¿Los nuevos ricos de Europa? El milagro económico de Polonia esconde una trampa

1991 fue el último año malo de la economía polaca. Mientras que la Europa del euro tiene sus altibajos, la Polonia del zloty, la moneda nacional polaca, ha crecido todos los años desde 1992, con una media del 4,2%. Hoy el paro está por debajo del 4% y el PIB se ha multiplicado por ocho en solo tres décadas.

Mientras que muchos gobiernos europeos hacen malabarismos o aumentan su déficit para pagar las pensiones, el gobierno polaco ha prometido eximir de impuestos a los menores de 26 años, otorgar un bonus anual a los pensionistas y pagar unos 120 euros mensuales por hijo para fomentar la natalidad. Además, se planea doblar el salario mínimo en 2022 para que alcance los 4.000 zlotys, unos 900 euros mensuales. Un economista comparaba la economía polaca con un frondoso bosque donde todos los árboles crecen fuertes y saludables. Pero, aceptando la metáfora, ¿se trata de robles o de bonsáis?

Miguel Á. Gayo Macías. Cracovia

La respuesta depende de la perspectiva. Hace menos de un año que Varsovia entró a formar parte de la "primera división" del FTSE Russell (un índice oficioso de los mercados bursátiles más desarrollados del mundo) y la GPW (la Bolsa de Varsovia) pasó a formar parte de los 29 mercados de valores más importantes del planeta. Desde la incorporación de Israel en 2009 a esta 'liga de los grandes', no se unía un nuevo socio a este exclusivo grupo creado en 2004.

Mientras que en Estados Unidos, el Reino Unido, Francia o Alemania el número de valores que cotizan en la bolsa ha disminuido en las últimas décadas, en Polonia ese número ha aumentado aún más que en China, Rusia o Indonesia, países que, por cierto, están en la categoría 'B' o 'C' del índice FTSE Russell.

Se le ha llamado "el milagro bursátil polaco". También se habla del "milagro económico" y, dado que el supuesto prodigio dura ya casi tres décadas, se le ha rebautizado como "la era dorada de la economía polaca".

Para transformar el capital económico en político, el gobierno populista del PiS (Ley y Justicia) ha diseñado un generoso programa de gastos sociales. Muy generoso: se rebajó la edad de jubilación de los 67 a los 65 años para los hombres y a los 60 para las mujeres; la mayoría de los nuevos negocios no deben pagar impuestos durante sus primeros dos años y a los mencionados 120 euros por hijo y se quiere añadir un "sueldo" para los ganaderos de 23 euros por cerdo y 120 por vaca. Los policías nacionales recibieron una subida salarial equivalente a 250 euros mensuales el diciembre pasado.

Miguel Á. Gayo Macías. Cracovia

El jefe del PiS, Jaroslaw Kaczynski, ha dicho que su país solo adoptará el euro "cuando la economía polaca sea tan grande como la de Alemania", una meta a la que alude cada vez que se dirige en clave electoral (los próximos comicios se celebran el domingo 13 de octubre) a los polacos.

Los expertos critican que, en vez de elaborar un programa social que otorgue esas ayudas a quienes más lo necesiten, el PiS se dedica a inyectar dinero a colectivos que, por número y afinidad, le "pagarán el favor" con su voto. Esto explicaría que, por ejemplo, se inyecte dinero en períodos de campaña electoral -como la de este mes- a industrias de capa caída como la del carbón (el sindicato de mineros acaba de recibir 10 millones de euros) o a los agricultores, que recibieron 210 millones de euros justo antes de las elecciones municipales.

Zlotys a cambio de votos

Para Marek Belka, exministro de Economía, esta manera de actuar es un "festival de irresponsabilidad" cuyo objetivo es que los ciudadanos identifiquen la bonanza económica con el mandato del PiS y que, además, se traduzca en dinero "extra" cada mes, en lugar de mejoras en los servicios o inversiones en infraestructuras.

Esta barra libre de dinero público, que es la base del éxito electoral del PiS, es posible en gran medida gracias a los fondos de cohesión de la Unión Europea, de los que Polonia es desde hace años el mayor beneficiario (en sus quince años de UE, Varsovia ha recibido el equivalente a 1,2 veces su PIB desde Bruselas). A pesar de ello, el 'premier' Morawiecki dijo hace poco que, para los polacos, "la UE es para llenar sus bolsillos, no para aceptar experimentos sociales o imposiciones de valores extranjeros".

