Una semana de pataleta: del Macron salvador al saboteador de la UE

Cuando España quiere mirar a Europa mira al norte, allí donde los trenes llegan en hora, los políticos dimiten y todo el mundo paga sus impuestos. Hay cierta sensación de inferioridad incluso tres décadas después de llegar a la UE de hoy. Cuando Francia quiere mirar a Europa sencillamente se mira al espejo. Y se peina un poco.

Un proeuropeo español quiere europeizar España, pero muchos proeuropeos franceses quieren afrancesar Europa, lo cual no tiene que ser necesariamente negativo. Una visión “Pariscentrista” del proyecto que nunca ha llegado a abandonar el Elíseo. Casi todos los presidentes de la República, en ese plano casi monárquico de su poder, prometen refundar Europa. Seguramente nadie lo ha hecho con la fuerza que ha usado Emmanuel Macron, que ganó las elecciones francesas frente a la xenófoba y euroescéptica Marine Le Pen con un discurso europeísta radical.

Nacho Alarcón. Bruselas

Francia tiene un rol clave para Europa, y de hecho es fundamental para España: frente a los países que solo están interesados en el aspecto económico de la Unión, París defiende una asociación más política, más republicana, que claramente está en línea con el proeuropeísmo radical español, uno de los más desacomplejados de Europa, pero también de los menos artículados a la hora de poder influir. Pero el problema es que estando la teoría clara, Francia fracasa una y otra vez en ponerlo en marcha durante los últimos años. Y eso, además de generar un vacío de acción, crea una enorme bolsa de frustración.

Macron ha aportado cosas importantes al debate europeo, cruciales, pero también ha cometido innumerables errores desde su llegada al poder. Uno de los que más consecuencias tendrá será el cómo París ha tirado la toalla en la lucha por un verdadero presupuesto de la Eurozona, un ejemplo más de cómo ha priorizado siempre su relación con Alemania frente al interés europeo. Es cierto que sin él ni siquiera se habría acordado el mini-presupuesto que ahora está sobre la mesa, pero este instrumento tiene poco o nada que ver con el que él propuso a su llegada al Elíseo. No acaban ahí los errores a nivel europeo: sigue amenazando con bloquear el acuerdo con Mercosur por sus propios intereses nacionales, a pesar de que la UE trata de pelear precisamente por ser la líder del libre comercio en tiempo de unilateralidad y proteccionismo.

Emmanuel Macron, presidente de la República francesa, en el Consejo Europeo. (Reuters)Emmanuel Macron, presidente de la República francesa, en el Consejo Europeo. (Reuters)Emmanuel Macron, presidente de la República francesa, en el Consejo Europeo. (Reuters)

Dos semanas saboteando

El presidente francés es también culpable de que el sistema del ‘spitzenkandidaten’ tras las elecciones europeas, que hacía que el Parlamento Europeo propusiera un presidente de la Comisión que hubiera participado en los comicios continentales, fuera sacrificado. Siempre se opuso a él, y en última instancia fue Macron, y no Merkel, el que puso sobre la mesa el nombre de Ursula von der Leyen, entonces ministra alemana de Defensa, para suceder a Jean-Claude Juncker al frente de la Comisión Europea.

Pero la última semana de Macron está siendo especialmente mala. Y todo empezó, precisamente, cuando decidió que ya era suficiente, que el Parlamento Europeo no podía seguir diciéndole a los líderes qué hacer. Cuando decidió que Von der Leyen era una buena idea.

El pasado jueves, y tras un proceso largo y doloroso para ella, la Eurocámara rechazó por segunda vez y de manera definitiva a la francesa Sylvie Goulard, muy cercana al presidente, para el cargo de comisaria de Mercado Interior. Una investigación abierta por unas ayudas parlamentarias que provocaron su dimisión cuando acababa de ser nombrada ministra de Defensa francesa fue la razón fundamental que usaron los eurodiputados populares y socialistas para pasar a cuchillo a Goulard, antigua eurodiputada.

Nacho Alarcón. Bruselas

Un Macron humillado por una Eurocámara que tiene pocos poderes pero que los que tiene bajo su control los aprovecha al máximo para apretar las tuercas, aseguró que esto era producto del “resentimiento”. Y en cierto modo era una venganza: por haber impuesto a Von der Leyen en contra de la voluntad del Parlamento, por haber llevado a una mujer que sabía que podía tener problemas, por haber pensado que la Eurocámara no tendrá el arrojo de rechazar por primera vez en la historia a una candidata gala.

El presidente francés ni siquiera entendía qué había pasado porque en el sistema francés el parlamento no tiene un rol autónomo y fuerte. Aquí, unos eurodiputados atrincherados, decidieron demostrarle a Macron que afrancesar Europa le costará más que un par de llamadas telefónicas. Pensaba que todo estaba arreglado, que en Bruselas Von der Leyen había pactado con los grupos políticos una luz verde a Goulard, algo que nunca pasó.

