Las urnas cercan al último socialista del siglo XXI: Evo Morales, contra las cuerdas

Tras casi 14 años de mayorías absolutas y de arrasar en cada una de las elecciones, Evo Morales ha quedado tocado después de las votaciones de este domingo. Tocado, pero no hundido. El presidente de Bolivia parece que se verá abocado a una segunda vuelta en diciembre si quiere alargar su gobierno hasta el 2025 y cumplir dos décadas ininterrumpidas en el poder. Pero no lo va a tener fácil. Su revolución originaria pierde fuelle ante un frente opositor unificado con un mensaje único y claro: voto anti-Evo a toda costa.

El presidente ganó este domingo. Pero es de esas victorias agridulces que no sirven para completar el objetivo que buscaba. Se le notaba en la cara ante el auditorio que gritaba su nombre, por mucho que dijera confiar en el voto del campo. Pero no. Con más de un 80% escrutado, el mandatario habría cosechado un 45% de los votos. Insuficiente para evitar una segunda vuelta -que se activa si ningún candidato logra un 50% de los sufragios -o el 40% y 10 puntos de ventaja respecto al segundo-.

“Tenemos las informaciones preliminares y como siempre, hermanas y hermanos, (estamos) confiados en el voto del campo”, dijo la noche del domingo un cariacontecido Morales, quien a sus 59 años se ha convertido en el último superviviente de la hornada de abanderados del llamado socialismo del Siglo XXI, de Hugo Chávez en Venezuela a Rafael Correa en Ecuador.

Más contento estaba Carlos Mesa, expresidente del país (2003-2005), quien obtuvo la segunda posición con el 38% de los votos con su plataforma Comunidad Ciudadana. Su sensación es de victoria porque lleva a Bolivia, por primera vez, a una segunda vuelta y frena un cuarto mandato consecutivo del Movimiento Al Socialismo (MAS) de Morales. Mesa, quien tuvo que dimitir hace casi 15 años precisamente por la presión de los movimientos sociales que impulsaron al líder cocalero, se ha convertido en ese pasado que siempre vuelve.

Carlos Malamud*

Todavía hay que esperar los resultados oficiales definitivos -que se conocerán en los próximos días - y cuya demora está tensando los ánimos políticos en el país. Morales cree que ese 17% restante le va a dar esos puntos de diferencia para evitar la segunda vuelta, mientras la oposición exige transparencia después de que el Tribunal Electoral interrumpió inesperadamente la transmisión de datos y advierte contra posibles intentos de manipulación electoral.

“A partir de todos los recuentos de conteo rápido independientes, estamos en segunda vuelta por una diferencia que es inferior a los 5 puntos entre el primero y el segundo”, dijo Mesa en un mensaje de video publicado en sus redes sociales. “No vamos a aceptar que se nos burle el voto que nos lleva a la segunda vuelta para construir una Bolivia mejor”, dijo desafiante.

Si hay segunda vuelta y se da un trasvase de votos del resto de candidatos a Mesa, la oposición tendría el triunfo en diciembre al alcance de su mano.

Más allá de la economía

La no-victoria de Morales llega después de perder más de 20 puntos en los últimos cinco años y pasar de ganar en ocho de nueve departamentos a solo hacerlo en cinco -en un país de 11 millones de habitantes-. Mesa se ha llevado los otros cuatro departamentos, los del Oriente, los de las tierras bajas, los más afectados por el fuego de este verano, los que provocaron la polarización autonomista del 2008.

Especialmente llamativo es el voto en la opositora región de Santa Cruz, que prefirió el voto útil hacia Mesa y no hacia el candidato autonomista, Óscar Ortiz. Este último obtuvo un 9%, lejos del 47% del candidato de Comunidad Ciudadana y del 33% de Evo Morales en el departamento. El presidente ha vuelto a ver cómo fuera del altiplano su candidatura cuenta con más rechazo que respaldo.

