La "vergüenza planetaria" de Bolsonaro: su popularidad (y la de Brasil) bajo mínimos

Jair Bolsonaro celebrará en China el primer aniversario de su ascenso a la presidencia de Brasil, que consiguió con el 55% de los votos y aupado por un tremendo apoyo popular. Sin embargo, el tiempo ha hecho mella en el mandatario ultraderechista y ultraliberal. Sin haber podido cumplir con muchas de sus propuestas de programa, con crecientes rifirrafes fruto de su airada incontinencia verbal en redes sociales y una proyección internacional de Brasil lejos del sueño de los BRICS de Lula da Silva, Bolsonaro se enfrenta a una caída en la popularidad tanto fuera como dentro del país.

La gira presidencial de doce días en el Extremo Oriente -que tiene el objetivo de promocionar su amplio programa de privatizaciones e intentar alcanzar acuerdos comerciales que permitan reflotar la asfixiada economía brasileña- coincide con la mayor crisis interna de su base parlamentaria, que casi llevó al excapitán a abandonar el Partido Social Liberal (PSL), el octavo por el que ha pasado a lo largo de las casi tres décadas que lleva en la política. En esta suerte de guerra civil entre familiares de Bolsonaro y una antigüa valedora Joice Hasselmann -hasta hace poco líder del Gobierno en el Congreso- ha terminado con el control de la presidencia del PSL en manos de Eduardo Bolsonaro, hijo del mandatario, tras dos semanas de trifulcas, traiciones, intercambios de ofensas y puñaladas traperas que todo el país ha seguido en Twitter.

La pugna feroz por el control de este diminuto partido entraña una razón de peso: un fondo millonario que servirá para financiar las elecciones locales de 2020. Se trata de un suculento presupuesto que, gracias al tirón de Bolsonaro, pasó de 2,1 millones de euros en 2018 a 24,3 millones de euros en 2019, y que en 2020 podría alcanzar los 110 millones de euros.

Valeria Saccone. Río de Janeiro

Un año después de su elección, la popularidad del presidente más polémico desde la redemocratización está en caída libre. Según el Ibope, la principal encuesta del país, solo el 31% de la población aprueba la gestión de Bolsonaro, mientras que el 34% la considera mala o pésima. La prensa brasileña le acusa de no haber cumplido ni el 20% de las 35 metas marcadas para los primeros 100 días de Gobierno. Ni la reducción de las tarifas en el área económica del Mercosur, ni la reforma para asegurar la independencia del Banco Central, ni la reglamentación de la educación a domicilio han visto la luz.

Entre sus éxitos, cabe destacar la reciente aprobación de la reforma de las pensiones, un asunto espinoso que ha necesitado varias votaciones en las dos cámaras del Parlamento. Además, Bolsonaro ha instituido una paga extra para los que se benefician de la Bolsa Familia, la ayuda social que fue la seña de identidad de la era Lula. El paquete anticrimen, ideado por el ministro de Justicia Sérgio Moro para luchar contra la violencia y el crimen organizado, y los ambiciosos programas de privatización en el sector del transporte también son percibidos como aciertos.

Es el mejor presidente para nuestro país. Está realizando muchas obras públicas y ha conseguido reducir el paro en un 20%

Sus seguidores más fieles rechazan estos datos, que consideran fruto de la manipulación, y aseguran que Bolsonaro goza del 75% del apoyo popular. "Es el mejor presidente para nuestro país. Está realizando muchas obras públicas paradas desde hace décadas, como la pavimentación de carreteras, y ha conseguido reducir el paro en un 20%", asegura João, un taxista que reconoce informarse exclusivamente a través de las redes sociales de Bolsonaro.

Partidarios de Bolsonaro celebran el resultado de las elecciones el 29 de octubre de 2018. (Reuters)Partidarios de Bolsonaro celebran el resultado de las elecciones el 29 de octubre de 2018. (Reuters)Partidarios de Bolsonaro celebran el resultado de las elecciones el 29 de octubre de 2018. (Reuters)

Un equipo de 'fact check', integrado por periodistas brasileños y de la agencia France Presse, lo contradice: las obras de las carreteras anunciadas en los canales oficiales de Bolsonaro arrancaron en realidad durante el Gobierno de Dilma Rousseff. En cuanto al desempleo, los últimos datos muestran una bajada real del 0,6% En agosto había 12,6 millones de parados, equivalentes al 11,8% de la población activa, según datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).

Los detractores de Bolsonaro le acusan de haber destruido en sus primeros diez meses de Gobierno la poderosa imagen de Brasil labrada en el extranjero por el aún carismático y siempre mediático Luiz Inácio Lula da Silva. De potencia geopolítica en ciernes y miembro prometedor de los BRICS, Brasil habría pasado a ser de nuevo un país cerrado en sí mismo y mirado con sospecha por una gran parte de la comunidad internacional, sobre todo después de la pelea monumental con Emmanuel Macron a raíz de los incendios en la Amazonía, cuando Bolsonaro llegó incluso a ofender a la esposa del mandatario francés.