Y entonces Macron decidió tomar el camino equivocado, y atacó directa y frontalmente a la futura presidenta de la Comisión Europea: “No entiendo cómo, cuando la presidenta nominada tiene un discurso con los tres presidentes de los grupos y llegan a un acuerdo, pasa algo así. No lo entiendo, y necesito comprender qué tipo de resentimientos han tenido un papel aquí”, aseguró el presidente galo, dejando entrever que Goulard ni siquiera era una opción suya, sino una petición de Von der Leyen. Eso en inglés se llama de una manera: “Throw her under the bus”. Lanzarla bajo el autobús, literalmente.

Von der Leyen junto al presidente galo. (EFE)Von der Leyen junto al presidente galo. (EFE)Von der Leyen junto al presidente galo. (EFE)

Una crisis abierta

“Hay una nueva Comisión, un nuevo Parlamento que se ponen en marcha y que afrontan, en ambos casos, una crisis que no debemos permitir que se instale ni que se desarrolle”, aseguró en su momento Macron. En la Eurocámara están de acuerdo: pero le culpan a él. Si nunca hubiera decidido reventar el sistema del ‘spitzenkandidaten’ no se habría llegado a este punto.

Ahora ya sabemos que la Comisión Von der Leyen no comenzará el 1 de noviembre, cuando le correspondía, sino el 1 de diciembre, por el retraso que se ha producido tras el rechazo a Goulard, pero también por la negativa a los candidatos húngaro y rumana, a los que algunos en la Eurocámara culpan precisamente a los liberales de Macron, a los que una fuente parlamentaria califica de “sobreexcitados”.

A. A.

No es la única crisis que Macron ha abierto esta semana: en los últimos días París ha rechazado frontalmente que la UE abra negociaciones de adhesión con Macedonia del Norte, a pesar de que Skopje ha cumplido con los requisitos marcados por los Veintisiete y que ha pasado por reformas enormemente dolorosas, como la del cambio de nombre del propio país. Europa le prometió a los macedonios que si hacían su parte de los deberes, el club cumpliría. Y no lo ha hecho, lo que ha provocado el enfado de muchos en la capital comunitaria con Macron.

París defiende que hace falta una reforma completa del proceso de ampliación, pero distintas fuentes culpan a los franceses de tener una mirada a corto plazo: esta decisión afecta de forma crucial a la credibilidad de la UE como socio en los Balcanes, y abre la puerta a que la influencia rusa y china tenga un terreno más abonado. Europa quiere ser una potencia global pensando como una aldea.

Bandera europea y de Macedonia del Norte. (EFE)Bandera europea y de Macedonia del Norte. (EFE)Bandera europea y de Macedonia del Norte. (EFE)

El cabreo con Francia no se ha limitado a las negociaciones a un nivel técnico, y durante el Consejo Europeo de este jueves y viernes el asunto ha seguido sobre la mesa, con la propuesta de separar las candidaturas de Macedonia del Norte y Albania, que por alguna razón se mantienen como un paquete, aunque todas las recomendaciones apuntan a considerar sus dosieres por separado.

“Error histórico” es una de las expresiones más utilizadas. Macron se ha defendido sin dar explicaciones concretas: “Necesitamos una UE y un sistema de ampliación reformados, una credibilidad real y una visión estratégica de quiénes somos y nuestro papel”, aseguró en rueda de prensa. Pero la realidad es que esta decisión resta credibilidad a la UE, muestra una total ceguera estratégica, y demuestra que Macron está fallando en su intención de lograr una Unión reformada, a la vez que no hace propuestas para cambiar el sistema de ampliación. En una sola frase, el presidente galo muestra toda la inconsistencia de esta postura.

Nacho Alarcón. Bruselas

Fuentes diplomáticas francesas incluso contraatacan a la Comisión y al Consejo de forma bastante agresiva, señalando que sus recomendaciones son muy bienvenidas, pero que la decisión última es de las capitales. Un plural mal utilizado: porque París está prácticamente sola en esto.

A medida que los años pasan, la credibilidad de la imagen exterior de Macron se diluye. Intenta jugar un rol cada vez más importante, pero fracasa en sus objetivos: sí, Francia es determinante, pero lamentablemente no para aportar grandes progresos y cambios. ¿Se está ‘Trudeauizando’ el presidente francés? Que tiene un buen discurso, imagen y narrativa está claro. ¿Pero hay algo más ahí que pueda coronarle de verdad como un líder para el futuro? ¿Algo que pueda cambiar el rumbo de Europa? La paciencia de algunos con el francés se acaba a la misma velocidad que se termina el tiempo de Macron para responder a esas preguntas.

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