Brexit, todo o nada: UK se prepara para las elecciones más insólitas de su historia

Hace frío, llueve a cántaros y en pocas horas, para las cuatro de la tarde, ya no habrá nada de luz. “Ah, no puedo esperar a hacer campaña con este tiempo”, suspira con cierta ironía un diputado en Westminster. Pero este es finalmente el desenlace. El Reino Unido celebrará elecciones anticipadas el 12 de diciembre con el objetivo de desbloquear la crisis del Brexit.

La última vez que el país acudió a las urnas en pleno invierno fue en diciembre de 1923. En aquella ocasión, los conservadores de Stanley Baldwin ganaron, pero sin mayoría absoluta, y al no ser capaces de aprobar su programa de gobierno, hubo que celebrar nuevos comicios al año siguiente. ¿Premonición? Si algo ha quedado claro estos últimos tres años en el universo paralelo del Brexit, es que no se puede descartar ningún escenario.

Nacho Alarcón. Bruselas

Boris Johnson llevaba pidiendo elecciones anticipadas prácticamente desde el primer día que se mudó a Downing Street, el pasado mes de julio. Pero no ha conseguido su propósito hasta el cuarto intento. Al líder de la oposición laborista, Jeremy Corbyn, no le ha quedado más remedio que dar su brazo a torcer. Una parte importante de sus filas se mostraba en contra. Querían dejar zanjada primero la cuestión del complejo divorcio con el bloque antes de pasar por las urnas.

Sin embargo, después de que los liberal demócratas y los escoceses independentistas del SNP hayan apostado por comicios, para Corbyn habría sido humillante empezar la campaña siendo el único líder que se negaba a devolver la palabra a los electores británicos.

No solo Brexit

Analistas consultados por El Confidencial coinciden en que se tratan de las elecciones “más impredecibles” de la historia moderna del Reino Unido. Por una parte, hay que tener en cuenta que el panorama es muy volátil, ya que el 49% del electorado cambió la orientación de su voto en cada una de las últimas tres citas electorales en 2010, 2015 y 2017.

Por otra, los expertos destacan que aunque el Brexit jugará un papel importante, no será la única cuestión presente en el debate. También se abordarán asuntos como la educación o el sistema nacional de salud pública. Y no hay que olvidar que fue precisamente una política doméstica —el bautizado como 'impuesto de demencia'— la que se le atragantó en la última campaña a Theresa May. En las últimas elecciones anticipadas de 2017, la que fuera líder 'tory' llegó a sacar hasta 22 puntos de ventaja a la oposición laborista, pero luego acabó perdiendo la mayoría absoluta.

El 49% del electorado ha cambiado la orientación de su voto en las últimas citas electorales: 2010, 2015 y 2017

Y aquí está la clave de todo. A Johnson no le vale ahora simplemente con ganar en diciembre. Debe conseguir mayoría absoluta, porque se ha demostrado que, de otra manera, el Ejecutivo queda atado de pies y manos, sin poder ratificar ningún acuerdo de salida de la UE en la Cámara de los Comunes.

Si los 'tories' solo consiguieran mayoría simple, buscar de nuevo cobijo en los norirlandeses del DUP es una opción prácticamente descartada. Las filas de Arlene Foster jamás van a aceptar que Irlanda del Norte quede con un estatus diferente al del resto del Reino Unido para evitar frontera dura con la República de Irlanda —el principal escollo en la negociación de la desconexión con el bloque—. Y, por su parte, los 'tories' euroescépticos nunca van a ceder para quedarse dentro de la unión aduanera comunitaria, porque eso les impediría cerrar acuerdos comerciales con terceros países.

Sin embargo, en caso de que Johnson se hiciera con la mayoría absoluta, el escenario cambiaría por completo. Nada le impediría sacar al país del bloque sin pacto. De momento, el excéntrico líder 'tory' se ha comprometido a ratificar el acuerdo que ha cerrado con Bruselas. Pero tampoco es un político que se haya caracterizado, hasta la fecha, por cumplir su palabra.

Celia Maza. Londres

La transición a... 2022

Si finalmente Johnson sacara con pacto al Reino Unido de la UE el 31 de enero de 2020 —cuando termina la última prórroga concedida por los Veintisiete—, comenzaría un periodo de transición donde todo seguiría igual. El país seguiría siendo miembro de la unión aduanera y del mercado único —con la libertad de movimiento que eso supone—. Eso sí, sin tener ya ni voz ni voto en las decisiones del bloque.

Este periodo de implementación puede alargarse hasta 2022. El objetivo es negociar durante este tiempo un futuro acuerdo comercial con la UE. Si los 'tories' tienen mayoría absoluta y adoptan las demandas del núcleo duro euroescéptico, el Reino Unido podría acabar saliendo del bloque rigiéndose tan solo por las pautas de la Organización Mundial de Comercio. En otras palabras, la 'salida limpia' y sin ataduras que siempre soñaron los 'brexiters' más radicales. Pero si los conservadores no logran un Gobierno fuerte y estable, el periodo de transición podría alargarse 'sine die'.