EFE

"Sin dudas, el poder internacional de Brasil ha disminuido y la visión internacional de nuestro país ha empeorado", admite a El Confidencial Lívio Ribeiro, economista de la Fundación Getúlio Vargas. "Hoy estamos alineados con países como Hungría y Polonia, en una ola global de populismo y de la nueva derecha extremista. Su retórica sigue terrible: antidemocrática, amenazadora… Pero en la práctica, el Gobierno no ha adoptado muchas acciones concretas para que lo podamos considerar de extrema derecha o antidemocrático", añade Jairo Nicolau, politólogo y profesor en la Fundación Getúlio Vargas.

El poder internacional de Brasil ha disminuido y la visión internacional del país ha empeorado

El primer discurso de Bolsonaro ante la Asamblea General de la ONU, el 24 de septiembre, fue durante criticado por varios analistas políticos por su tono agresivo y casi bélico. El presidente de Brasil acusó a los líderes extranjeros de amenazar la soberanía do Brasil y tachó de “falacia” la afirmación de que la Amazonía es patrimonio de la humanidad.

La expresidenta Dilma Rousseff lo calificó de "lamentable" y habló de "vergüenza planetaria". "Manifestó todo el aspecto neofascista que denunciamos. ‘Neo’ porque el fascismo, generalmente, fue nacionalista, a pesar de ser desastroso. El fascismo del presidente ni siquiera es eso, porque tiene una sumisión explícita a los Estados Unidos. Muestra su política de destrucción de la Amazonía y miente al atribuir a los indígenas la autoría de la deforestación", afirma Rousseff, que sufrió un 'impeachment' en 2016.

Por su parte, Lula criticó la sumisión de Bolsonaro y de sus ministros a los Estados Unidos en una entrevista con esta periodista, resaltando el interés de esta potencia por el petróleo brasileño.

Entregado a Trump

Por lo pronto, el Parlamento de Brasil acaba de aprobar por 329 votos a favor y 86 en contra el polémico acuerdo que permitirá alquilar la base aeroespacial de Alcántara a Estados Unidos. Construida en 1983 en el Estado del Maranhão, en el norte del país, es la estación de lanzamiento de satélites mejor localizada del mundo gracias a su proximidad con la línea del Ecuador, lo que permite economizar hasta el 30% de combustible. En marzo, Bolsonaro firmó un convenio con su homólogo Donald Trump que permitirá la explotación conjunta de esta base militar a cambio de hasta 3.500 millones de dólares al año.

Sin embargo, el diputado de izquierdas Glauber Braga denuncia que el llamado Acuerdo de Salvaguardas Tecnológicas "hiere mortalmente la soberanía brasileña". "Representantes de las Fuerzas Armadas o del Gobierno de los EE UU pueden entrar en todos los espacios. Lo mismo no acontece con Brasil, que tiene espacios restringidos. El objetivo de los EEUU es impedir que Brasil tenga su propio programa espacial", critica Braga.

Bolsonaro, ardiente admirador de Trump, está cada vez más aislado tras perder en los últimos meses a muchos aliados internacionales

Bolsonaro, que se declara un ardiente admirador de Trump, está cada vez más aislado tras perder en los últimos meses a muchos aliados internacionales por los cambios en el mapa geopolítico. El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, quien realizó una visita oficial a Brasil a finales de diciembre, tuvo que renunciar a su cargo ante la imposibilidad de formar Gobierno. El italiano Matteo Salvini, que agradeció públicamente al presidente de Brasil la extradición del terrorista Cesare Battisti y que tenía pretensión de convertirse en primer ministro, cayó en desgracia en agosto. Y Mauricio Macri ha perdido la presidencia de Argentina, lo que puede convertirse en un problema para Bolsonaro, porque criticó abiertamente a Alberto Fernández en varias ocasiones. Hay que recordar que el país vecino es el cuarto mayor aliado comercial de Brasil y el principal destino de las exportaciones de productos industrializados.

Mariano Schuster. Buenos Aires

Tampoco se puede olvidar la sombra amenazadora del expresidente Lula, que podría salir de la prisión en las próximas semanas gracias a una decisión del Tribunal Supremo y recomenzar las caravanas por la inmensa geografía brasileña, protagonizando una largísima precampaña con el fin de alcanzar de nuevo el poder en 2022. No es casualidad que un antiguo aliado de Bolsonaro, el exactor porno Alexandre Frota, que recientemente se ha sumado a la legión de arrepentidos y enemigos, haya declarado que Lula es el único que puede alejar al líder de ultraderecha del poder.

Frota encarna el perfil de los nuevos políticos que conquistaron la Cámara de los Diputados tras las elecciones de 2018: neófito, diletante y rebelde. Este profesional del sexo metido a defensor de la familia tradicional asegura que hay al menos tres pedidos de 'impeachment' preparados contra Bolsonaro. Si los 30 miembros de la Comisión de Investigación Parlamentaria sobre 'Fake news' consiguen pruebas sobre el supuesto uso de noticias falsas para ganar las elecciones, podría peligrar el futuro del clan Bolsonaro, que durante la campaña contó con el asesoramiento de Steve Bannon.

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