Se libra de la cárcel después de atar un cable al morro de su perro para que no ladrara

Un hombre de Mount Gambier, una ciudad del sur de Australia cercana a Melbourne, no irá finalmente a la cárcel pese a admitir que ató el hocico de su perro con un cable. El juez ha decidido condenarle a dos años sin poder poseer animales, 1.600 dólares en costes veterinarios y una amonestación por mal comportamiento que lleva aparejado una multa de 200 dólares. Si en los próximos 15 meses vuelve a cometer algún acto delictivo, contará con antecedentes.

Tal y como publica RSPCA, una ONG de cuidado de los animales australiana, la Ley de Bienestar Animal del estado de Australia del Sur establece penas de hasta dos años de cárcel o 20.000 dólares de multa para delitos de maltrato animal no agravados. Si el delito es considerado grave, la multa asciende a 50.000 dólares y la pena de prisión puede alcanzar los cuatro años.

El hombre, de 48 años, había comprado a la perra en 2018 en un criadero de pastores alemanes: la puso de nombre Chloe y tenía 11 meses en el momento de los hechos. Ha admitido que ese día ató el morro de la perra con un cable por la mañana y que tenía intención de quitárselo cuando se fuera a trabajar.

Más de cuatro horas sin beber

Achaca a un despiste el hecho de que se marchara a su oficina y dejara a la perra con el hocico atado toda la mañana. Fueron unos vecinos que pasaron junto a la casa después de la 1 de la tarde quienes se dieron cuenta de que la perra tenía el morro atado. Entraron, la soltaron y la rescataron, llevándosela a casa: bebió agua durante un buen rato y después se tumbó sobre un plástico que tenía agua y se quedó allí jadeando.

Los perros regulan su temperatura interior jadeando, por lo que Chloe no pudo hacerlo durante más de 4 horas

Cuando la perra descansó, sus rescatadores la llevaron a un veterinario. No encontró marcas del cable en el hocico, pero sí una temperatura corporal alta para lo que es normal en un perro. Eso se debió a que estos animales controlan su temperatura interior por medio de la boca: como no pueden sudar, controlan su cuerpo jadeando.

Brad Ward, presidente de loa veterinarios australianos, explica que “si evitas que un perro enfríe su cuerpo jadeando, lo expones a un riesgo extremo de sobrecalentamiento, especialmente en climas cálidos. Los perros deben poder refrescarse por la boca, por no mencionar que pueden beber y comer con facilidad". Chloe ha sido realojada en otra casa y ya vive felizmente con otra familia,

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