Luego de mostrar su respaldo a los refugiados rohingyas, el Papa cerró su visita a Birmania y Bangladesh

En una compleja gira, Francisco realizó una defensa cerrada de los derechos humanos y la solidaridad social.

 

 

 

Despedida. El Papa, antes de abordar el avión rumbo al Vaticano en el aeropuerto de Dacca, capital de Bangladesh. (AFP)

 

 

 

El Papa emprendió a las cinco de la tarde (nueve horas menos en la Argentina) el regreso a su sede de Roma tras una triunfal gira asiática dominada por su defensa de la minoría musulmana rohingya, perseguida con un genocidio por los militares de la ex Birmania y con 700 mil prófugos huidos al vecino Bangladesh.

 

 

En la ex Birmania, los militares prácticamente prohibieron al Papa que mencionara por su nombre a los rohingyas y no permitieron que recibiera a ninguna delegación de esa etnia islámica perseguida, que los budistas y los uniformados consideran extranjeros, negandose a darles la nacionalidad.

 

Una escena de la visita del Papa a Bangladesh. (AFP)

 

 

El jueves, cuando Bergoglio viajó a Bangladesh, el panorama cambio totalmente. El presidente de ese país dijo al Papa que “miles de rohingyas han sido asesinados, torturados y miles de mujeres fueron violados”, en el peor desastre humanitario que se recuerda en décadas en la región asiática. Del millón y medio de integrantes de la minoría, 700 mil han huído a Bangladesh, adonde siguen llegando.

 

 

 

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Ayer, el Papa recibió a una delegación de 18 miembros de la minoría, los escuchó tomandoles las manos y dijo que “la presencia de Cristo también se llama rohingya”, pronunciando por primera vez el nombre de la etnia. A nivel internacional, el gesto del Papa multiplicó el desprestigio de los militares, a los que las Naciones Unidas y los grupos humanitarios acusaron de “practicar un genocidio de manual”.

 

El Papa visitó un cementerio histórico en Bangladesh. (ANSA)

 

 

Aunque en Myanmar (ex Birmania), budista al 90% de sus 50 millones de habitantes, los católicos son apenas el 1% de la población, y en Bangladesh, con 160 millones, islámicos en un 88%, llegan a solo 450 mil fieles, la presencia desde el lunes pasado de Francisco tuvo un efecto shock que reanimó al catolicismo en estos dos países, otorgándole una gran influencia política, con una defensa cerrada de los derechos humanos y la solidaridad social.

 

 

 

Francisco “creó” en el último consistorio los dos primeros cardenales locales, que son los arzobispos de Rangún en la ex Birmania y de Daca, la capital de Bangladesh, poniendo en el mapa del poder de un futuro cónclave para elegir a su sucesor a dos países hasta ahora marginales.

 

 

 

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Bergoglio demostró así su visión de que “desde la periferia se tiene una mejor visión de los problemas”. Su gira en ese sentido sirvió para reforzar las posiciones del Papa argentino en la aguda interna que vive la Iglesia por los ataques de los grupos conservadores contra Francisco. Mientras Bergoglio llegaba el lunes a la ex Birmania, fue echado como subdiretor del IOR, el banco del Vaticano, el especialista informático Giulio Matietti. La decisión fue traumática, porque Mattieti fue de inmediato acompañado por varios gurdias suizos de civil hasta afuera de los muros vaticanos, para asegurarse que no se llevara ningún documento comprometedor más allá de las fronteras del pequeño Estado pontificio.

 

 

 

 

En sus casi cinco años de pontífice y los 81 años de edad que cumplirá este mes, el Papa argentino orientó sus 21 viajes a las periferias evitando los países centrales.

 

 

 

En la última jornada en la capital de Bangladesh, adonde llegó llegó el jueves de la ex Birmania en medio de grandes tensiones por la persecución de la minoría musulmana rohingya, Francisco visitó la Casa de Madre Teresa, donde se alojaba la santa cuando visitaba Bangladesh, que sus monjas gestionan en Daca para curar a los enfermos más pobres. El Papa visitó el cementerio donde están enterrados muchos católicos del país y en la vecina Iglesia del Santo Rosario se reunió con los religiosos y religiosas, que lo recibieron con ovaciones.

 

 

 

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El Papa recibió fuertes aplausos y risas generales cuando les dijo a los presentes. “Les he preparado ocho páginas y para no aburrirlos les voy a dar el discurso y decir lo que se me ocurra.

 

 

 

Francisco improvisó de nuevo el mensajje de peligro de las divisiones dentro de las comunidades católicas y “el mal que hacen los chismes”.

 

 

 

“La lengua, la lengua, es esto lo que destruye una comunidad. El hablar mal de otros el subrayar defectos, de otros pero no decirselo y crear así desconfianza, recelos y un ambiente en el que no hay paz”.

 

 

Una escena de la visita del Papa a Bangladesh. (ANSA)

 

 

Bergoglio calificó este accionar en la interna de la iglesia como “terrorismo” porque “el que va a hablar mal de otro lo hace a escondidas. Tira la bomba y se va y la bomba destruye todo, mientras él se va tranquiloa poner otras”.

 

 

En el cementerio de la Casa de de Madre Teresa, el Papa echó agua bendita y bendijo las tumbas de muchos religiosos y monjas allí enterrados. También oró por los fallecios y visitó la iglesia del Santo Rosario, con su fachada azul.

 

 

 

Más tarde el Papa se encontró con los jóvenes de la Universidad de Notre Dame, antes de dirigirse al aeropueto de Daca y partir con su comitiva de regreso a su sede Roma, en un viaje de once horas de duración.

 

 

Clarin.com

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