El Sermón de las Siete Palabras: enseñanza para la vida

El Sermón de las Siete Palabras es el acto central de la celebración del Viernes Santo, y para muchos esto encierra el sentido de la Semana Santa. // ARCHIVO

 

El Viernes Santo se lee el Sermón de las Siete Palabras. // ARCHIVO

 

El padre Sahabel Porto, vicario general de la Arquidiócesis de Cartagena, explica el sentido de las siete palabras pronunciadas por un Jesús agonizante, después de hacer padecido toda clase de humillaciones, vejámenes por la salvación de la humanidad.

 

 

Dice el padre Sahabel que cuando se habla del Sermón de Las Siete Palabras se identifica  las siete frases que Jesús pronunció en la cruz, recogidas por los evangelistas y comentadas por muchos autores como sermón del Viernes Santo.

 

 

“Es una tradición que no es obligatoria, pues un predicador también tiene muchos recursos para actualizar el sacrificio redentor de Cristo,  que es lo que se celebra el Viernes Santo, mediante la lectura de la pasión y la adoración de la cruz.

 

 

Sin embargo,  esta  tradición de varios siglos en la Iglesia es muy valorada y apreciada y en Colombia la propagan muchas emisoras.

 

 

Los predicadores,  que generalmente son Arzobispos,  contextualizan estas palabras con la realidad familiar, económica, política social, cultural del país.

 

 

Escuchar  este sermón es encontrar una voz profética y llena de esperanza en medio de las crisis de nuestro tiempo, dice el padre Sahabel Porto

 

 

Las siete palabras de Cristo agonizante son extraídas de los cuatro evangelios.

 

 

Lucas relata tres, la primera, segunda y séptima.

 

 

Juan recoge las tres restantes, la tercera, quinta y sexta.

 

 

Mateo y Marcos, mencionan solamente una, la cuarta.

 

 

LAS SIETE PALABRAS

 

 

 

Las siete palabras de Cristo en la cruz fueron recopiladas y analizadas en detalle por vez primera por el monje cisterciense Arnaud de Bonneval (+1156) en el siglo XII, dice el padre Sahabel.

 

 

 

A partir de ese momento las consideraciones teológicas o piadosas de esas palabras se multiplican. Pero fue san Roberto Berlarmino (Doctor de la Iglesia, 1542-1621) quién más impulsó su difusión y práctica al escribir el tratado Sobre las siete palabras pronunciadas por Cristo en la cruz. Desde entonces se propagó la costumbre de predicar el tradicional “sermón de las siete palabras” en la mañana o mediodía del Viernes Santo

 

 

 

En 1787 la hermandad de la Santa Cueva de Cádiz (España) encargó al compositor austriaco Joseph Haydn una obra orquestal que recordase las últimas siete palabras de Jesucristo en la cruz.

 

 

Las Siete Palabras pronunciadas por el Varón de Dolores en la cruz, son las siguientes:

 

 

PRIMERA PALABRA:

 

 

 

«Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen» (Lucas 23,34).

 

 

 

Es el máximo testimonio de lo Jesús anuncio y enseñaba: “Han oído que se dijo: amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo; pero yo les digo: amen a sus enemigos y rueguen por los que los persiguen, para que sean hijos de su padre que está en el cielo” Es una invitación a perdonar las ofensas y contribuir todos a una cultura de paz y reconciliación.

 

 

SEGUNDA PALABRA:

 

 

«Hoy: estarás conmigo en el paraíso» (Lucas 23,43).

 

 

La expresión “Hoy” tiene mucho sentido de salvación.

 

 

 

“Hoy ha nacido un salvador” “Hoy se ha cumplido esta Escritura” “Hoy hemos visto cosas maravillosas” “Hoy la salvación ha llegado a esta casa”  Es la acogida del Señor a los pecadores, especialmente a quien tenía grades deudas con la sociedad o que eran excluidos.,  El ladrón pero que hace una acto de arrepentimiento y de confianza en Jesús.  Podríamos relacionarlo con la rehabilitación de muchas personas caídas en  vicios y delitos.

 

 

TERCERA PALABRA:

 

 

«Mujer, ahí tienes a tu hijo», y al discípulo: « ahí tienes a tu madre» (Juan 19,26 s.).

 

 

La maternidad de la Virgen María es portadora de vida y vínculo de comunión, de fraternidad. Por eso Cristo agonizante nos entrega a una madre veló por El para que interceda, proteja a su pueblo. Ella como discípula y misionera nos sirve de escuela y modelo de fidelidad a Cristo hasta la cruz y la resurrección.

 

 

CUARTA PALABRA:

 

 

 

«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27,46).

 

 

 

Esta frase corresponde a un salmo 22 que Jesús debió pronunciar en la Cruz. El salmo expresa en dolor, sufrimiento pero también confianza en Dios aún ante el silencio de Él. La Expresión Dios mío, Dios mío es una súplica. No invita a darle al dolor y al abandono un sentido de ofrenda e intercesión por otros, pues, el sufrimiento también es misionero.

 

 

QUINTA PALABRA:

 

 

«Tengo sed» (Jn 19,28).

 

 

Se trata, en primer término, de la sed fisiológica, uno de los mayores tormentos de los crucificados. La palabra está tomada de los salmos 69,21 y 21,16. Se interpreta también la sed espiritual de Cristo de consumar la redención para la salvación de todos. Por eso en la Iglesia de Cartagena y en toda América latina se han intensificado las misiones para que los alejados beban en la fuente de agua viva que es Cristo. Cada uno tiene sed de Dios y Cristo tiene sed de cada uno de nosotros.

 

 

SEXTA PALABRA:

 

 

«Todo está consumado» (Juan 19,30).

 

 

 

Esta palabra muestra como Jesús  de que había cumplido hasta las últimas consecuencias  su misión redentora. Es el broche de oro que corona el programa de su vida: cumplir la Escritura haciendo siempre la voluntad del Padre. Es una invitación a cumplir la voluntad de Dios en la familia, el trabajo, los deberes cívicos, pues, en cada escenario de nuestra vida hay una misión que cumplir dando lo mejor de nosotros mismo, aún a costa de sacrificios

 

 

SÉPTIMA PALABRA:

 

 

«Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (Lucas 23,46).

 

 

Lo que más impactaba de Jesús era su intima y continua y estrecha comunión  con el Padre. Siempre lo invocaba y lo presentaba con un Dios misericordioso. Los discípulos de Jesús la  pronunciamos antes de entregarnos al sueño: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Tu el Dios leal nos librarás. » Es una invitación a encomendar al Señor nuestros, proyectos, ansias, problemas y toda nuestra vida. .

 

 

 
El UNiversal cartagena

 

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