La policía norteamericana 'resuelve' un asesinato... gracias a una pulsera Fitbit

El 8 de septiembre de 2018 parecía un día más para Karen Navarra. Como cada mediodía, esta mujer de 67 años -a escasos meses de la jubilación- regresaba a su casa tras su jornada como enfermera en el hospital de San José (California, EEUU). Tras prepararse la comida, iría a ver a su madre como llevaba haciendo durante la última década: sin marido e hijos, se desplazaba hasta allí para cuidar de la anciana, de 92 años, y de su padrastro, Tony Aiello, de 90. Pero ese día no les visitó.

Tras varios días sin dar señales de vida, sus familiares extrañaron su ausencia. Después de ponerse en contacto con el hospital, los compañeros le confirmaron que tampoco había aparecido por allí y que no habían conseguido localizarla. Así, el 14 de septiembre su madre avisaba a las autoridades contando lo ocurrido: cuando la policía llegó a casa de Karen, se encontraron con la dantesca escena. Sentada en la mesa de la cocina, tenía dos cortes en el cuello y múltiples golpes en su cabeza.

El Confidencial

¿Quién podía haber matado a Karen? Sin enemigos conocidos y sin antecedentes penales, las autoridades comenzaron a investigar qué había podido suceder. Desde el primer momento, algo les escamó: los cajones de la cocina estaban retirados de su sitio y colocados en el suelo, como si hubieran querido robar, pero su contenido estaba perfectamente organizado. Tras revisar el resto de estancias de la casa, no faltaba dinero, joyas, ni nada de valor. ¿Cuál era el móvil del crimen?

Después de tirar de varios hilos para tratar de saber qué había podido pasar, se dieron cuenta de una pista que podía ayudarles: la mujer tenía en su muñeca una pulsera Fitbit, un aparato capaz de monitorizar el ritmo cardiaco de la persona. Si analizaban los datos, podrían saber qué día y a qué hora dejó de latir su corazón: tras analizarlo, descubrieron que el último registro de su ritmo cardíaco tuvo lugar el 8 de septiembre a las 15:28 horas de la tarde.

El siguiente paso fue tratar de buscar una cámara de seguridad, teniendo la fortuna de que un vecino tenía una instalada en la puerta de su casa, cuyo tiro apuntaba a la acera. Al acceder a las imágenes, descubrieron que, entre las 15:12 y las 15:33 del mismo día, un coche de color gris había estado aparcado frente a la casa de la víctima. Cuando cotejaron la matrícula con los datos de Tráfico, se llevaron una sorpresa: el coche pertenecía a su padrastro, Tony Aiello.

Investigación... sin asesino oficial

A pesar de tener 90 años, los vecinos confirmaron que este hombre seguía conduciendo con asiduidad, por lo que las autoridades le detuvieron y acusaron del asesinato de su hijastra. Pero tanto el hombre como su mujer, la madre de la víctima, insistían en su inocencia, asegurando que se profesaban mucho amor y que Aiello era una persona incapaz de hacer daño a nadie. Pese a ello, una prueba más le incriminó: sangre en la chaqueta que llevaba ese día.

Cuando hicieron las pertinentes pruebas, comprobaron que contenía ADN de Karen: ¿blanco y en botella? Las autoridades estaban convencidas de que habían encontrado al asesino... pero nunca lo pudieron confirmar. Mientras estaba en prisión preventiva, sufrió un infarto que acabó con su vida, por lo que el caso quedó cerrado sin conseguir probar si era el culpable o no. Pero su defensa esgrimió una teoría plausible, aunque rocambolesca, que encajaba con los hechos.

Karen podría estar teniendo una importante discusión con alguien, que podía haber llegado a ser una pelea, y, cuando la mujer vio que llegaba a casa su padrastro, le pidió que se escondiera para evitar un susto a una persona de tan avanzada edad. Podía estar mínimamente herida, por lo que la sangre fue a parar a la chaqueta de Aiello, lo que explicaría por qué solo tenía una mancha pequeña y no un reguero, típico de los cortes que tenía la mujer en su garganta.

Cuando Aiello se marchó, continuó la trifulca que acabó con la muerte de la mujer. El asesino habría simulado un intentó de robo sacando los cajones, escapando de la zona sin que las autoridades hallaran ninguna pista al hacerlo a pie y no tener una cámara enfocando a la puerta de la vivienda. ¿Qué pasó en realidad? Lo cierto es que nunca se sabrá... aunque la pulsera Fitbit, la prueba más fiable del caso, sí que ofrece una respuesta difícil de contrarrestar.

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