La UE es para llenar los bolsillos, no para aceptar experimentos sociales o imposiciones de valores extranjeros

Por ahora, las arcas del Estado están siendo capaces de sufragar estos gastos. Pero fuentes del propio Gobierno coinciden en que, aunque la economía siga creciendo al ritmo actual, los programas de gasto social serán una carga demasiado pesada a medio plazo. Un informe del ministerio de Economía asegura que doblar el salario mínimo dispararía la ya galopante inflación y provocaría un aumento del desempleo y la economía sumergida. Precisamente hace pocos meses que la ministra del ramo presentó su dimisión por desacuerdos con este "festival de irresponsabilidad".

El peligro de la inflación

La elevada inflación, primer síntoma de desajustes en el cuadro de una economía, afecta a todos los sectores y se acerca al 3% (como comparación, en España es inferior al 0,3%). En un acto electoral reciente, la oposición comparaba una nevera con comida por valor de 20 euros con los precios de 2015 y los precios de 2019. Por ejemplo, el precio medio de la carne de pollo ha subido un 10% en dos años, el transporte público ha subido un 20% en tres y los precios de la vivienda crecen a ritmo de "burbuja": un 11% anual en Cracovia, un 12% en Varsovia y un 21% en Gdansk.

Los salarios, aunque crecen de manera sostenida en el sector privado, siguen siendo bajos (800 euros brutos de media). Para los empleados públicos, la situación es mucho peor. La huelga de maestros que paralizó las escuelas polacas hace pocos meses tenía como demanda principal un incremento salarial que al final no se concedió y, a día de hoy, una maestra de escuela pública comienza a ejercer cobrando menos que una cajera de supermercado.

Miguel Á. Gayo Macías. Cracovia

El Gobierno hace bandera de una política social que protege a la clase media, pero la realidad es que la inversión en servicios públicos es la gran olvidada en los presupuestos del PiS. Gasta menos en Sanidad que el resto de Europa, se han eliminado 10.000 empleos en la educación pública y en 2018 volvió a subir el porcentaje de ciudadanos en situación de extrema pobreza, umbral de pobreza y riesgo de pobreza. Un teléfono público de emergencia para niños y jóvenes ha tenido que recurrir a donativos públicos para seguir funcionando, ya que el Gobierno ha dejado de destinarle fondos. Cada año, este servicio tiene que contratar unas 400 intervenciones rápidas en casos de suicidios o situaciones de vida o muerte para menores de edad.

Hipotecas en francos suizos

Además, en las grandes ciudades polacas es palpable el proceso de “gentrificación” provocado por el encarecimiento de la vivienda. El precio por metro cuadrado en Varsovia no baja de los 2.500 euros y, durante años, muchos polacos compraron sus viviendas con hipotecas en francos suizos, atraídos por los bajos intereses. La moneda suiza se ha apreciado un 6% frente al zloty polaco en el último año (y nada menos que un 85% en la última década), y ahora un tercio de las familias polacas se enfrenta a unas hipotecas que no pueden pagar.

Protestas por las hipotecas en francos suizos en Varsovia. (Reuters)Protestas por las hipotecas en francos suizos en Varsovia. (Reuters)Protestas por las hipotecas en francos suizos en Varsovia. (Reuters)

En total, se trata de entre 15 y 25.000 millones de euros que alguien tiene que devolver a los bancos suizos. Miles de ciudadanos ya han hecho causa común para demandar en el Tribunal Europeo al banco que les dio el crédito. Si el fallo favorece a los consumidores, los bancos polacos deberán pagar el equivalente a sus beneficios netos de 2018 multiplicados por cuatro. Otros polacos llegaron a contratar hipotecas en rublos o incluso yenes y se encuentran en una situación parecida.

En una notaría de Cracovia se está ultimando la venta de un piso. Tras la firma del contrato, una secretaria trae a la mesa una máquina de contar billetes para que la vendedora compruebe que los fajos colocados encima de la mesa suman 150.000 zlotys (unos 35.000 euros). Cuando la máquina se atasca y lanza un montón de billetes hacia el techo, estos caen y acaban formando en el suelo una alfombra multicolor. Alguien grita "¡Na szczęście!" ("¡alegría!") y todos - el notario, el agente inmobiliario, la vendedora, la compradora y la secretaria - prorrumpen en una carcajada nerviosa que quita tensión al ambiente.

"Si se pierde algún billete debajo de la mesa puedes quedártelo", le dice la vendedora a la secretaria. "Todos tenemos derecho a ser ricos en Polonia".

No hay comentarios

Publicar un comentario

Página principal