Estos resultados se dan a pesar de la buena marcha económica del país, que ha liderado las tasas de crecimiento en América Latina en cuatro de los últimos cinco años con una expansión promedio del 4,5% interanual, y de haber reducido la pobreza -tanto extrema como moderada- en más de 20 puntos. Pero la política va más allá de los datos macroeconómicos. En 14 años de "revolución cultural" son muchos los asuntos críticos que Evo ha acumulado sobre sus espaldas.

El autodenominado "proceso de cambio" se ha encontrado en los últimos cinco años con bastantes problemas políticos que han eclipsado la estabilidad económica. El más importante ha sido la propia candidatura de Evo Morales. La constitución aprobada en 2009 marca en dos mandatos consecutivos el máximo para la Presidencia del país. El líder bolivariano ya tuvo dos mandatos antes de las elecciones de 2014 (2006-2010 y 2010-2015), pero el Tribunal Constitucional le permitió participar en estas porque consideraba que el primer mandato no se incluía en la limitación de la carta magna que acababa de aprobarse.

Europa Press

En 2016, Morales anunció su intención de concurrir en las elecciones para el periodo 2020-2025 y convocó un referéndum para reformar la constitución y eliminar la limitación de mandatos. El resultado fue de un 51% en contra. Bolivia le dijo no. Pero aquello no era el fin de la historia para Evo. El Tribunal Constitucional, primero, y el Tribunal Supremo Electoral después avalaron su candidatura al considerar que presentarse a unas elecciones democráticas es “un derecho humano” según recoge la Convención Americana de Derechos Humanos.

Las críticas por tiranía y querer perpetuarse en el poder no tardaron en llegar. A ellas se suman las acusaciones de mala gestión del dinero público, despilfarro y hasta casos de corrupción que han afectado a núcleos cercanos a Morales como el Caso del Fondo Indígena que afectó a una exministra y a dos exdirigentes de su partido. La explotación del litio en Potosí o los incendios de la Chiquitanía y la Amazonia han dañado en los últimos meses la ya desgastada imagen para una parte de la sociedad del presidente.

Fantasmas del pasado

Pero, ¿quién es la persona que ha conseguido plantar cara electoral a Evo Morales? Carlos Mesa, periodista, historiador y escritor, conoce el poder boliviano en primer persona. Pero muchos en Bolivia no le perdonan que que fuera vicepresidente de Gonzalo Sánchez de Lozada, quien huyó a Estados Unidos en 2003 medio de las protestas del llamado octubre negro en las que murieron 70 personas. En ese momento, Mesa se convirtió en presidente, un cargo en el que duraría apenas un año y siete meses. Más protestas, un bloqueo en el parlamento y su negativa a nacionalizar el gas dieron un punto y final a su gobierno.

Lo que busca ahora es precisamente cambiar ese punto y final por un punto y aparte. Tres lustros son muchos y el país, por haber cambiado, ha cambiado hasta de nombre de República de Bolivia a Estado Plurinacional de Bolivia. Su discurso está basado en la regeneración democrática más que en cualquier asunto económico. De hecho, la parte económica ha sido el flanco de ataques de la campaña ‘evista’ comparando a Mesa con Macri y el desastre económico que vive Argentina.

Gerard Soler. Santiago de Chile (EFE)

Paradójicamente, fue el propio Evo Morales quien relanzó la carrera política de Mesa al nombrarlo como portavoz de la comisión nacional que impulsa la denuncia de Bolivia contra Chile para reclamar la salida al mar. Su experiencia y pericia en los debates le valió el cariño y la admiración de una gran parte de la sociedad boliviana, especialmente después de una entrevista en la Televisión Nacional chilena en 2015 en la que maniató a su entrevistador que tenía como misión desacreditarle.

Mesa es el elegido por una parte del pueblo boliviano para intentar ganar a Evo Morales. Es su pasado en forma de expresidente al que consiguió hacer dimitir y que ahora amenaza con pagarle con la misma moneda. Un pasado que lo ha dejado contra las cuerdas, sí; pero lejos de estar vencido. Veremos quién da el último gancho el 15 de diciembre.

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