Los tumbos de la MUD

Hay un hecho evidente, que se puede constatar en los sucesos recientes de todos los días: la MUD ha perdido mucho del favor popular que antes la acompañaba. Basta con mirar las reacciones de la ciudadanía en las redes sociales para darse cuenta de una pérdida de reconocimiento que, si no es avasalladora del todo, no deja de ser preocupante. Los soportes que tenía se han debilitado, y los afectos que la acompañaban son ahora cada vez más tibios y renuentes. Ojalá se trate de un hecho pasajero, para bien de la sociedad democrática que todavía no ha ganado su batalla contra la dictadura.

 

 

 

Pero, para que se enderecen las cargas hace falta una rectificación de la propia MUD. Los amores no son eternos, sino inconstantes. La fe puede ser inamovible, pero no deja de estar sujeta a los vaivenes de la inconstancia. Los apoyos se cultivan, porque se pueden marchitar cuando parecen vigorosos y florecientes. Nada es seguro en el campo de la política, que es la más cambiante entre las vicisitudes de la sociedad, o un oficio condenado a la muerte si no se ejecuta con la lucidez que necesita.

 

 

 

Si miramos hacia hechos que desfilan desde hace poco ante nuestros ojos para ver cómo la MUD ha perdido la brújula, o no ha cumplido los compromisos que anunció a sus seguidores, encontramos explicaciones de más sobre el declive. Veamos algunas evidencias que saltan a la vista. La falta de respuestas convincentes ante el fraude perpetrado por el CNE en la elección amañada de una constituyente ilegal y traída por los cabellos. La debilidad, o la inacción escandalosa, en la defensa y custodia de espacios fundamentales para la soberanía popular y para lugares simbólicos en sentido republicano, como es el predicamento del Capitolio manejado a su antojo por el oficialismo, o sometido a un condominio aceptado sin mucha incomodidad por los directivos de la Asamblea Nacional y por los diputados en pleno.

 

 

 

La aceptación automática de la decisión sorpresiva del oficialismo para convocar elecciones regionales, conducta que hace ver a los líderes de la oposición como juguetes de una maniobra frente a la cual no han podido reaccionar con la seriedad requerida por el desafío.

 

 

 

Puede ser que las cosas tengan explicación, que las omisiones se puedan comprender de veras, que lo que parece incompetencia, error y precariedad sea lo contrario, pero la MUD no se ha tomado el trabajo de explicar su conducta. O, mucho peor, no ha sabido comunicarla. ¿Ha perdido la herramienta esencial de los políticos, que es el cultivo de la fe de sus seguidores para que no se salgan del redil?

 

 

 

Una sociedad que ha demostrado su madurez en los últimos tiempos, y un coraje cívico pocas veces visto en el pasado, merece el respeto que los líderes de la oposición le están negando. Si quieren mantener el apoyo masivo que han tenido hasta hace poco, los líderes deben examinar con seriedad sus posiciones y, en especial, la efectividad de su lucha contra la dictadura. Cada vez hay menos borregos en la viña de la oposición, lo cual implica la correspondencia del respeto y del compromiso de quienes han ejercido hasta ahora su dirigencia.

 

 

Editorial de El Nacional

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