"Zona cero iliberal": Las urnas revalidan a los ultraconservadores del PiS en Polonia

La proyección de resultados, a falta de que el martes se anuncie el resultado del 100% escrutado, confirma la holgada victoria de los populistas polacos del partido Ley y Justicia (PiS) en las elecciones generales del domingo 13 de octubre, calificadas como "las más importantes desde el colapso del comunismo en 1989", pues su resultado marcará el rumbo del futuro del país europeo.

Tras el renovado respaldo de las urnas, los ultraconservadores polacos del PiS seguirán adelante con sus reformas de las instituciones democráticas para adaptarlas a su proyecto de "crear una nueva Polonia": ente las promesas anunciadas durante la campaña electoral, Kaczynski ha hablado de una ley de prensa para "polonizar" los medios de comunicación, afianzar la polémica reforma del poder judicial que coloca a los jueces bajo control político, ampliar los subsidios e imponer medidas que sigan limitando el control del Gobierno por parte de las instituciones democráticas.

Tal y como anunciaban las encuestas, el PiS ha revalidado la victoria obtenida en 2015 e incluso ha aumentado su apoyo entre el electorado, obteniendo un 46% de los votos con el 77% escrutado. La participación ha superado el 60%. La oposición de centro derecha (KO) ha cosechado una nueva derrota, aún más acusada de lo esperado, y no superará el 26% de apoyos, mientras que la izquierda (Lewica, 12%) volverá a tener representación tras una ausencia en el Parlamento durante la última legislatura. La ultraderecha de Konfederacja también se colará en la Cámara baja con un porcentaje ligeramente superior al 5% necesario para obtener escaños.

Miguel Á. Gayo Macías. Cracovia

La victoria de los populistas, aunque consistente, queda lejos de la mayoría de tres quintos a la que aspiraban, lo que les habría otorgado el poder de saltarse el veto presidencial. De esta manera, las elecciones presidenciales a celebrar el año que viene cobrarán especial relevancia, ya que el actual Presidente, Andrzej Duda, se ha mostrado hasta ahora en clara sintonía con el PiS, dando al Gobierno manga ancha para avanzar en sus reformas. El Gobierno ha afirmado por boca de su líder, Jaroslaw Kaczynski, que han "recibido mucho, pero merecemos más", dando a entender que los resultados han sido buenos, pero no excepcionales.

Por su parte la oposición, que se ha mostrado incapaz de plantar batalla al Gobierno durante la campaña, ha emplazado a sus seguidores a "seguir trabajando" en el futuro. La coalición de izquierdas Lewica, que ha sabido reconstruir su identidad y regresar al Parlamento, y los pintorescos ultranacionalistas de Koalicja, cuyo líder afirma que "las mujeres no deberían votar y tendrían que cobrar menos que los hombres", han alcanzado el apoyo suficiente para obtener representación parlamentaria.

Ultraconservadores vs derecha clásica

Los respectivos eslóganes electorales (Gobierno: “Buen momento para los polacos”; oposición: “conectados por el futuro”) ya indicaban que la oposición confiaba más en el futuro desgaste del PiS que en sus propias fuerzas y prácticamente renunciaba al poder en la legislatura que empieza. Pocas semanas antes de las elecciones, la coalición de centro derecha cambió de líder: el desgastadísimo y poco carismático Schetyna cedió el testigo a Małgorzata Kidawa-Błońska, una diputada de carácter tranquilo y conciliador con antepasados ilustres en la historia polaca, pero sin tirón entre el electorado y sin tiempo para elaborar ninguna estrategia.

El PiS ha limitado su campaña a recordar los beneficios sociales (120 euros al mes por hijo menor de edad) y las promesas de extenderlos aún más en el futuro (subsidios para los ganaderos, exención de impuestos a los menores de 26 años y doblar el salario mínimo). Estas medidas han pesado más que los llamativos escándalos de corrupción, las acusaciones de autoritarismo, la mala imagen del país en el exterior y el desprecio por las instituciones democráticas que han marcado la legislatura de Ley y Justicia.

Miguel Á. Gayo Macías. Cracovia

Los datos del escrutinio confirman la profunda diferencia que existe entre los polacos que viven en grandes ciudades o tienen estudios superiores y los habitantes de los pueblos y regiones más pobres. El apoyo obtenido por el PiS en las cinco principales ciudades es menor al 22%; en las 10 mayores ciudades del país gobierna la oposición. Otro elemento discordante es el inusitado apoyo que los ultranacionalistas de Koalicja tienen entre los jóvenes: más del 20% de los polacos de 19 a 29 años han votado por un candidato que afirma que "un socialista no es humano, sino un animal" o que "las mujeres rubias y los hombres altos ganan más que las otras mujeres o los bajos". Por último, con el regreso de la coalición Lewica, que agrupa a tres formaciones de tendencias variadas, se corrige la anomalía de que el polaco fuese el único parlamento de la Unión Europea que no contase con representación de ningún partido de izquierdas.

Una "nueva Polonia"

La buena situación económica y los subsidios de Bruselas, que han permitido al gobierno ofrecer un programa de ayudas sociales que no tienen en cuenta la renta y que, según sus propios ministros, pone en riesgo la estabilidad económica del país a medio plazo, es lo que ha permitido al PiS renovar su victoria.

La furibunda campaña contra la comunidad gay (“enemigos del Estado”), la alianza subrepticia del Gobierno con la Iglesia y la poca capacidad de reacción de la oposición para aprovechar los escándalos de corrupción, unidos al uso propagandístico de la televisión pública, han sido las armas de que se ha valido la formación populista de Kaczynski para ganar estas elecciones. Una política ultraconservadora, que apela a los sentimientos nacionalistas y de revancha histórica sazonados con una política de gasto público camuflada de ayudas a la clase media han formado el cóctel populista que emborrachó al electorado polaco en 2015 y cuya receta piensa afinar aún más el PiS en la nueva legislatura y que presenta una cara más exitosa que, por ejemplo, la Hungría de Orbán.

A pesar de las reconvenciones de Europa, que tiene en Polonia a su oveja negra, el PiS ha convertido a Polonia en escaparate y epicentro del nuevo populismo europeo. Por su peso específico, valor económico y capacidad de influencia, Polonia se puede calificar como la "zona 0" del iliberalismo.

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