Los vientos populistas ponen en jaque el crecimiento económico y social de Chile

La política desarrollada por los últimos gobiernos de Chile ha estado muy influenciada por los conflictos sociales que han ido aflorando y las decisiones estratégicas que se han tomado han estado dirigidas más a solventar estos problemas del corto plazo que a mejorar la competitividad, la integración de la economía chilena en la economía mundial, las reformas estructurales y la reducción de las desigualdades sociales. Los desórdenes que se están registrando han logrado una modificación de las políticas públicas, dando impulso a una centrifugación a los extremos de corte populista que hace pensar que el consenso económico que ha existido en Chile desde el final de la dictadura y que ha permitido un crecimiento sostenido del país, con las más relevantes mejoras sociales, ha caído en el olvido.

En estos momentos hay un alto riesgo de que la cesión ante el populismo comprometa el desarrollo futuro de Chile. Estas son las principales conclusiones del análisis que el Instituto Coordenadas de Gobernanza y Economía Aplicada ha realizado sobre la situación económica y social reciente de Chile y sus perspectivas de futuro.

Efe

El modelo económico de Chile ha sido un referente de crecimiento y de reducción de la pobreza y la desigualdad en todo el continente latinoamericano. En un mar de complejidades económicas y sociales en el Cono Sur, Chile sobresalía como una isla que había sido capaz de crear un sistema que la aislaba de esos problemas y garantizaba su crecimiento.

Sin embargo en los últimos años, sobre todo a partir de la crisis mundial de 2008, y como consecuencia de la atomización política y social, se observa un cambio muy evidente en las políticas económicas que han llevado a que Chile haya perdido posiciones y competitividad y despierte una confianza menor en los mercados internacionales que hace una década, señala el análisis del Instituto Coordenadas.

En la última década el ritmo de crecimiento de la economía chilena se ha ralentizado y, lo que es más grave, según las estimaciones de los principales organismos internacionales, la capacidad de crecimiento futuro de Chile se ha reducido. La razón que explica este cambio es que las prioridades de la agenda política han estado marcadas durante ese tiempo por las exigencias derivadas de los debates y conflictos sociales que se han planteado, sin atender a la institucionalidad o a las reformas estructurales que los tiempos demandan.

Se ha dejado a un lado la disciplina de una estrategia centrada en conseguir un objetivo común de crecimiento y convergencia en renta

Según el análisis del Instituto Coordenadas, se han dejado a un lado las exigencias de una política y la disciplina de una estrategia centrada en conseguir un objetivo común de crecimiento y convergencia en renta. Un objetivo que había sido asumido de forma consensuada por la sociedad chilena desde el la presidencia de Patricio Aylwin.

En lugar de consolidar su singularidad y su modelo propio de crecimiento, la economía y la política chilena se han ido aproximando más a los países de su entorno, perdiendo, en gran medida, sus rasgos más distintivos del pasado y las claves de su viabilidad futura. Todo ello se está traduciendo en severo riesgo de contracción de la inversión extranjera; en la relajación de la disciplina fiscal, con las consiguientes rebajas de las calificaciones crediticias y una menor credibilidad internacional. El mercado laboral se ha hecho mucho más rígido y los costes laborales se han disparado, lo que como bien se conoce en España genera desempleo sistémico.

Gerard Soler. Santiago de Chile (EFE)

El panorama político chileno está generando todo tipo de dificultades y retrasos para la puesta en marcha de las reformas necesarias para diversificar el patrón exportador, aumentar la competitividad, reducir la burocracia y las barreras de entrada en algunos sectores, indica el análisis del Instituto. Un panorama político y social que ha provocado que Chile pierda posiciones en los informes “Doing Business” y “Global Competitiveness Report”, que reflejan además cómo otros países lo han superado en la última década.

De cara al futuro inmediato, es necesario mejorar la formación y la capacidad de adaptación de los trabajadores a las nuevas tecnologías; aumentar el atractivo del país y conseguir una economía más flexible que atraiga a la inversión. Jesús Sánchez Lambás, Vicepresidente Ejecutivo del Instituto Coordenadas asegura que “perder la perspectiva del medio y largo plazo, olvidar la disciplina presupuestaria y fiscal y ceder a la exigencias de lo inmediato populista, es un camino sin futuro que una sociedad como la chilena, que ha demostrado sobradamente sus capacidades para generar crecimiento, empleo, mejoras sociales y riqueza, no puede permitirse en una huida al populismo circundante. Chile es otra cosa ”.

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