Nacho Alarcón. Bruselas

Por lo tanto, en las elecciones de diciembre, conseguir la mayoría absoluta significa todo. La pregunta es: ¿podrá Johnson lograrlo? El 'premier' se mudó en julio a Downing Street superando tan solo la prueba de las primarias del Partido Conservador. Por lo que este será ahora su primer gran examen con las urnas.

Cierto es que el que fuera corresponsal en Bruselas para el rotativo 'The Telegraph' ganó en 2008 y 2012 las elecciones a la alcaldía de Londres, un gran logro, ya que en la metrópoli siempre había predominado el voto laborista. Sin embargo, el escenario ahora es completamente distinto.

¿Radical o moderado?

Los expertos consultados tienen gran curiosidad por ver cuál será ahora su estrategia. Una encuesta publicada a principios de octubre por 'The Telegraph' —biblia para los 'tories'— vaticinaba que si no cumplía su promesa de sacar al país del bloque para Halloween, Johnson no conseguiría mayoría absoluta. En este sentido, el líder conservador podría radicalizar su discurso para no perder votos a manos del Partido del Brexit, de Nigel Farage. Pero, al mismo tiempo, un giro demasiado a la derecha y muy pro Brexit duro podría hacerle perder el respaldo de los conservadores más moderados.

El Partido Conservador obtendría más del 40% de los votos, frente a un 24% de los laboristas

De momento, todos los sondeos apuntan a que el Partido Conservador obtendría más del 40% de los votos, mientras que los laboristas siguen estancados en torno al 24%. Al mismo tiempo, el primer ministro goza del doble de apoyo público (39%) que su rival, Jeremy Corbyn (16%). El responsable de la oposición sabe que su futuro político también está en juego. El único motivo por el que sus filas le permitieron seguir al frente del partido tras los comicios de 2017 fue porque, aun perdiendo, la formación celebró los resultados como una gran victoria tras el batacazo de May.

Sin embargo, pese al caos del Ejecutivo, alguna encuestas sitúan ahora el laborismo por debajo incluso de su peor ratio de 1983. La ambigüedad que siempre ha mostrado Corbyn respecto a la cuestión del Brexit no ayuda. Casi una cuarta parte de los votantes laboristas que apostaron por él en las generales de 2017 se ha cambiado ahora a los liberal demócratas o los verdes, que tienen una clara política pro UE.

Por lo tanto, si el veterano político fracasa en diciembre, se antoja poco probable que continúe en su cargo. Para sucederle, suenan los nombres de dos mujeres que forman ahora parte del gabinete de la oposición: Rebecca Long-Bailey y Angela Rayner. Un nuevo líder podría marcar una nueva etapa para una formación que, para muchos, ha estado los últimos años sin identidad marcada y sin ejercer la oposición como tal al Gobierno.

La llave del Parlamento

Por su parte, los próximos comicios son también de suma importancia para Jo Swinson. Serán los primeros que afronta como líder de los liberal demócratas. Si logra formar Gobierno, promete revocar el artículo 50 del Tratado de Lisboa sin necesidad de un nuevo referéndum. Se antoja bastante complicado que acabe en Downing Street. Pero la formación sí podría convertirse en la llave para equilibrar un Parlamento si nadie consiguiera la mayoría absoluta. Los analistas advierten de que Johnson debe temer más a Swinson que al propio Corbyn.

En 2010, los liberal demócratas ya consiguieron ser los grandes protagonistas cuando las urnas dejaron el primer Parlamento sin mayorías desde 1974. El entonces líder, Nick Clegg —cuya popularidad se comparó con la del mismísimo Winston Churchill—, decidió formar Gobierno de coalición con los 'tories' de David Cameron. Pero ahora esa alianza sería imposible. En un momento dado, Swinson podría consensuar algún tipo de pacto con los laboristas para celebrar un nuevo plebiscito. Pero se da prácticamente por seguro que exigiría como interlocutor a otra persona que no fuera Corbyn.

Celia Maza. Londres

Por último, en estos comicios están también en juego los intereses de los escoceses independentistas del SNP, que amenazan con poner en peligro la unidad del Reino Unido. En las generales de 2017, las filas de Nicola Sturgeon sufrieron la pérdida de hasta 21 escaños. Sin embargo, la dimisión de la carismática Ruth Davidson, líder de los 'tories' escoceses, y el declive de los laboristas podrían hacer que los nacionalistas recuperen su 'momentum' para volver a plantear un nuevo referéndum independentista.

Si hay alguna mínima oportunidad de que el SNP se pudiera convertir en la llave del próximo Ejecutivo, la condición 'sine qua non' sería la de tener un nuevo plebiscito pactado con el Gobierno central, como el celebrado en 2014. Entonces, el no a la independencia de Escocia se impuso con el 55,3% de los votos. Pero eso fue antes del Brexit, lo que podría cambia mucho cómo acaba la historia.

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