La isla más peligrosa del mundo: así es vivir sobre el volcán del fuego perpetuo

Tribus sin contacto humano, serpientes para cuyo veneno no existe antídoto o virus aún desconocidos pueden ser parte de las pesadillas de las personas que sueñan con visitar los lugares más extraños del mundo. Pero, a veces, el peligro está en lo más terrenal e, incluso, mucha gente llega a ser capaz de convivir con ello a diario. Eso es lo que ocurre en la italiana localidad de Estrómboli, conocida popularmente como la isla más peligrosa del mundo.

Se trata de una de las siete islas que forman parte del archipiélago de las Eolias, situadas en el mar Tirreno y que, geográficamente, forman parte de Sicilia. Fue en el año 2000 cuando la Unesco las declaró Patrimonio de la Humanidad y, desde entonces, se ha convertido en un lugar de habitual peregrinación para todo tipo de turistas, siendo Estrómboli el lugar favorito de visita. ¿El motivo? Su espectacular volcán homónimo que lleva activo desde tiempos inmemoriales.

Rubén Rodríguez

A lo largo de los años, su actividad ha ido oscilando. De hecho, a comienzos del siglo XX la isla contaba con más de 4.000 habitantes, pues la actividad de su volcán estaba relativamente controlada. Pero todo cambió en 1930, cuando una increíble erupción provocó una importante catástrofe y el consiguiente éxodo de su población. No en vano, a día de hoy poco más de 300 personas viven de manera habitual en esta localidad de poco más de 12 kilómetros cuadrados.

Erupción del Estrómboli el pasado 30 de agosto. (Reuters)Erupción del Estrómboli el pasado 30 de agosto. (Reuters)Erupción del Estrómboli el pasado 30 de agosto. (Reuters)

Desde entonces, el volcán ha estado activo, con periodos de mayor acción, pero emitiendo lava de manera constante. De hecho, los expertos calculan que las explosiones de fuego y las emisiones de lava se producen rítmicamente cada veinte minutos, siempre precedidas de un potente estruendo y un temblor de tierra que anticipan lo que va a suceder. Pero eso no impide que los aventureros más osados se arriesguen a subir hasta lo más alto del volcán.

Rubén Rodríguez

Sin embargo, la ascensión está llena de peligros. De hecho, antes de comenzar el ascenso hay un cartel que avisa de que no se puede estar más de una hora en la cima, pues inhalar durante sesenta minuto el anhídrico sulfúrico de sus emisiones puede ser potencialmente mortal. Pero hay quienes lo arriesgan todo por encontrarse con una de las imágenes más bellas que verán en sus vidas: observar cómo sale el magma incandescente en plena noche.

Estrómboli, el 30 de agosto. (Reuters)Estrómboli, el 30 de agosto. (Reuters)Estrómboli, el 30 de agosto. (Reuters)

Los excursionistas suelen elegir el tramo nocturno para iniciar la ascensión a Estrómboli. El volcán está situado a 924 metros por encima del nivel del mar, mientras que se calcula que tiene otros 1.500 metros bajo tierra. Se tarda unas seis horas en llegar a su parte alta, aunque los últimos metros son realmente difíciles de coronar, pues la escoria volcánica es cada vez mayor: y no solo por el peligro que entraña el magma, sino por las dificultades para mantener pie en las cenizas.

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