'Cabeza de serpiente': la mafia detrás del tráfico de inmigrantes chinos a Reino Unido

Cuando Mo Robinson abrió la puerta de su camión en el polígono industrial de Waterglade (Essex, sur de Reino Unido), dice que incluso -según testimonios filtrados a la prensa británica- se desmayó. Dentro del contenedor frigorífico de su 'Scania' rojo encontró los cadáveres de 39 personas de nacionalidad china, que habían muerto de hipotermia. El caso, que apunta al tráfico internacional de inmigrantes, ha conmocionado al país. Por el momento se han detenido a tres personas, incluido el conductor, un varón de 25 años natural de Irlanda del Norte. La agencia británica contra el crimen organizado y el tráfico ilegal de personas, armas y drogas (NCA) se ha unido a la investigación, con la intención de “identificar cualquier grupo criminal organizado que pueda haber tomado parte” en la masacre.

El caso ha traído recuerdos del descubrimiento en el año 2000 de un camión con 58 cadáveres, todos de nacionalidad china, en Dover. Las víctimas, 56 hombres y dos mujeres, murieron asfixiadas en el contenedor del camión que los transportaba a Inglaterra. Hubo dos supervivientes, y su testimonio fue clave para apuntar a una de las 'mafias' chinas más prolíficas en el tráfico de inmigrantes asiáticos hacia el Reino Unido, con conexiones en Turquía, Bélgica y Países Bajos desde su base de operaciones en Rotterdam. Son las conocidas como 'cabeza de serpiente' ('snakehead'), mafias transnacionales chinas de tráfico de personas rodeadas de secretismo y tan cambiantes que logran en muchas ocasiones incluso esquivar el vigilante ojo de los servicios policiales de la Unión Europea.

La investigación tras la masacre destapó una red de traficantes chinos "cabeza de serpiente" de Fujian, que operaban en Europa central y del este, Alemania y Francia. Una mujer, Jing Ping Cheng, conocida como 'Pequeña hermana Ping', fue condenada en 2003 por un tribunal neerlandés a tres años de cárcel, acusada de haber participado en el tráfico de 175.000 personas hacia el Reino Unido, un negocio que habría generado casi 14 millones de euros. Cumplida la condena, la 'Pequeña hermana Ping' ha desaparecido de la vida pública. Al conductor del camión donde murieron los inmigrantes, de nacionalidad holandesa, le cayeron 14 años.

A. Alamillos

En el tráfico de personas, las rutas son complejas, las redes que lo organizan altamente organizadas y flexibles, y las víctimas se embarcan en viajes de miles de kilómetros de distancia desde su lugar de origen hasta el destino que las mafias se encargan de dibujárselo lleno de oportunidades.

Aunque los muertos del camión encontrado en Essex todavía no han sido identificados, la policía ya ha adelantado que la mayoría de las víctimas son de nacionalidad china. Sin embargo, podría haber víctimas de otras nacionalidades: una familia vietnamita ha denunciado que su hija de 26 años, Pham Thi Tra My, podría ser una de las ocho mujeres fallecidas asfixiadas en el camión, según un 'sms' que les envió la joven poco antes de morir la madrugada del incidente. "Lo siento, mamá. Mi viaje al extranjero no ha funcionado. Mamá, te quiero mucho. Muero porque no puedo respirar. Lo siento, mamá".

En el caso de la inmigración ilegal china, la mayoría de las víctimas de tráfico de personas provienen de las provincias de Fujian y Zhehiang (este del país) y Guangdong (sureste). En el caso de Dover, las víctimas venían todas de la provincia de Fujian, donde habían sido engañados por los 'cabeza de serpiente', que les prometieron que viajarían directamente a Reino Unido. Los 'cabeza de serpiente' publicitan sus servicios en su China natal, ahora incluso en cuentas sociales o sitios web.

El viaje en total les costaría algo menos de 30.000 euros, una parte que tuvieron que pagar por adelantado y otra en concepto de deuda a la que tendrían que hacer frente cuando consiguieran un trabajo, relataron los dos únicos supervivientes de la masacre, Su Di Ke, de 20 años, y Ke Shi Guang, de 22, durante el juicio en Países Bajos.

Según su relato, fue el conductor el que cerró las salidas de ventilación. "La gente entró en pánico porque las ventanas estaban cerradas y no había aire", contó Su Di Ke. Tanto él como su compañero Ke Shi Guang apenas lograron sobrevivir: los servicios de emergencia los encontraron ya inconscientes por la falta de oxígeno en el interior del camión.

