqueo del pasado más oscuro de Alemania, diciendo lo que la cúpula piensa pero no se puede permitir expresar abiertamente. Así estaría, de alguna forma, controlado.

Pero la dirección puede abrirle las puertas a Höcke, o que él consiga tomar la cúpula en un golpe de efecto en el congreso. Entonces lo más probable, según los expertos, es que tratase de protagonizar el tercer giro a la derecha de AfD. El primero le hizo pasar de un partido euroescéptico a uno populista de derechas y conservador. El segundo le arrastró hasta la actual ultraderecha. En ambos estuvo entre bambalinas Höcke, que acumula ya varios cadáveres políticos en su armario.

Lo que no está claro es qué efecto puede tener este nuevo golpe de timón sobre AfD y, en concreto, sobre su electorado. Porque algunos politólogos han apuntado que la mayor fuerza de extrema derecha en Alemania en décadas podría morir de éxito si Höcke llega a lo más alto. Desplazándose hacia la derecha, AfD se cimentaría como aglutinador de todos los grupos de extrema derecha, pero correría también el peligro de ceder votantes por la derecha conservadora de raíces cristianas —que regresarían a los cristianodemócratas de Merkel— y por el lado del voto de protesta —que volvería probablemente a recaer en la abstención—. Además, está por ver todavía si el discurso de Höcke y su éxito electoral en el este es exportable al resto de Alemania.

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