Alemania juzga a uno de los últimos guardas nazis de los campos de concentración

Bruno D. tenía 17 años cuando, según la fiscalía alemana, fue cómplice del asesinato de más de 5.000 personas. Entre agosto de 1944 y abril de 1945, el joven trabajaba como guardia de seguridad en el campo de concentración nazi de Stutthof y, 75 años después, se sienta ante el banquillo para ser juzgado en uno de los últimos casos que podrán celebrarse contra personas implicadas en el Holocausto.

El antiguo oficial nazi, ahora de 93 años, formaba parte del batallón de las SS Totenkopfverbände (cabeza de muerte) durante los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial. Los Totenkopfverbände eran la rama de las temidas SS que se encargaba de la administración y gestión de los campos de concentración y exterminio del régimen nazi, donde fueron confinados millones de judíos, además de católicos, homosexuales, comunistas o críticos. Más de 6 millones de judíos murieron o fueron asesinados en los campos nazis.

A. A.

Parapetado tras una carpeta roja para evitar fotografías de su rostro y con sobrero calado y gafas de sol, un Bruno D. ha acudido a la corte de justicia en la ciudad alemana de Hamburgo (norte del país) en silla de rueda debido a su avanzada edad. El alemán, que ha sido declarado con capacidad mental para el juicio, es una de las pocas personas con vida contra las que todavía hay casos abiertos por el Holocausto en Alemania, un total de 29 procesos judiciales, según la cadena local NDR.

Bruno D. sale de la corte donde está siendo juzgado por crímenes en un campo de concentración. (Reuters)Bruno D. sale de la corte donde está siendo juzgado por crímenes en un campo de concentración. (Reuters)Bruno D. sale de la corte donde está siendo juzgado por crímenes en un campo de concentración. (Reuters)

Sobre Bruno D. pesan las muertes de 5.230 personas, la mayoría judíos, que murieron o fueron asesinadas por los nazis durante los meses en los que trabajó como parte de la fuerza que mantenía las torres de vigilancia en el campo de Stutthof, uno de los últimos en ser liberados por las tropas aliadas y que se levantaba cerca de lo que hoy es la ciudad polaca de Gdansk.

De estos, 5.000 murieron víctimas de una epidemia de tifus que se cebó con unos prisioneros a los que se le había negado el acceso a la comida, agua o medicinas, mientras que otras 200 personas fueron gaseadas con Zyklon B (pesticida utilizado por los nazis en las cámaras de gas) y otras 30 ejecutadas con disparos. Más de 5.000 personas en apenas nueve meses; en total, en Stutthof murieron entre 63.000 y 65.000 prisioneros, de los que 28.000 eran judíos.

Cómplice de asesinato

Según la acusación en el juicio, que ha comenzado este jueves en Hamburgo, Bruno D. fue cómplice del asesinato de estos prisioneros al formar parte de la fuerza que impedía que los detenidos lograran escapar del campo de concentración, que no fue liberado hasta el 9 de mayo de 1945, cuando la guerra ya estaba decidida y 10 días después del suicidio de Adolf Hitler.

Para la fiscalía, en aquel entonces y con la guerra tan avanzada Bruno D., que tenía 17 años, pudo haber elegido luchar en el frente oriental en lugar de servir como guarda de seguridad en el campo de concentración.

En una de las entrevistas previas al juicio, Bruno D. confesó haber escuchado gritos y estar al tanto de la naturaleza de los asesinatos que se organizaban en el campo. "Sabía que eran judíos que no habían cometido delitos, que solo estaban allí porque eran judíos", recordó, según el periódico Die Welt. Pese a todo, y según los informes citados por el medio alemán, Bruno D. no cree que sea cómplice de asesinato. "¿De qué me habría servido si me hubiera ido? Habrían encontrado a alguien más.

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