Al no portar encima documentos auténticos, muchos de los fallecidos no pudieron ser identificados inmediatamente. La Policía hizo fotos de los rostros de los cadáveres y las envió a ciudades de esas provincias. Poco a poco, comenzaron a recibir llamadas de familias que decían haber reconocido a su hijo, padre o primo. Gracias a las pruebas de ADN, se consiguió identificar a la mayoría.

De China a UK, pasando por Serbia

Estos 'snakeheads', mafias de tráfico de personas, establecen redes criminales transnacionales, haciendo y deshaciendo lazos, pero "manteniendo siempre un control efectivo sobre todas las fases de la migración ilegal desde China o el sudeste asiático" hasta los países de destino en Europa, explica Peng Wang, investigador en criminología y crimen organizado chino de la Universidad de Hong Kong.

Las rutas empiezan en China, suelen entrar en Europa a través de Rusia y luego avanzan hacia países del norte de Europa por tren, avión, bote o incluso, en los casos más extremos, a pie. Algunas rutas mucho menos habituales incluyen países de tránsito como Bolivia, Brasil, Indonesia o Kenia en su viaje a Reino Unido.

A. Alamillos

Por lo que se conoce de momento de la investigación de las víctimas encontradas en Essex, el camión, registrado en Bulgaria, había entrado en Inglaterra por el puerto de Purfleet, a 25 kilómetros de Londres, desde Zeebrugge, una localidad belga. Bélgica es un puerto clave: según el testimonio de los supervivientes de la tragedia de Dover en el año 2000, el camión donde pasaron largas horas encerrados partió también del puerto de Zeebrugge.

Antes, los 58 migrantes habían pasado por Belgrado (Serbia), a donde habían volado desde China. Desde allí viajaron por tierra a Austria, Francia y entonces Países Bajos. Allí, fueron trasladados a una "casa segura" en Rotterdam para luego ser entregados a un traficante de medio pelo de nacionalidad turca, que colaboraba con los 'cabeza de serpiente' chinos. Después los llevaron a un almacén en Waalhaven, para finalmente meterlos en el camión que los llevaría a Reino Unido.

En Serbia los 'cabeza de serpiente' les habían entregado documentación falsa, unos papeles que los hacían pasar por ciudadanos de Corea del Sur. Estos delincuentes chinos "disfrutan de ventajas comparativas en la producción de documentos de viaje falsificados, facilitando sus actividades de tráfico y contrabando", según un informe de la EUROPOL sobre el Crimen Organizado en la Unión Europea.

Oficiales del cuerpo policial europeo, expertos en temas de inmigración ilegal, están colaborando con la investigación, señalan desde la organización a El Confidencial.

Pese a las pesquisas de la policía de los estados miembros, que acumulan éxitos en la desarticulación de mafias de la inmigración, las estructuras diversas y fluidas utilizadas por los grupos delictivos chinos "han provocado que las agencias policiales de la UE no hayan terminado de determinar si las distintas fases del tráfico de personas consisten en grupos criminales separados o diferentes ramas de la misma red (en el caso de los 'cabezas de serpiente' chinos)", explica Peng.

Patos y serpientes

Pero no solo su flexibilidad y contactos les han hecho difíciles de rastrear por las fuerzas del orden europeas. El "código de silencio" que impera entre los migrantes y la comunidad china significa que muy pocas víctimas del tráfico de personas lleguen a denunciar.

"La migración china es una inmigración en cadena, con base en el efecto bola de nieve. La mayoría de los inmigrantes chinos participan en negocios 'chinos', desde restaurantes a masajes, etc.", recoge un informe del Parlamento Europeo sobre "El crimen organizado asiático en la Unión Europea".

El código de silencio fue roto cuando Tian Li (nombre falso) publicó un testimonio privilegiado sobre su tiempo como "cabeza de serpiente" en las mafias de tráfico de personas, además de entrevistas con otros traficantes, en un documento online del que el libro 'A dónde van los chinos cuando mueren', del periodista Ángel Villarino, recoge algunos fragmentos. Cuenta que en la 'jerga' del gremio, ellos son los 'cabeza de serpiente' y los inmigrantes desesperados son los 'patos'. Entre serpientes y patos, está claro quien tiene las de perder.

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