Microcosmos suizo: ¿de qué se discute en unas elecciones cuando todo va bien?

Las elecciones suizas de este domingo no les importan ni a los suizos, quienes se enorgullecen de no conocer el nombre de su presidente. En los comicios federales de 2015, la abstención superó el 50% en un país acostumbrado a votar cuatro referéndums al año. Un paseo por Ginebra confirma este desinterés: las portadas de los periódicos abren con la invasión turca en el norte de Siria, los carteles electorales apenas lucen y si hablas con cualquier suizo te reconocerá que, voten a quien voten, todo seguirá igual. Y así prefieren que sea.

Sin embargo, el microcosmos del país helvético suele ser un buen laboratorio para entender los movimientos tectónicos de la política europea. Y la novedad de la campaña suiza es que ha sido monotemática: "No ha sido una ola, sino un tsunami lo que ha barrido la campaña electoral. El clima [...] ha ahogado el resto de cuestiones y ha obligado a los partidos políticos a posicionarse", escribía el periódico suizo 'La Liberté' esta semana.

Enrique Andrés Pretel

¿Pero cómo es posible que el cambio climático se haya vuelto el principal -y casi único- tema de discusión? "Nosotros tenemos un marcapasos que son las montañas. En Suiza vemos los efectos del calentamiento en primera persona. Por otro lado, la gente mayor sufrió mucho este verano con la ola de calor. Se batieron récords de temperatura", cuenta Alfonso Gómez, candidato de los Verdes a la ciudad de Génova, en un café del centro. Pero hay otro motivo. Todo va tan bien que los suizos apenas tienen de qué quejarse.

La primera preocupación de los suizos

El paro en Suiza apenas alcanza el 2%. El país, que cuenta con 8,6 millones de habitantes pero con la mitad del PIB de España, va como un tiro pese a los cantos de sirena de guerra comercial (crecerá un 1,7% en 2020 frente al 1,3% actual) gracias a su diversificación y especialización en sectores estratégicos. Al mismo tiempo, las prestaciones sociales son muy elevadas. “Suiza va muy bien. Y como el país funciona, los políticos no hablan de inmigración como en 2015, sino del clima. Es lo que más preocupa a los suizos", cuenta por teléfono Muriel Ballaman, periodista de la Radio Televisión Suiza. Para ello, Ballaman recalca que tanto políticos de izquierda y derecha han instrumentalizado la figura de Greta Thunberg "para atacar a su adversario".

De este viraje de la inmigración al cambio climático hay dos ganadores relativos y un perdedor: mientras los partidos verdes (suman el 17% del voto) suben, el Partido Popular Suizo (SPV), con posiciones cercanas a la derecha radical y que lidera las encuestas (27%), puede caer respecto a 2015. Pero apenas unos puntos porcentuales, recuerda Gómez, quien insiste una y otra vez que para que las cosas cambien en Suiza "tiene que pasar mucho tiempo".

Antonio Martínez. Berlín

El SPV ha sido un partido que siempre ha ganado terreno alertando sobre la presión migratoria. Por eso no sorprende algunas de sus afirmaciones relacionando el calentamiento global con la llegada de inmigrantes al país. Pero desde la formación, insisten en que se está sobredimensionando el problema: “Todo el mundo habla del clima por los jóvenes que han empezado a hacer huelgas y a saltarse las clases. Los medios y los periodistas les han apoyado y han dictado la agenda política del clima", explica a este diario Oliver Rumo, quien a sus 22 años es uno de los candidatos más jóvenes del SPV al Parlamento.

Rumo ha protagonizado una de las pocas polémicas de la campaña. En un vídeo electoral, este joven político simula una especie de Tinder político para decir "match" o no sobre distintos temas. El vídeo [debajo] ha generado tanta controversia (prefiere "los sesos a la carne halal" o está en contra de la mendicidad porque él "no va a pedir dinero por la calle") que ha tenido más de dos millones de visualizaciones. Pero Rumo no se esconde: "Greta es un símbolo 'fake', un simple producto de los medios que no sabe nada de la vida adulta".

Otros partidos de centroderecha, que tenían previsto otro tipo de campaña, han decidido improvisar y apoyar la lucha contra el cambio climático. "Cuando tienes un tema que pasa de ser la 15ª preocupación a la primera, tienes que seguir la corriente", se justificaba el vicepresidente de los Liberal-Radicales Philippe Nantermod.

Sin embargo, aunque casi todo vaya bien, Suiza tiene algunas manchas: "Otro de los temas que preocupan, además de las pensiones, es la desigualdad entre el hombre y la mujer. En ese sentido, Suiza aún es un país conservador", cuenta la periodista Ballaman. En 2015, apenas se eligieron 64 mujeres para el Consejo Nacional (32% del total). Se espera que se mejore esa cifra.

Por qué son aburridas

En estas elecciones, los suizos eligen representantes para el Consejo Nacional y el Consejo de Estados, que simbolizan a todos los cantones del país. Tras los comicios, ambas cámaras (el Parlamento y el Senado, respectivamente, pero con mismos poderes) se juntan para decidir quién formará parte del Consejo Federal, un gabinete de gobierno de siete personas que incluye políticos de casi todos los partidos. El presidente, una figura ‘primus inter pares’, se renueva cada año. La complejidad de las elecciones hace que, más allá del cambio de unos cuantos asientos, Suiza siga prácticamente igual que antes de las elecciones.

Pero la apatía de los votantes suizos tiene una razón de ser: su democracia directa. Al votar cuatro veces al año, las elecciones se ven como algo más difuso que una votación y poco relevante: "Los referéndums atraen más a los votantes que las elecciones, porque tratan de un tema en concreto", explica Sean Muller, investigador de Ciencias Políticas de la Universidad de Berna.

Además, sus campañas electorales son meras ficciones, pues una vez acabadas los políticos suizos de ambos extremos se volverán a sentar en la mesa a negociar: "Los cuatro grandes partidos han estado gobernando juntos desde 1959, con alguna interrupción", subraya Muller. "Es normal que compitan entre ellos para las elecciones, pero también es extraño y raro, ya que ellos cooperan a menudo y en varios lugares (ni a nivel regional ni local hay gobiernos de partido único, solo coaliciones de al menos dos y hasta cinco partidos)”.

Por eso, aunque algunos partidos de izquierdas propongan medidas ambiciosas contra el cambio climático, deberán consensuar una respuesta común después de las elecciones. El Partido Socialista (segundo en las encuestas con un 18%) sugiere un "plan Marshall" para el clima, mientras que los liberal-radicales prefieren impulsar una revisión de la ley de CO2 y un impuesto que iría de los 30 a los 120 francos por cada billete de avión, medida que aplauden los verdes.

La propuesta de Albert Rösti, líder de la derecha radical, es la que tiene por ahora más posibilidades de éxito a corto plazo. Rösti, quien achaca a la izquierda monopolizar la campaña, sugiere evitar histerias, admirar el buen tiempo y... disfrutar del calor.

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